Entrevista

Carlota González: «Las empresas familiares siempre pensamos en el largo plazo y en el territorio»

La Asociación Riojana de la Empresa Familiar (AREF) recibirá el próximo 9 de junio la Medalla de La Rioja, el máximo reconocimiento institucional de la comunidad. Un premio que llega en el año en el que la entidad celebra su 30 aniversario y que reconoce el papel de un tejido empresarial que representa el 75 por ciento de las empresas riojanas.

Su presidenta, Carlota González, asegura que la noticia ha sido «emocionante» e inesperada y reivindica el valor del trabajo diario de los empresarios, el peso del legado familiar y el impacto «silencioso» que estas empresas tienen en el territorio.

– ¿Cómo han recibido la noticia?

– Con muchísima emoción, la verdad. No nos lo esperábamos. Cuando trabajas así, con ilusión y en el día a día, nunca piensas en este tipo de reconocimientos. Ha sido algo muy bonito, sobre todo porque no lo sentimos como algo individual, sino colectivo.

La junta directiva se emocionó mucho y luego los socios nos han ido llamando para felicitarnos. Al final, es un trabajo de todos, de mucha gente que está detrás, y eso lo hace todavía más especial.

– ¿Cuál cree que es el mérito para recibir esta medalla?

– Yo creo que el mérito está en la suma del trabajo de mucha gente. Nosotros, como asociación, representamos, pero el verdadero esfuerzo está en los empresarios en su día a día, en su gestión, en sus decisiones, en asumir riesgos constantemente. Muchas veces no se ve, pero hay un trabajo continuo con el objetivo de mantener un legado. Y eso es algo muy propio de la empresa familiar.

– ¿Qué tienen de especial las empresas familiares?

– Siempre pensamos en el largo plazo. Eso lo cambia todo. No tomas decisiones pensando solo en el corto plazo o en un resultado inmediato, sino en lo que quieres que perdure.

Y eso está muy ligado al territorio. Las empresas familiares tienen una vinculación emocional muy fuerte con el lugar donde nacen. Hay una historia detrás, una familia, un origen.

Puede parecer que esa parte emocional es un inconveniente en el mundo empresarial, pero en nuestro caso genera un impacto muy positivo, porque hay un compromiso real con el entorno, más allá de lo económico.

– Estamos viendo dificultades en el relevo generacional. ¿Qué está pasando?

– Es un tema complejo porque cada familia es un mundo, pero sí es verdad que a medida que pasan las generaciones, esa vinculación puede debilitarse.

Cuando ya no es una relación directa, sino que hablamos de generaciones más amplias, como primos, la empresa se puede ver con más distancia. Y ahí hay un trabajo muy importante que hacer.

Para eso nacen las asociaciones de empresa familiar, para ayudar a vincular a las nuevas generaciones, para que entiendan el valor de ese legado.

Y además, esa continuidad no tiene por qué ser siempre en puestos directivos. Puedes estar en un consejo o como accionista, pero lo importante es mantener ese vínculo para que los valores de la familia se trasladen a la empresa.

– ¿Cuál es el trabajo que no se ve de la asociación?

– Hay una parte más visible que es la relación con las instituciones o el trabajo para intentar generar un marco legal favorable o, al menos, que no perjudique.

Pero luego hay otra parte que para mí es la más importante y que es mucho menos visible: el acompañamiento a las familias. Ayudarles a entender cómo funciona su propio ecosistema, anticiparse a posibles conflictos, trabajar la sucesión, formar a las siguientes generaciones… Todo eso es clave.

Siempre decimos una frase que resume muy bien nuestra realidad: «Solo hay dos tipos de empresas familiares: las que tienen problemas y las que los van a tener». Por eso es fundamental prepararse, incluso antes de que esos problemas aparezcan.

– La asociación cumple 30 años. ¿Cómo ha evolucionado?

– Sí, este año celebramos el 30 aniversario, y la verdad es que llega en un momento muy especial. La asociación ha tenido que adaptarse mucho. Al principio, el foco estaba más en la parte institucional, en defender un marco legal adecuado. Pero con el tiempo han ido ganando peso otros aspectos como la sucesión, el relevo generacional o la profesionalización.

La empresa familiar también ha evolucionado mucho. Hemos pasado de modelos más centralizados, con fundadores que lo controlaban todo, lo que llamamos el ‘rey sol’, a estructuras mucho más complejas. Y en ese proceso hemos ido aprendiendo y generando herramientas para afrontar cada etapa.

– ¿Este reconocimiento cambia algo?

– No cambia nuestra forma de trabajar, porque seguimos con la misma ilusión y las mismas ganas, pero sí nos da visibilidad. A veces, en el día a día, trabajas mucho, con compromiso, pero no sabes si realmente estás generando impacto. Que desde fuera se reconozca te hace pensar que vas en la buena dirección.

Y también sirve para que la sociedad conozca mejor que existe una asociación como esta y todo el trabajo que hay detrás para ayudar a que las empresas familiares sigan adelante.

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