El Rioja

El mundo del vino despide a Michel Rolland: «Fue una revolución en Rioja»

La noticia de la muerte del enólogo Michel Rolland (Libourne, 1947) el pasado 20 de marzo en Burdeos ha pillado por sorpresa a las figuras del vino en Rioja, donde este afamado profesional asesoró a diferentes bodegas. Reconocido por impulsar el concepto de ‘flaying winemaker’, enólogo itinerante que viaja por diferentes regiones vitivinícolas del mundo para trabajar con bodegas, Rolland fue uno de los grandes profesionales que marcó la modernización de los vinos en la DOCa.

Así lo recuerda Luis Valentín, quien compartió cerca de once años de profesión durante su etapa en Bodegas Cosme Palacio, antes de fundar Valenciso, también de la mano de Carmen Enciso: «Fuimos el segundo cliente para Rolland fuera de Francia, después de la californiana Simi Winery. En Cosme Palacio trabajó desde 1987 hasta 1998, demostrando que no hacía vinos iguales allá donde iba».

«Su contribución aquí fue excelente y supuso toda una revolución en Rioja porque hizo cosas que aquí no se conocían aunque ahora parezcan normales, como dejar de elaborar uva tinta mezclada con blanca para darle a los vinos más estructura. Al final, él destacó por hacer unos vinos más golosos y con buena presencia de madera, pero madera muy buena, además de por hacer unos buenos ensamblajes. Toda la fama que tuvo fue bien merecida», apunta Valentín, quien lo define como «un superenólogo y un fuera de serie» que también dejó su huella profesional en Bodegas Marqués de Cáceres.

Michel Rolland junto a Basilio Izquierdo.

Otra figura de Rioja que comprobó sus dotes enológicos de primera mano fue Basilio Izquierdo, ambos alumnos en la Escuela de Enología de Burdeos. Se conocieron en 1969 y desde entonces han mantenido una relación profesional y también de amistad. «Me ha sorprendido su muerte, porque fue de repente», apunta el enólogo manchego afincado en Laguardia.

Izquierdo incide en el carácter visionario de este «gran catador» que, entre otros éxitos, «logró poner en el mapa a la malbec, una variedad poco conocida a la que le dio fama». «Le tocó una buena época en el mundo del vino y la supo aprovechar muy bien, también gracias a su validez y capacidad. Michel Rolland fue, además, uno de los primeros que le enseñó las viñas a Robert Parker en Burdeos», recuerda.

A estos reconocimientos también se suma el de David Bastida Caro, quien lo define como «una figura clave e insustituible de la enología actual»: «Él como nadie supo interpretar las condiciones y diferencias que hacían un gran vino aquí y allí».

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