Logroño se ha convertido en los últimos meses en una ciudad donde las vallas municipales han dejado de ser un elemento puntual para pasar a formar parte habitual del paisaje urbano. Pensadas para delimitar espacios en eventos concretos como carreras populares, procesiones, manifestaciones, o desfiles, e incluso alguna obra menor, estas estructuras permanecen de forma continuada en numerosas calles y plazas, incluso mucho después de haberse celebrado los actos para los que fueron instaladas, a la espera de volver, parece, a ser utilizadas.

Valla el pasado 10 de marzo en la zona de El Espolón, y valla el pasado 12 de marzo en el Mundial 82: ¿será la misma?
Durante años, la dinámica era ver cómo las vallas aparecían poco antes del evento y desaparecían horas después tras un intenso trabajo por parte de los servicios públicos del Ayuntamiento de Logroño. Sin embargo, esta práctica parece haber cambiado.

Vallas por la ciudad durante el pasado 12 de marzo.
Y según se ha constatado en distintos puntos de la ciudad, las vallas se van desplazando de un lugar a otro sin llegar a retirarse del espacio público, pasando así a formar parte del paisaje urbano cotidiano de la capital riojana.

Vallas desperdigadas en Logroño en fotos tomadas durante la segunda quince de febrero.
Imágenes recogidas en zonas como El Espolón, Bretón de los Herreros, Portales, la calle Sagasta, la plaza del Parlamento o la Gran Vía muestran vallas colocadas sin una función inmediata, algunas de ellas con cartelería aún visible de la Cabalgata de Reyes celebrada el pasado 5 de enero.

Vallas desperdigadas por la ciudad a principios de marzo.
La presencia de estas vallas se puede justificar por la proximidad de nuevos eventos, como las tractoradas, el desfile de Carnaval… y ahora Semana Santa o alguna prueba deportiva. El encadenamiento continuo de celebraciones —Reyes, Carnaval, Semana Santa, San Bernabé, San Mateo…— provoca que, en la práctica, las vallas permanezcan en la calle semana tras semana, sin una retirada efectiva entre los diversos actos populares y obras menores.

Vallas desperdigadas por la ciudad a principios de marzos.
Gestión que genera consecuencias. Algunas de estas vallas acaban en lugares inapropiados, como el cauce del río Ebro, al ser arrojadas en lo que sin duda son comportamientos incívicos por parte de algún ciudadano que no comprende las mínimas reglas de urbanidad. La disponibilidad constante de este material en la vía pública facilita este tipo de actos, que obligan incluso a la intervención de los bomberos para su retirada del agua.

Los bomberos recuperan una valla en el Ebro el pasado 30 de enero.
La situación parece pasar desapercibida, mientras crece el debate sobre la planificación y el uso del mobiliario municipal destinado a eventos, así como sobre la imagen que proyecta una ciudad en la que elementos concebidos como temporales han pasado a ser permanentes. Mientras las vallas continúan moviéndose de una esquina a otra, lo que ya no ocurre es su desaparición del espacio urbano una vez cumplida su función inicial.

Vallas ‘estratégicamente’ colocadas por el Casco Antiguo de Logroño este pasado 17 de febrero.
En Logroño, haces chas y ves una valla


