La decisión de ubicar de forma permanente la colección de Gigantes y Cabezudos en la ermita de la Concepción ha abierto un frente inesperado entre varias asociaciones de Calahorra. Lo que desde el Ayuntamiento se plantea como una forma de poner en valor estas figuras tradicionales ha generado inquietud entre colectivos que utilizan habitualmente este espacio cultural, que temen perder capacidad y funcionalidad.
Entre ellos, la AMPA del Conservatorio de Música es una de las más afectadas. Su presidente lo resume sin rodeos: «Nos quedamos sin sitio». La asociación lleva tiempo denunciando la falta de espacios en el centro educativo y veía en la ermita una extensión natural para ensayos, audiciones y actividades abiertas al público.
El problema no es menor. En la actualidad, la ermita permite acoger actos con más de un centenar de personas, una cifra que, según explican, se alcanza con facilidad en las audiciones del alumnado. Sin embargo, con la instalación permanente de los gigantes, el aforo se reducirá considerablemente. «No podemos organizar actividades dejando a la mitad de las familias fuera», señalan.
A esta limitación se suma una cuestión clave: la logística. La cercanía de la ermita al conservatorio permite trasladar instrumentos y alumnado de forma sencilla, casi de manera natural dentro de la jornada lectiva. Utilizar otros espacios municipales, como el teatro Ideal, el Centro Joven o la sala de Caja Rioja, implica transporte, costes económicos y una organización mucho más compleja, especialmente con los alumnos más pequeños.
Pero el malestar no es exclusivo del ámbito musical. Desde Amigos de la Historia, otra de las asociaciones que desarrolla numerosas actividades en la ermita a lo largo del año, también muestran su desconcierto. José Luis Cinca lo define con una expresión clara: “Es desnudar a un santo para vestir a otro”.
Cinca recuerda que la ermita es uno de los pocos espacios en la ciudad con capacidad suficiente para acoger charlas, presentaciones, cursos o actos públicos. «Aquí se hacen pregones, conferencias, actividades culturales de todo tipo… incluso los cursos de verano de la Universidad no somos los únicos que la usamos”, subraya. En su opinión, trasladar estas actividades a otros espacios no es una solución sencilla, ya que muchos de ellos o bien tienen menor capacidad o implican costes y dificultades organizativas.
Otro de los puntos que más ha molestado a las asociaciones es la falta de información previa. Según explican, la decisión se ha conocido a través de la prensa o por comentarios de terceros, sin un proceso de comunicación o diálogo previo con los colectivos afectados.
Por su parte, el Ayuntamiento ha defendido que la ermita seguirá siendo un espacio cultural y que los usos serán compatibles. La intención es que continúe acogiendo charlas, conciertos y presentaciones, al tiempo que se convierte en la Casa de los Gigantes y Cabezudos. No obstante, reconoce que esta reorganización implicará una reducción del aforo disponible.
El Consistorio también recuerda que la ciudad dispone de otros espacios municipales para actividades culturales. Sin embargo, las asociaciones insisten en que no se trata solo de tener alternativas, sino de contar con un espacio adecuado, accesible y con capacidad suficiente.


