La llegada de la Semana Santa marca uno de los momentos clave para el turismo en La Rioja. Basta con dar un paseo por el centro de Logroño para comprobarlo. En muchas puertas de bares y restaurantes se repite el mismo cartel: ‘Se busca camarero’. A dos semanas para que lleguen miles de visitantes, el sector hostelero vuelve a enfrentarse a un problema que arrastra desde hace años: la falta de personal.
Según explica el presidente de Hostelería Riojana, Paco Bergés, en estos momentos en la capital riojana se pueden estar buscando alrededor de 80 trabajadores entre camareros, personal de cocina y otros puestos relacionados con el servicio. Una cifra que refleja la presión que vive el sector justo antes de uno de los periodos de mayor actividad del año.
«La gente ya está preparándose para Semana Santa, pero cada vez es más difícil encontrar trabajadores por varios motivos», señala Bergés. La situación ha llegado a tal punto que algunos establecimientos han decidido tomar una medida poco habitual en plena temporada alta: cerrar. «Hay muchos bares que no están en el centro de Logroño que van a optar por bajar la persiana estos días porque es imposible encontrar personal y así aprovechan para dar vacaciones a sus empleados», explica.

El problema no es solo la falta de candidatos, sino también el tiempo necesario para formarlos. En hostelería, el ritmo de trabajo durante fechas señaladas como Semana Santa exige experiencia y rapidez detrás de la barra o en la cocina. «Para pocos días no sale rentable contratar a gente sin experiencia porque no da tiempo a prepararlos ni a enseñarles cómo funciona todo», añade el presidente de la patronal hostelera.
La dificultad para cubrir puestos en bares y restaurantes no es un fenómeno puntual. El sector lleva años denunciando la escasez de mano de obra. Bergés apunta a varios factores que explican esta tendencia, aunque uno de ellos resulta especialmente determinante: los horarios. «El principal problema es que fastidia mucho trabajar cuando todo el mundo se divierte», resume con franqueza.

EFE/ Antonio García
Durante festivos, fines de semana o eventos turísticos, cuando la actividad en bares y restaurantes se multiplica, la mayoría de trabajadores deben renunciar precisamente a esos momentos de ocio que disfrutan familiares y amigos. «Aseguro que no es un problema de sueldos bajos», defiende Bergés. El convenio del sector marca salarios que, según explica, permiten a una persona sin experiencia cobrar entre 1.300 y 1.400 euros mensuales, cifras que se revisarán próximamente cuando patronal y sindicatos se sienten de nuevo a negociar el convenio para los próximos tres años. «Antes lo primero que preguntaban era cuánto iban a cobrar; ahora lo primero que quieren saber es qué días van a descansar», afirma.
Esa diferencia se nota especialmente en aquellos establecimientos que ofrecen mejores condiciones de conciliación. «En los bares en los que se libran domingos y festivos no tenemos problemas para encontrar personal», asegura.

Tradicionalmente, la hostelería había sido también una salida laboral para quienes buscaban ingresos extra en momentos concretos del año, como temporadas turísticas o campañas festivas. Sin embargo, ese perfil de trabajador ocasional prácticamente ha desaparecido. «El sector siempre fue un refugio para gente que quería sacarse un sobresueldo en épocas concretas, pero eso ya casi no existe», lamenta Bergés.
Lo que sí continúa siendo habitual es la presencia de trabajadores inmigrantes, que en muchos casos encuentran en la hostelería su primera oportunidad laboral. Aun así, su permanencia en el sector suele ser temporal. «En cuanto encuentran un trabajo en el que puedan descansar los fines de semana, no lo dudan y se marchan», reconoce.


