Entrar en el colegio José Ortega Valderrama de Pradejón es una buena manera de entender cómo ha cambiado el municipio en los últimos años. En los pasillos, los carteles que señalan las aulas y los distintos espacios están escritos en tres idiomas, una pequeña señal de la diversidad que convive cada día en el centro.
En mitad del pasillo aparece una de las soluciones provisionales del colegio. Allí se ha instalado un aula prefabricada, levantada mientras llega el nuevo edificio que el municipio espera desde hace años. Dentro funciona el aula de inmersión lingüística, el lugar al que llegan los alumnos que acaban de incorporarse al centro y que todavía no hablan español.

Esta mañana dos niñas intentan descifrar la diferencia entre tarro y frasco con su ‘profe’. Una de ellas llegó al colegio después de Navidad. En este centro todos los meses hay alumnos nuevos. Hace un par de meses no hablaba ni una palabra en español, hoy ya empieza a defenderse. Escucha, repite y se atreve a construir pequeñas frases con una rapidez que sorprende incluso a los docentes. Escenas como esta se repiten cada mes en un centro donde la diversidad forma parte de la vida cotidiana.
El colegio cuenta actualmente con 333 alumnos, de los cuales alrededor de un 53 por ciento pertenece a familias inmigrantes. La mayoría procede de dos comunidades muy concretas: la rumana y la árabe. A ellos se suman otras nacionalidades más minoritarias, como estudiantes chinos, peruanos o latinoamericanos.

Pero los números cuentan solo una parte de la historia. Porque muchos de estos niños no han llegado desde otro país. Han nacido ya en La Rioja, aunque crecen en hogares donde el castellano no es la lengua habitual. Eso significa que el primer reto al empezar la escuela no es siempre cultural, sino sobretodo lingüístico.
«El principal problema es el idioma», explica Julia Hernández, directora del centro. Cuando un alumno llega sin saber español, los primeros meses se convierten en un proceso de adaptación intensivo. Para ello el colegio cuenta con un aula de integración lingüística donde los estudiantes recién llegados reciben apoyo específico para aprender el idioma.

El objetivo es que esa estancia sea temporal. Durante las primeras semanas o meses los alumnos pasan varias horas en ese aula, pero poco a poco se van incorporando a su clase ordinaria a medida que adquieren soltura con el castellano. La normativa permite un máximo de diez horas semanales de apoyo específico, además de la ayuda de profesores especializados dentro del aula.
A pesar de las dificultades iniciales, los resultados a largo plazo suelen ser positivos. En el caso de los alumnos rumanos, por ejemplo, el aprendizaje del idioma suele ser rápido y muchos terminan siguiendo los estudios con normalidad. Algunos incluso han llegado a la universidad. «Cada vez que uno de estos chicos pisa la universidad lo vivimos como un éxito del centro». Con otros alumnos el proceso es más lento, pero la evolución acaba llegando.

Gran parte de ese trabajo tiene que ver con la implicación de los profesores. En un centro como el de Pradejón, enseñar no consiste únicamente en explicar una asignatura. También implica adaptar los contenidos, buscar estrategias para que todos los alumnos puedan seguir las clases y atender una diversidad cada vez mayor.
Ese esfuerzo se hace especialmente visible cuando llega el momento de hablar con las familias. Muchos padres tampoco dominan el castellano, lo que complica las tutorías o cualquier conversación sobre la evolución académica de sus hijos. En ocasiones son los propios niños quienes hacen de intérpretes improvisados. Otras veces son madres del centro que ya dominan el idioma quienes ayudan a traducir y a explicar lo que ocurre en clase.

«Ese es uno de los momentos más complicados», reconocen en el colegio. Porque para que el aprendizaje funcione no basta con lo que ocurre dentro del aula. También es fundamental que exista comunicación entre el colegio y las familias, algo que a veces se complica cuando el idioma sigue siendo una barrera.
Aun así, el centro ha ido encontrando fórmulas para acercar a los padres a la vida escolar. Se organizan jornadas interculturales en las que las familias preparan platos típicos de sus países o comparten aspectos de su cultura con los alumnos. Son actividades sencillas, pero ayudan a que las familias se sientan parte del colegio y a que los niños vean la diversidad como algo natural.

Además de las clases, el colegio impulsa proyectos educativos que fomentan la convivencia. Son pequeñas iniciativas que ayudan a construir un clima de convivencia donde el origen de cada alumno deja de ser lo importante. De hecho, los profesores aseguran que los conflictos rara vez nacen entre los niños. En los primeros cursos la convivencia suele ser natural. Juegan juntos, trabajan juntos y comparten aula sin que la procedencia marque grandes diferencias.
Las dificultades aparecen más tarde, cuando los alumnos crecen y empiezan a formar grupos por afinidades culturales o sociales. Aun así, el ambiente general sigue siendo de convivencia en un centro que se ha acostumbrado a funcionar con esa diversidad.

En los últimos años, además, ha habido un cambio que ha facilitado mucho el trabajo del colegio: la escolarización temprana. «Desde que la educación infantil es gratuita, muchos niños de familias inmigrantes pasan por la ‘guarde’ antes de llegar al colegio. Eso significa que llegan con hábitos básicos adquiridos y con un primer contacto con el idioma. «Se nota muchísimo», explica Julia. Antes algunos alumnos llegaban sin entender prácticamente nada de lo que se les decía. Ahora, aunque todavía les cueste expresarse, al menos comprenden las instrucciones básicas.
En el colegio de Pradejón conviven idiomas, costumbres y formas distintas de entender el mundo. Pero dentro del aula todo acaba reduciéndose a lo mismo: aprender juntos. Mientras unos descubren nuevas palabras en castellano, otros aprenden que la diferencia no es un problema, sino enriquecimiento. Y así, casi sin darse cuenta, estos niños aprenden algo que no aparece en los libros de texto: que convivir es también una forma de educación.


