El ataque lanzado el sábado por Israel y Estados Unidos contra Irán y la posterior respuesta iraní han colocado a Oriente Medio en el centro de todas las miradas. Misiles dirigidos hacia bases estadounidenses en la región han activado sistemas antiaéreos y alarmas en ciudades donde la vida, hasta hace apenas unos días, transcurría con absoluta normalidad. Allí viven varios riojanos que ahora describen una sensación común: incertidumbre.
Dubái: del shock a la tensión constante
En Dubái residen Albert y Laura, ella natural de Rincón de Soto. Llegaron a finales de agosto. Albert trabaja como entrenador en la academia del Real Madrid en la ciudad; Laura es profesora para una familia. El sábado, mientras la noticia del ataque comenzaba a recorrer el mundo, ellos estaban haciendo vida normal.
«Al principio fue como si no fuera real», explica Laura. «Estábamos en shock. Es esa sensación de leer algo muy grave y pensar que no puede estar pasando aquí». La primera señal tangible fueron las explosiones en el cielo. No han sido impactos directos, sino misiles interceptados por los sistemas de defensa aérea. Después llegaban las alarmas en los teléfonos móviles.
«No hemos sentido miedo como tal», matiza. «Porque ves cómo interceptan los misiles y te dicen que lo que puede caer son restos. Pero cuando escuchas el ruido, cuando ves la luz en el cielo, el cuerpo se tensa». Esa tensión se ha ido acumulando. «Después de todo el fin de semana oyendo explosiones, despertándonos por alarmas, notas el cuerpo en alerta».

Las autoridades han recomendado permanecer en casa y evitar estar cerca de las ventanas. No hay confinamiento obligatorio, pero la ciudad se ha vaciado. «Dubái siempre es tráfico, movimiento constante. Desde el sábado por la mañana apenas se ven coches», cuenta Albert. Han caído restos de misiles y drones que han provocado incendios en algunos puntos, pero no ha habido impactos directos en zonas residenciales.
El espacio aéreo está cerrado. Un amigo que debía volar estos días de vuelta a España no ha podido hacerlo. La embajada ha pedido a los españoles registrarse en una aplicación de viajeros, pero el sistema ha debido colapsar porque no funciona. «Intentamos registrarnos tres días seguidos y no hay manera», explican. Mientras tanto, mantienen contacto constante con sus familias en para tranquilizarlas. «Es más la incertidumbre de qué puede pasar que el miedo en sí», resume Laura.
Doha: calma tensa
En Doha vive desde hace ocho años el calagurritano Juan Cruz Ochoa, miembro del staff de la selección catarí que dirige Julen Lopetegui. Para él, la experiencia ha sido distinta, pero igualmente intensa.
«El primer día fue el más duro, nadie esperaba algo así», reconoce. Desde su vivienda, situada a unos 40 kilómetros de la gran base aérea estadounidense de la región, han visto pasar los misiles por el cielo, especialmente por la noche. «Aquí los ataques han ido dirigidos a la base americana. En la ciudad no ha pasado nada, gracias a Dios».
Las autoridades han pedido salir solo para lo imprescindible. Colegios cerrados, tráfico aéreo y marítimo suspendido. Juan y su familia permanecen en casa siguiendo las recomendaciones oficiales. «Intentamos que los niños no se asusten. Intentar hacer la vida lo más normal posible dentro de la situación».
La sensación que describe es de «calma tensa». Una espera contenida. «Llevamos ocho años aquí y siempre he dicho que es un país muy seguro. Nunca habíamos vivido algo así pero desde hace unos meses la cosa está revuelta». Ahora, como tantos otros, aguardan noticias oficiales y esperan que la escalada no vaya a más.
Arnedo: el viaje que no fue
En Arnedo, la noticia también ha caído como un jarro de agua fría. Álvaro, director del coro Cuchuflete, llevaba meses preparando un viaje a Dubái con más de treinta adolescentes. Todo estaba organizado. Vuelos, hotel, actuaciones. La salida estaba prevista para este mismo fin de semana. Pero el Ramadán obligó a retrasarlo al puente de mayo. Y esa decisión, tomada por cuestiones logísticas, terminó convirtiéndose en un golpe de suerte.
«Si no es por el Ramadán, nos pilla allí con treinta y pico adolescentes», confiesa todavía con un punto de incredulidad. El sábado, cuando se conoció el ataque, estaba en Cracovia, visitando Auschwitz. «Imagínate el cuerpo. Salíamos de darle vueltas a la historia, a lo que pasó allí, a cómo empiezan las guerras… y de repente nos llega la noticia de los bombardeos».
Desde ese momento no ha dejado de pensar en lo que podría haber sido. «Me he pasado todo el fin de semana dándole vueltas. Estar allí en un hotel con treinta adolescentes, con el aeropuerto cerrado… no sé qué hubiéramos hecho». La sensación es una mezcla de alivio y angustia retrospectiva. Es ese ‘uf’ de la que nos hemos librado, pero también el mal cuerpo de pensar que podría haberles tocado allí.

Aunque la situación se calmara en los próximos días, Álvaro lo tiene claro: «Ni locos vamos a Emiratos este año». Más allá de la evolución militar, pesa la percepción de inseguridad y, sobre todo, la responsabilidad hacia las familias.
La agencia está gestionando la devolución de los billetes, aunque no todos son reembolsables. Pero el dinero ha pasado a un segundo plano. «Aunque no nos devolvieran nada, no nos la jugamos». Ya valoran otras alternativas. «Cuando estás organizando un viaje así piensas en la ilusión, en la experiencia cultural, en el crecimiento de los chicos. No piensas que en 48 horas puede cambiar el tablero mundial», reflexiona.


