La Rioja

Alfaro, febrero y cigüeñas: el regreso más esperado

Foto: Raquel Manzanares (EFE)

En febrero, cuando el invierno empieza a aflojar, los termómetros tienden a subir y la luz se alarga unos minutos más cada tarde, en Alfaro hay una pregunta que sobrevuela el cielo: ¿han llegado ya? El viejo refrán lo dice claro —»Por San Blas, la cigüeña verás»— y aunque el cambio climático ha desordenado calendarios y costumbres, la expectativa sigue intacta. Porque aquí la llegada de las cigüeñas es casi una ceremonia.

Alfaro alberga la mayor colonia urbana de cigüeña blanca del mundo sobre un solo edificio: la Colegiata de San Miguel. Más de cien parejas ocupan cada año cornisas, pináculos, repisas y tejados de este monumental templo barroco de ladrillo macizo, levantado entre los siglos XVI y XVII. Sobre sus 3.000 metros cuadrados de cubierta y entre sus dos torres de 50 metros, las cigüeñas han encontrado algo más que un soporte arquitectónico. Allí tienen su hogar.

En primavera y verano, cuando los pollos ya han nacido, el conjunto puede superar los 600 ejemplares. Una imagen que impresiona incluso a quienes la han visto mil veces: decenas de aves blancas, de hasta 1,5 metros de altura y más de dos metros de envergadura, despegando al unísono sobre la Plaza de España. El sonido del crotoreo —ese castañeteo seco de los picos al saludarse o aparearse— resuena entonces como una banda sonora propia de la ciudad.

EFE/ Raquel Manzanares.

Pero más allá de la imagen espectacular, las cifras cuentan una historia más compleja. En el conjunto de España, tras décadas de crecimiento sostenido, la población reproductora ha comenzado a mostrar signos de descenso. El último balance nacional habla de más de 33.600 parejas, pero con una tendencia menos expansiva que en censos anteriores. En ese contexto, La Rioja presenta otra realidad.

El Censo de Cigüeña Blanca en La Rioja 2025 ha contabilizado 463 nidos ocupados en total. De estos salieron adelante 655 pollos que lograron volar. Son 44 más que el año anterior. El trabajo de muestreo se realiza cada año por 18 agentes, en 42 municipios y 123 localizaciones distintas, una radiografía muy amplia del estado real de la especie en la comunidad. Y este cuenteo pormenorizado nos viene a decir que, mientras el conjunto nacional empieza a mostrar síntomas de ajuste, La Rioja mantiene el pulso. No crece de forma espectacular, pero tampoco se desploma. Resiste.

EFE/ Raquel Manzanares

Y dentro de esa fotografía regional, Alfaro sigue siendo el gran símbolo. Las primeras cigüeñas se asentaron en la colegiata en 1950. Eran apenas cuatro o cinco parejas. En 1985 ya eran ocho. En los años noventa el crecimiento fue vertiginoso: 47 parejas primero, más de 100 en 1999. En 2010 se alcanzó el máximo histórico con 118. Desde entonces, la colonia se mueve en cifras similares, con ligeras variaciones que dependen de factores ambientales, disponibilidad de alimento y condiciones climáticas.

Porque las cigüeñas también han cambiado. Tradicionalmente migraban a África en otoño, cruzaban el Estrecho y pasaban el invierno en el Sahel. Hoy aproximadamente la mitad permanece en la península ibérica. Los inviernos más suaves y la adaptación progresiva al entorno humano han alterado su comportamiento. Las adultas tienden a quedarse; muchas jóvenes siguen viajando hacia Marruecos o el África subsahariana. Incluso llegan ejemplares del norte de Europa que eligen España para pasar el invierno.

EFE/Raquel Manzanares

La proximidad de la Reserva Natural de los Sotos del Ebro — 476 hectáreas de meandros, islas fluviales, carrizales y huertas — explica parte de ese equilibrio. Cada mañana, cuando el sol empieza a calentar las tejas de la colegiata, las cigüeñas despegan en grupos y se dispersan por los sotos y campos de regadío. Allí cazan culebras, sapos, topillos, ranitas, insectos. Son depredadoras oportunistas.

El nido, por su parte, es una obra de paciencia. Empieza con sarmientos de viña, ramas de poda, barro, plásticos, telas o cuerdas recogidas en la ribera. Puede comenzar midiendo medio metro y, tras años de ampliaciones, superar el metro y medio y alcanzar los 500 kilos de peso. Cada temporada lo refuerzan. Lo mejoran. Lo consolidan. Sobre la colegiata hay entre 100 y 110 nidos activos. Podría haber más, pero no sería recomendable para la estructura del monumento.

La convivencia no está exenta de riesgos. Las colisiones y electrocuciones en tendidos eléctricos siguen produciéndose cada año. En otras ciudades españolas, la retirada sistemática de nidos en edificios históricos ha provocado el desplazamiento de colonias hacia zonas fluviales y arboledas. En Alfaro, de momento, el vínculo se mantiene. Las cigüeñas no se inmutan ante bodas, bautizos o fuegos artificiales. Se han habituado al ruido humano sin dejar de ser salvajes. Viven en altura, dominando el paisaje urbano, pero cada día vuelan hacia el río, recordando que su verdadero sustento sigue estando en los humedales y pastizales.

En marzo comenzarán las puestas. Tras 32 días de incubación, nacerán los pollos. En junio aprenderán a volar, todavía con el pico oscuro. En julio y agosto recorrerán los campos junto a sus padres. Y cuando el verano decline, algunas emprenderán viaje. Otras se quedarán. Pero siempre tendrá Alfaro como punto de referencia.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top