Gastronomía

El homenaje familiar que abre una nueva etapa gastronómica en La Laurel

De cómo el martirio de una abuela y un limón en medio de la mesa se convierten en un restaurante familiar

José Ramón (jefe de sala) y Ángel (chef) regresan a Logroño tras cinco años en Málaga para abrir en la calle Laurel un restaurante que no quiere competir con el pincho tradicional, sino ofrecer algo distinto. Martirio Limón es un homenaje a su abuela Lucía y una apuesta valiente por el formato restaurante en la calle más emblemática de la ciudad.

«Martirio Limón es un restaurante que hemos creado gracias a un recuerdo procurado por nuestra abuela». Así comienza José Ramón el relato que explica no solo la marca, sino la filosofía del proyecto. La abuela Lucía —riojana, fallecida hace años— llamaba cada viernes por la noche a sus nietos para preguntarles qué querían comer el sábado. «Ángel, ¿qué quieres de comer mañana? Pues quiero pollo. Agus, ¿qué quieres de comer mañana? Pues yo quiero lentejas… y yo macarrones».

Al día siguiente, cada uno tenía exactamente lo que había pedido. «Le decíamos: ‘Abuela, pero si es que esto es un martirio para ti, ¿qué haces haciendo la comida favorita de cada uno?». Ella se mostraba encantada, pero por si acaso, por si no fuera suficiente, teniendo en cuenta que cocinaba para sus nietos que eran adolescentes, colocaba un limón en el centro de la mesa: «Si no os gusta lo que he hecho, le echáis un chorrito de limón y caminando».

Este proyecto gastronómico no empieza en La Rioja. Estos dos primos abrieron en Málaga, apenas tres meses antes de la pandemia. «Invertimos ahí todos los ahorros que teníamos… y a los tres meses, la pandemia». Cerraron, resistieron y lograron crecer. «Siempre decimos que ella desde arriba nos ayudó». Tras cinco años, decidieron volver. «Nos dijimos: es hora de volver a casa».

Y regresar a casa, reconocen, no es lo mismo que empezar en una ciudad donde no te conoce nadie. «Aquí empiezas a ver gente del colegio, de la universidad, de la escuela de hostelería… es como si tuvieras una mayor responsabilidad para estar a la altura». Más aún en una calle como La Laurel, «referente a nivel español» y con nombres consolidados como Tahití, Matute o Iruña.

Ser diferentes en la calle del pincho

La decisión fue clara: no competir en el terreno del pincho. «Si vamos a lo mismo del resto no nos iba a funcionar», explican. En una calle dominada por barras míticas —ellos mismos siguen visitando al Champi o al Jubera— han optado por reforzar el concepto restaurante.

«Hay pocos restaurantes en La Laurel», reflexionan, «aunque muy buenos», confirman. Aquí sí creen que pueden competir con su cocina. La propuesta mezcla base tradicional con giros propios. Hay patatas bravas, churros elaborados con fécula y polvo de patata… pero con sabores reconocibles: «Jamón, patata y huevo frito». Sin artificios. «Son sabores que reconoces».

Del sur traen productos y aprendizaje. El tartar de atún de almadraba, con una interpretación propia, es para José Ramón «el mejor plato que hay en la carta». También triunfa una tempura con cerveza, coco y chutney de mango. «Son diferentes, la gente no se lo espera, están siendo todo un éxito».

La carta incorpora un guiño directo al recuerdo familiar: la ‘sorpresa del día’. Igual que su abuela, que además de lo pedido por sus nietos siempre añadía un plato inesperado. Entre estas propuestas que más están funcionando, una alubia verde en juliana con ‘carbonara’ riojana —chorizo, yema, parmesano y queso— o unas lentejas guisadas con jamón, queso de cabra y foie. «Son lentejas, pero les hemos dado un toque».

El concepto es claro: divertir y hacer pasar un buen rato. «Lo que buscamos cuando entra alguien por la puerta es que se sienten y se lo pasen bien comiendo», resume Ángel.

Martirio Limón abrió el pasado 12 de diciembre. Dos meses después, la valoración es «muy positiva». «Mucho mejor de lo que esperábamos», coinciden. Hablan de un cliente logroñés atrevido, dispuesto a probar. Y del poder del boca a boca. «En Logroño es una bomba». Como ejemplo: «Ayer de 8 a 10 de la noche recibí 36 llamadas para reservar para San Valentín. Ya estamos completos».

El tatar de atún del Martirio Limón de Logroño.

Trabajan solo carta, sin menú del día, con un reservado que está funcionando especialmente bien para grupos de 8, 10 ó 12 personas. Abren de martes a sábado y domingo al mediodía. Y dan cenas, algo que no todos los locales de La Laurel mantienen.

Abrir el vino más allá de Rioja

En el apartado de vinos también han querido romper inercias. Detectan que en muchos locales el foco exclusivo está en Rioja. «Nos han dicho que aquí solamente se bebe Rioja». Ellos no lo creen.

El 80 por ciento de la carta sigue siendo de bodegas riojanas, pero han abierto el abanico con más de ochenta referencias de distintas denominaciones de origen. «El turista que viene a La Laurel busca el Rioja, pero el riojano cada vez está más abierto a probar cosas nuevas». Porque el objetivo no es solo el visitante. «Nosotros trabajamos para la gente de Logroño», insisten.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top