CARTA AL DIRECTOR

«Elijo creer que de aquí no tendrán que marcharse»

Soy argentina y vivo en Logroño desde hace tres años. Seguramente mi visión esté sesgada, aunque no creo que lo esté más que la de muchas otras personas.

Logroño es una ciudad maravillosa, con gente que lo es aún más, pero no dejo de pensar cuántas similitudes atraviesa hoy con el país donde me crié.

Veo gente que reclama, que se opone, que pone excusas —poco creíbles—, mientras las verdaderas personas que quieren salir adelante siguen padeciendo las decisiones de quienes no pisan la calle.

Personas que abren su persiana todas las mañanas y se ven obligadas a cerrarla, porque pedimos emprendedores, pero se cobran impuestos irrisorios. Y luego nos quejamos cuando una empresa de fuera compra, al peso, lo que vale una millonada y no supimos ver.

Personas que quieren estudiar y estar a la vanguardia de las nuevas tecnologías, pero tienen que meter su título en una maleta e irse a otra ciudad porque aquí no hay oportunidades. Dejamos volar el talento como si un día, por arte de magia, fuera a volver; como si no importase, como si no valiese.

O, por el contrario, se resignan a que la mejor alternativa sea una oposición que les asegure un salario fijo y la estabilidad que no encuentran en otro sitio, matando así sus ganas de más: de crecer, de prosperar, de mejorar. Puede que no sean todos, pero me cuesta creer que todas esas cifras de opositores respondan a una genuina vocación.

Profesionales que lo dan todo, que reclaman y suplican visibilidad para poner a Logroño en el mapa, pero encuentran oídos sordos, palabras mudas.

Queremos viajar y contarle al mundo lo linda que es esta ciudad, pregonar con el ejemplo, cantar nuestro himno en todos lados, compartir nuestra alegría con los demás y recibir invitados en esta maravillosa casa, pero nos quedamos parados en estaciones de tren, con aviones desviados y buses con horarios imposibles para llegar al aeropuerto.

Queremos música, conciertos, cultura viva… y cada año que pasa nos quedamos con menos canciones. Estadios que podrían albergar artistas terminan viendo cómo esos músicos tocan en galpones de ciudades vecinas. No hace falta tener el estadio Bernabéu para traer artistas a esta casa.

Logroño lo tiene todo. Lo tenemos todo. Y será que, como dicen por ahí, hace falta perder lo valioso para darnos cuenta de lo que teníamos. Elijo creer que no. Elijo creer que el Gobierno no es un ente inocuo y vacío, de títulos rimbombantes. Me gustaría creer que es un conjunto de seres humanos que están ahí por y para su gente, que saben y deciden qué es lo mejor y cómo destinar sabiamente nuestros aportes e impuestos. Elijo creer que somos conscientes de que crecer significa adaptarse; la historia de España da mucho que contar al respecto.

Me fui de mi casa, de todo lo conocido, para lo bueno y para lo malo, haciéndome cargo de mis decisiones, y aquí encontré un nuevo lugar al que llamo hogar. Me gustaría poder decirles algún día a mis hijos que su historia va a ser diferente, que de aquí no tendrán que marcharse.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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