Primero fueron los comercios de toda la vida. Después, los proyectos que apenas habían tenido tiempo de asentarse. Y ahora, una marca consolidada. La cadena de cierres en el centro de Logroño sigue extendiéndose y vuelve a golpear al sector de la moda infantil, que en apenas unas semanas ha visto desaparecer tres de sus escaparates.
Tras la despedida de Nanos, con casi treinta años de trayectoria en la ciudad, y el anuncio del cierre de Mi Solete Moda Infantil, se suma ahora el de Bóboli, que baja la persiana de su tienda en la calle Calvo Sotelo.
El establecimiento abrió sus puertas el 20 de febrero de 2015 y ha formado parte durante casi una década del paisaje comercial del centro. El cierre ya es visible en el propio escaparate, donde un cartel anuncia una liquidación total por cierre, con descuentos del 50 por ciento en todos los artículos, que se prolongará del 15 de febrero al 8 de marzo, fechas que marcan el final de la actividad de la tienda en Logroño.

La marcha de Bóboli resulta especialmente significativa por tratarse de una firma con proyección internacional, presencia en más de sesenta países, una plantilla de alrededor de 260 trabajadores y una facturación superior a los 40 millones de euros. Su apuesta por la calidad, el diseño y un modelo alejado del ‘fast fashion’ no ha sido suficiente para mantener su tienda física en el centro de la capital riojana.
Tres cierres distintos con trayectorias muy diferentes: uno ligado a varias generaciones, otro nacido desde la ilusión reciente y un tercero respaldado por una marca con proyección internacional, pero con un mismo resultado: cada vez menos tiendas especializadas en moda infantil en Logroño.
El contexto no es nuevo, es más, empieza a ser ya demasiado repetitivo. En los últimos meses, la ciudad ha asistido también a la salida de grandes cadenas del centro, incluidas firmas del grupo Inditex, lo que confirma que la crisis del comercio físico trasciende el tamaño del negocio. Cambian los hábitos de consumo, crece el peso de la venta online y disminuye el tránsito espontáneo por las calles tradicionales.
En el caso de la moda infantil, el impacto resulta especialmente visible. Comprar ropa para niños en Logroño ya no es, como antes, un paseo por varias tiendas del centro, sino una búsqueda más limitada o una decisión que acaba resolviéndose a través de una pantalla. Las persianas bajadas de Nanos, Mi Solete y ahora Bóboli dejan un hueco que va más allá del local vacío: el de un comercio especializado que va perdiendo fuelle.


