Las tiendas de segunda mano son una especie de portal mágico. Uno nunca sabe qué puede encontrar tras cruzar el umbral de la puerta. Cada una de ellas tiene una esencia propia, casi imposible de copiar, porque lo que venden, digamos, que no es fácil de encontrar.
Lejos quedan esos tiempos en los que segunda mano era sinónimo de poca calidad y era un nicho de mercado prácticamente acaparado por la gente joven. La moda ha cambiado y la mentalidad, también. Tres tiendas de este tipo lo demuestran, a la vez que muestran diferentes maneras de orientar y gestionar estos negocios.
El 20 de marzo de 2026, Xotelo 34 cumplirá diez años, los mismos que lleva Lola tras el mostrador. Pero su pasión por lo vintage y por la segunda mano viene de mucho atrás. «Es algo que siempre me ha encantado y cuando viajo no visito otro tipo de tiendas que no sean estas, porque el resto me aburren», sentencia.

A través de proveedores de países europeos como Italia, Países Bajos o Inglaterra (mucho más antes del Brexit, porque ahora es una «locura»), abastece su tienda de ropa y accesorios vintage, que ella define como «muy especiales». Como unas parkas originales de la Marina estadounidense.
A Xotelo 34 entran todo tipo de gentes de todas las edades. Y muchos, muchos turistas. «Logroño está de moda y viene bastante gente de fuera y entran a cacherrar», al igual que hace ella cuando viaja. Lola ha notado cada año más y más gente apuesta por la segunda mano «por economía o por ecología, por un montón de cosas».
«Antes se veía como algo de pobres, pero ahora, la filosofía ha cambiado», señala. La gente acude a estas tiendas buscando «algo diferente, que sabes que si lo compras no lo va a llevar nadie más», algo que se salga del sota, caballo y rey que ofrecen las cadenas de ropa. Como una parka original de la Marina estadounidense, por ejemplo.
Para Dimka, de Segunda Mano Milagro, este no es un negocio fácil: «Tienes que buscar lo que busca la gente y tienes que mirar para poder comprarlo barato». Abrió su tienda hace ya catorce años y ahí sí que puedes encontrar de todo. Percheros repletos de ropa, menaje del hogar, carritos de bebé, libros… De todo, menos electrónica. «Puedes venir buscando una cosa y salir con otra, porque no sabes qué te vas a encontrar», cuenta Dimka.

«Aquí puedes encontrar un mundo que nosotros antes no conocíamos». Un universo que siguen descubriendo día a día, año a año, con cada cliente que entra. «Cualquier objeto que se pueda reutilizar y aprovechar, nosotros lo vendemos barato», explica. Porque la idea de su tienda es vender barato.
Al igual que a la tienda de Lola, aquí vienen gente de todas las edades. «Viene gente muy joven que ahorran las pagas que les dan y luego les encanta combinar», cuenta. «Ahora lo jóvenes buscan lo vintage y las personas más mayores, cosas más modernas», comenta Dimka entre risas.
Gloria atiende tras el mostrador de Modas Re- en Avenida de la Paz, una de las tres tiendas que Cáritas tiene en La Rioja, situadas en Logroño y Calahorra. Esta, la más nueva de las tres, tiene una peculiaridad: se venden tanto cosas nuevas, como de segunda mano.

Aquí, solo venden ropa y complementos, que les llegan de diferentes maneras. Por un lado, la gente puede depositar en los contenedores de Cáritas que hay en diferentes puntos «la ropa o cosas que ya no usan, pero que están en buen estado y se les puede dar una segunda vida». Por otro, hay quienes prefieren ir a llevar las cosas directamente a las tiendas.
Después de la recolección, las prendas y los objetos son llevadas a una nave, donde pasan un proceso de selección para retirar aquellos que no se encuentran en un estado óptimo. Son desinfectadas y organizadas y luego, desde las diferentes tiendas, solicitan aquello que necesiten y se lo envían.
Tres tiendas, tres maneras de entender el negocio, pero una misma mentalidad: apostar por la reutilización, el consumo responsable y la idea de que casi todo merece una segunda oportunidad.


