La Rioja

Seis de cada diez incendios en La Rioja son obra de pirómanos

FOTO: María Ruiz Ortega.

El cuidado del monte es cosa de todos, especialmente a la hora de protegerlo de su primer enemigo: el fuego. Especialmente, después de que el pasado año la mano del hombre -bien por negligencias, bien con la intención de causar daño- estuviera detrás de siete de cada diez incendios forestales (el 71 por ciento) declarados en La Rioja.

Así se desprende del informe elaborado por la Dirección General de Medio Natural en torno a los incendios registrados en 2025, que concluye que la mitad de los fuegos (19 de los 42, esto es, el 45 por ciento) fueron intencionados y calcinaron más del 60 por ciento de la superficie calcinada, que fue de 281 hectáreas (190,7 de terreno forestal y 90,3 de terreno no forestal).

Lo peor es que el impacto de los pirómanos en los incendios forestales no fue en 2025 un hecho aislado, sino que responde a una tendencia sostenida en el tiempo. De hecho, el informe de Medio Natural refleja en la última década se han producido hasta 394 fuegos intencionados en La Rioja, lo que representa el 60,8 por ciento de los incendios forestales declarados en la comunidad entre entre 2015 y 2025.

FOTO: Daniel Ortiz.

En esta última década, las negligencias (hogueras o quemas agrícolas descontroladas, deficiencias en los tendidos eléctricos o chispas emitidas por el ferrocarril) fueron la segunda causa principal de los incendios, con 159 episodios (11 de ellos, el pasado año) que representan el 24,5 por ciento del total. Las causas naturales -como la caída de rayos- apenas originaron el 8 por ciento de los incendios, mientras que el 5,7 por ciento de los fuegos tuvieron una causa desconocida.

Menos incendios, más superficie quemada

El balance de incendios forestales en La Rioja durante el pasado año deja un escenario de menos fuegos que la media de la última década, pero más superficie quemada, especialmente concentrada en episodios muy concretos del verano.

A lo largo del año se registraron 42 siniestros forestales, una cifra inferior tanto a la media del último decenio (59 episodios al año) como a ejercicios especialmente complicados. Sin embargo, estos incendios afectaron a 190,7 hectáreas de superficie forestal, casi un 25 por ciento más que la media de los últimos diez años.

De ese total, 33,4 hectáreas eran terreno arbolado y 157,3 hectáreas desarboladas, lo que explica el aumento significativo de la superficie media quemada por incendio, que se situó en 4,54 hectáreas, casi el doble del promedio histórico (de 2,39).

El informe subraya que dos de cada tres siniestros fueron conatos, es decir, incendios que no alcanzaron una hectárea de afectación, lo que evidencia la eficacia de la detección temprana y de los dispositivos de extinción. Aun así, unos pocos fuegos de gran extensión distorsionaron el balance anual.

Agosto, el mes crítico

El verano volvió a concentrar el grueso de la campaña, con agosto como el mes más problemático: 13 incendios y casi el 86 por ciento de toda la superficie forestal quemada del año. La simultaneidad de varios incendios el 12 de agosto, en municipios como Fonzaleche, Mansilla de la Sierra o Gimileo, marcó el punto álgido de la temporada. Ese día coincidieron olas de calor, sequedad extrema del combustible vegetal y tormentas con abundante aparato eléctrico, un cóctel que elevó el riesgo y la intensidad de los incendios.

FOTO: EFE/ Fernando Díaz.

El incendio de mayor envergadura se produjo en Fonzaleche, con más de 140 hectáreas afectadas, gran parte de ellas agrícolas, y fue catalogado como intencionado, dentro del grupo de actos vandálicos. También destacaron los fuegos de Valdeperillo (Cornago) y Mansilla de la Sierra, este último provocado por un rayo.

Desde el punto de vista meteorológico, 2025 fue un año de contrastes: una primavera lluviosa favoreció el crecimiento de la vegetación, pero el verano extremadamente cálido y seco, con valores muy elevados del déficit de presión de vapor, dejó el monte en una situación de alta disponibilidad para arder. A pesar de ello, el dispositivo de extinción logró contener la mayoría de los fuegos en fases iniciales.

El balance destaca la rápida movilización de medios, con un papel clave del helicóptero del Gobierno de La Rioja y de los recursos estatales, especialmente en los grandes incendios de agosto. Además, el 62 por ciento de los avisos iniciales procedieron de llamadas de particulares, un dato que el informe interpreta como muestra de la concienciación social frente al riesgo de incendios.

Un aviso de cara al futuro

Aunque el número de incendios sigue una tendencia descendente, la mayor superficie afectada por siniestro y la concentración del daño en pocos episodios muy intensos refuerzan la advertencia de los técnicos: los incendios forestales en La Rioja son cada vez menos frecuentes, pero potencialmente más graves, en un contexto marcado por el cambio climático y la presión humana sobre el territorio.

El informe concluye que la prevención, la vigilancia y la respuesta rápida seguirán siendo claves para contener un riesgo que, año tras año, se vuelve más complejo.

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