Compartir coche ya no es solo una cuestión de solidaridad o ahorro en gasolina. En La Rioja empieza a ser también una forma de conseguir ingresos. La aplicación Tribbu ha comenzado a hacerse hueco en la comunidad con cerca de mil usuarios activos y alrededor de diez mil viajes mensuales, impulsada por un nuevo incentivo económico que ha cambiado las reglas del juego: los certificados de ahorro energético (CAE). Una fórmula que convierte los trayectos compartidos de corta distancia en dinero contante y sonante y que está provocando un auténtico auge del coche compartido en toda España.
Tribbu no es una app recién llegada. La plataforma lleva años trabajando con empresas y proyectos de movilidad sostenible, pero fue a partir del año pasado cuando dio el gran salto. En ese momento el Ministerio para la Transición Ecológica activó los CAE para el coche compartido, un sistema que, por primera vez, recompensa económicamente a quienes reducen emisiones al compartir vehículo. Y ahí es donde entra Tribbu: es la herramienta tecnológica que permite certificar que esos viajes se realizan de verdad.
El resultado ha sido inmediato. La plataforma cerró 2025 con más de dos millones de trayectos certificados, una cifra impensable apenas cuatro años antes. El verdadero despegue llegó a partir de septiembre, cuando el sistema empezó a funcionar a pleno rendimiento. Ahora, 2026 se perfila como el año de la consolidación definitiva, también en territorios como La Rioja, donde el coche sigue siendo clave para los desplazamientos diarios.
El ejemplo más claro está en los trayectos cotidianos. Calahorra–Logroño, Haro–Logroño o incluso dentro de la zona metropolitana. Personal sanitario, trabajadores de la industria, funcionarios, empleados del comercio o estudiantes que ya compartían coche “de toda la vida” ahora pueden monetizar esos viajes sin cambiar sus hábitos.
El funcionamiento es sencillo. Todos los integrantes del coche se descargan la app, se registran con su DNI y número de teléfono —requisito del Ministerio— y definen quién conduce y quién viaja como pasajero. A partir de ahí, cada trayecto se inicia y se finaliza desde el móvil. La app geolocaliza a los usuarios para certificar que el desplazamiento se ha realizado conjuntamente y valida automáticamente el viaje.
Esa validación es la clave. Permite generar los certificados de ahorro energético, que luego Tribbu vende a las grandes compañías energéticas. Con ese dinero se paga a los conductores, no en descuentos ni bonos, sino en efectivo. Cada lunes, los importes se acumulan en un monedero digital y, al alcanzar los 10 euros, pueden transferirse directamente a la cuenta bancaria.
El incentivo es claro: 4 céntimos por kilómetro y por pasajero. Cuanto más largo el trayecto y mayor la ocupación del coche, mayor es la compensación. Los viajeros que realiza a diario un trayecto de 45 kilómetros con dos pasajeros puede acumular unos 360 euros al mes.
No se trata de una subvención pública directa. El dinero procede del Fondo Nacional de Eficiencia Energética, al que las empresas energéticas están obligadas a contribuir. Estas compañías pueden cumplir pagando al fondo o comprando certificados de ahorro energético a plataformas como Tribbu. Para ellas es más rentable; para los usuarios, supone un ingreso directo; y para el sistema, una reducción real de emisiones.
Una limitación… por ahora
Actualmente, los CAE solo se certifican en trayectos dentro de la misma provincia, lo que deja fuera desplazamientos muy habituales en zonas limítrofes. En La Rioja esto afecta, por ejemplo, a trayectos hacia Navarra, País Vasco o Aragón. Tribbu ya trabaja con el Ministerio para ampliar el sistema a viajes interprovinciales de corta distancia, con ciertos límites y requisitos. La previsión es que este obstáculo desaparezca en los próximos meses, algo que podría multiplicar el uso de la aplicación en territorios pequeños y bien conectados entre comunidades.
El horizonte que Tribbu se marca para 2026 en La Rioja: darse a conocer. Porque en muchos municipios riojanas el coche compartido ya existe desde hace años. «Lo que faltaba era una herramienta que además lo recompensara económicamente», dicen desde Tribbu. Compartir coche sigue siendo lo mismo de siempre, pero ahora deja rastro, genera ahorro energético certificado y se traduce en dinero real para quienes conducen. No es un cambio cultural, sino una optimización de hábitos ya asentados en el territorio.
El ejemplo que la plataforma pone sobre la mesa es Extremadura, un caso tan inesperado como revelador. Contra todo pronóstico, es actualmente la comunidad con mayor uso de Tribbu en España, por delante incluso de Madrid o Barcelona. ¿La clave? Un cóctel muy reconocible también en La Rioja: malas conexiones, dependencia del coche privado y un potente efecto boca a boca. Cuando se alcanza una mínima masa crítica, el sistema se retroalimenta: aparecen más trayectos, más coincidencias y más usuarios dispuestos a dejar su coche en casa y subirse al de otro.


