Ni el cielo gris ni la lluvia han impedido que Préjano haya vuelto a reunirse alrededor del fuego, el pan y el aceite. El Día de las Pingadas ha regresado este sábado al entorno del Trujal de Tolillo, manteniendo así viva una de las tradiciones más arraigadas del municipio pese a una jornada marcada por el mal tiempo.
Desde primeras horas de la tarde, vecinos y visitantes se han acercado paraguas en mano para compartir una merienda que va mucho más allá de lo gastronómico. Las pingadas (rebanadas de hogaza empapadas en aceite, escurridas y asadas directamente a la parrilla) han vuelto a pasar de las brasas a las manos, aliñadas al gusto con azúcar o ajo, como se ha hecho siempre.

La celebración alcanza ya su vigésimo octava edición y nació con el objetivo de poner en valor el olivar bimilenario que rodea la localidad y el trujal que durante siglos transformó la aceituna en aceite. El Trujal de Tolillo, hoy convertido en museo, fue considerado cuando estaba en funcionamiento el más antiguo de La Rioja, un símbolo del peso histórico del cultivo del olivo en esta zona.
Así lo recuerda el alcalde de la localidad, David San Sixto, quien ha subrayado el componente emocional de la cita: «Es una forma de homenajear el trujal y a quienes trabajaron en él. Recuerdo que cuando yo era niño, con mi abuelo y mi padre, me ha tocado coger las olivas, llevarlas a casa, limpiarlas, bajarlas al trujal y cuando tocaba, molturarlas».
Aunque el trujal dejó de funcionar hace años, su historia sigue muy presente en una jornada que reúne a varias generaciones. Voluntarios de la Asociación de Amigos de la Historia de Préjano se han encargado de preparar y repartir las pingadas mientras el humo de las parrillas se mezclaba con la lluvia y las conversaciones al abrigo del fuego.







