Hay gestos que resultan tan incomprensibles como tristes. El pasado jueves 19, «alguien» decidió llevarse los adornos tejidos que vestían el árbol de la Plaza de la Iglesia de Nalda. No fue un simple robo material, fue algo bastante más feo: una falta de respeto directa a un trabajo hecho con mimo, paciencia y mucho corazón.

Porque lo que desapareció «no fueron solo piezas de lana», han explicado desde el municipio. «Se llevaron horas de charla, meses de esfuerzo y toneladas de ilusión del grupo de ganchilleras del municipio». Vecinas que, puntada a puntada, han ido tejiendo algo más que adornos navideños: comunidad, orgullo y ganas de hacer los pueblos un poco más bonitos. Duele, y mucho, que el gesto generoso de quienes solo buscan sumar se vea empañado por el comportamiento incívico de unos pocos.
Aun así, el mensaje que queda es otro. El apoyo a las ganchilleras es unánime y sincero. «Su trabajo, su constancia y su cariño pesan mucho más que cualquier acto incívico». La lana podrá desaparecer, pero el valor de lo que hacen no se lo lleva nadie.


