La sexta edición del festival ‘Los Trabajos y Las Noches’ ha convertido de nuevo Logroño en una especie de Cannes, pero a la riojana. Durante cuatro días las salas de la ciudad se han llenado de cinéfilos y curiosos dispuestos a saciar su sed de cultura con el visionado de cintas como ‘Los Tortuga’ de belén Funes, ‘Ciudad sin sueño’ de Guillermo Galoe, ‘Anoche conquisté Tebas’ de Gabriel Azorín o ‘Estrany riu’ de Jaume Claret Muxart, entre otras.
El cineasta Fernando Vílchez dirige el festival junto a Patricia Andrés resume esta edición en dos palabras: «Increíble, superintenso». Desde el principio, han querido que este festival fuera «lo más cercano posible a la gente». En ‘Los Trabajos y Las Noches’, «lo más importante es que están los cineastas en la ciudad, compartiendo, encontrándose con el público, tomando vermut, teniendo charlas y cafés con los cinéfilos de la ciudad».

«Hay dramas, hay un poco de cine de género, pero también hay películas con un perfil mucho más de autor, incluso algo experimentales, que para que la gente pueda entender no solo el lenguaje, si no también los procesos de cada película, es fundamental que estén los cineastas. Y por eso los festivales son tan importantes: son el puente entre los cineastas y la gente», señala Vílchez.

Para Vílchez, esta sexta edición «es la consolidación de que en Logroño hacía un festival de cine que ponga películas delicadas, inteligentes, retadoras». Pero, lo más importante, es lo que han querido usar como hilo conductor del festival: «Todas las películas que hemos seleccionado en la sección oficial son películas que hablan de un mundo conflictivo y de cómo los problemas del mundo requieren una respuesta en colectivo. Una respuesta de acogernos y abrazarnos en los grupos humanos».
Porque el cine no solo entretiene, también educa: «Nos crea una mirada artística, humanista. Hay una educación de nuestra sensibilidad y de cómo estar en el mundo que es importante. Yo creo que el cine nos hace mejores personas y una película tiene el poder de modificar tu vida, puede hacerte ser más comprensivo, más solidario y más generoso con tus contemporáneos». Este fue uno de los principales motivos que llevó a Patricia y a Fernando a dar vida a esta iniciativa. Pero no ha sido el único.
«Un festival de cine, al traer a los propios cineastas, lo que está es creando una educación audiovisual en las nuevas generaciones. En todas las ediciones se nos han acercado jóvenes para decirnos que hubieran querido hacer cine o algo audiovisual, pero no encontraban la manera y es en el festival donde está el punto de encuentro, el refugio. Están las ideas de otros cineastas premiados internacionalmente que te cuentan cómo fueron sus primeras películas, sus primeros cortos», remarca Vílchez.

«Hay algo muy hermoso que nos hace sentir vivos en la experiencia colectiva de ir al cine a oscuras con un grupo de desconocidos y de pronto sentir lo mismo. Estamos en tiempos de atomización, y un festival de cine con los cineastas presentes lo que hace es luchar contra esa individualidad, porque no hay nada mejor que un festival para generar comunidad», señala Vílchez. «Lo que hacen los festivales de cine es crear mejores persones, crear cineastas y artistas para el futuro y crear una sensibilidad mejor para nuestros tiempos», sentencia el cineasta.


