Durante años, hablar de nutrición deportiva ha sido hablar de atletas de élite, cuerpos moldeados y dietas calculadas al milímetro. Sin embargo, esta percepción está cambiando y cada vez son más las personas que practican deporte por su bienestar y buscan mejorar su rendimiento a través de la alimentación.
El nutricionista deportivo Alberto Gutiérrez lleva años acompañando a este perfil de deportistas ‘amateurs’ que quieren cuidarse sin obsesionarse. «La base de una alimentación saludable es algo común a prácticamente toda la población. No hay una dieta para deportistas y otra para el resto. Lo que cambia es la exigencia y el nivel de detalle, pero los cimientos son los mismos».
Alberto reconoce que si se construye una buena base de alimentación, cualquier persona que practique actividad física, sea del nivel que sea, va a notar beneficios. «No hace falta ser profesional para notar mejoras».
Esa base es sencilla: comer variado, priorizar verduras y proteínas de calidad, evitar los ultraprocesados y cocinar con técnicas sencillas como plancha, horno o vapor. «Cuidar la alimentación no debería ser un esfuerzo puntual, sino un hábito natural».

Este nutricionista destaca que la diferencia entre un deportista profesional y alguien que entrena por bienestar «no está tanto en el qué, sino en el cómo». Mientras un atleta de élite necesita una planificación minuciosa con el reparto de macronutrientes, tiempos de comida o suplementación, un aficionado debe centrarse en construir una buena base. «El cuerpo de un deportista es su herramienta de trabajo. Pero quien entrena por salud no tiene que ser tan estricto: basta con hacerlo bien de forma constante».
En consulta, Alberto detecta una confusión frecuente: identificar comer sano con hacer dieta. «Comer bien no es ponerse a dieta, es lo que todos deberíamos hacer siempre. La dieta es algo específico para tratar una patología o un objetivo concreto». El reto está en convertir esos buenos hábitos en costumbre, porque «la clave no es comer perfecto dos semanas, sino comer bien toda la vida».
Entre quienes practican deporte por afición, Alberto observa un patrón común: sobreestimar el ejercicio. «Entrenar tres días a la semana no te convierte en deportista profesional. Hay gente que entrena un poco y cree que necesita comer como un atleta de élite». Según él, esa idea lleva a cometer errores como imitar rutinas o suplementaciones sin sentido. «Se ponen el foco en los batidos o en la proteína antes que en los buenos hábitos. Pero la suplementación es la cúspide de la pirámide, no la base».
Para explicarlo, recurre a una metáfora que usa con frecuencia en consulta: «No puedes jugar a waterpolo si no sabes nadar. Primero aprende a nadar, luego ya veremos cómo lanzas el balón». Con la alimentación ocurre lo mismo: «Hay que construir la base antes de buscar atajos».
La suplementación es uno de los temas más recurrentes entre sus pacientes. Alberto no demoniza su uso, pero advierte contra su banalización. «Un batido de proteínas no es mejor que un filete o un plato de legumbres. Simplemente puede ser más práctico en ciertos momentos, pero no es imprescindible. Si con la comida cubres tus necesidades, no necesitas nada más».
Su enfoque es más realista que restrictivo. Alberto aconseja ir paso a paso: si una persona cena ultraprocesados cinco veces a la semana y reduce a dos, ya está haciendo un gran avance. «La clave es que los cambios sean sostenibles. Comer bien no debe significar aislarse de tu entorno o dejar de disfrutar». También combate la mentalidad de compensación, esa de ‘me paso el fin de semana y el lunes hago el doble de gimnasio’. «Si pasas la vida compensando, acabas con una mala relación con la comida. Mejor construir buenos hábitos y ser flexible».


