La Rioja

El tramo riojano de la N-232 vuelve a encender las alarmas: cuatro fallecidos en dos meses

La N-232 vuelve a convertirse en sinónimo de muerte a su paso por La Rioja. La principal vía de comunicación terrestre de la comunidad ha llorado la friolera de tres muertes en el último mes, concentradas en un radio de apenas 8 kilómetros en La Rioja Alta, entre Foncea y Rodezno (el tramo que conecta Haro con Pancorbo), donde este martes perdía la vida un joven de 30 años, atropellado tras bajarse de su vehículo al sufrir un accidente.

La concentración de siniestros mortales ha vuelto a encender las alarmas en una vía especialmente peligrosa por sus características (de carril único por sentido) y por la alta densidad de vehículos que transitan a través de ella. Esto multiplica las consecuencias de cada siniestro vial, hasta el punto de que los tres accidentes registrados en el último mes se han saldado con trece heridos graves. Y todo, sin que la climatología haya sido especialmente adversa durante este último mes, en el que murieron en sendos accidentes un hombre de 75 años (vecino de Ollauri), un hombre de 59 años (natural de Logroño y vecino de Burgos) y un joven de 30 años (vecino de Haro). A ellos hay que sumar -según información de Diario La Rioja- a un hombre de 84 años que murió el pasado mes de octubre, once días después de sufrir un grave accidente en el cruce con la N-124, en Ollauri.

Esta concatenación de accidentes mortales ha vuelto a encender las alarmas en torno a la seguridad de una vía que ha cercenado cientos de vidas en las últimas décadas a su paso por La Rioja. El año pasado murieron en la N-232 tres personas (tantas como este año, a falta de cuatro semanas para la finalización del ejercicio), aunque especialmente trágico fue 2023, con hasta seis víctimas mortales en la carretera nacional.

Los años negros de la N-232

Pero, aunque cada vida perdida en la carretera representa un drama, la hemeroteca nos recuerda que cualquier tiempo pasado no fue mejor, especialmente en la N-232, donde -no hace tanto- las víctimas mortales al cabo del año se contaban por decenas. En esta mirada atrás cabe destacar dos momentos que marcaron un punto de inflexión en la mejora de la seguridad vial: la implantación del carné de conducir por puntos y el desvío obligatorio a la AP-68 para los camiones de cuatro o más ejes.

Hasta entonces, las carreteras riojanas vivieron sus años más negros, con un volumen de víctimas que a día de hoy estremecen: por citar solo dos ejemplos, en 1987 hubo que lamentar 84 muertes y en 1990, otras 80.

La primera de estas acciones data de 2006 y llegó acompañada del endurecimiento de las sanciones por exceso de velocidad y consumo de alcohol al volante. Apenas un lustro antes, en 2001, la N-232 fue testigo de 17 accidentes mortales, con un saldo de 26 fallecidos. Antes incluso del carné por puntos, en 2005, la alta mortalidad en la carretera nacional llevó a la DGT a impulsar el proyecto OMNIA, que redujo a la mitad el número de víctimas en solo una década, con hasta siete años consecutivos (entre 2008 y 2014 por debajo de la decena de muertes).

Las evidentes mejoras no impidieron que algunos ejercicios, como el de 2017 (con 13 muertes), provocasen una importante movilización social que clamó por la liberación de la AP-68 y medidas urgentes para acabar con la siniestralidad en la principal vía de comunicación terrestre de la comunidad.

La respuesta de la Administración (a través de un convenio entre el Estado, el Gobierno autonómico y Avasa, concesionaria de la autopista) llegó en forma de decisión salomónica: la AP-68 no se liberaría -la concesión expira dentro de un año-, pero sí se rebajaría la densidad del tráfico en la N-232 sacando a los vehículos pesados de su trazado. Para ello, desde diciembre de 2017 tienen que circular obligatoriamente por la AP-68 entre Zambrana y Tudela.

Ocho años después, los datos demuestran la idoneidad de la medida, pues el número de accidentes con víctimas se ha reducido a la mitad. Aun así, los últimos siniestros registrados en La Rioja Alta sitúan como un tramo especialmente peligroso los 17 kilómetros que separan Rodezno de Foncea.

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