Cultura y Sociedad

La incertidumbre que frena la emancipación: «Ahora lo puedo pagar, pero, ¿en un año?»

En ‘Aquí no hay quien viva’, presentaban a Belén López Vázquez como una fracasada. En el trabajo y en el amor no iba muy encaminada a triunfar, eso es verdad, pero tenía algo con lo que los jóvenes de hoy en día sueñan: un alquiler medianamente digno. Veinte años después, lo que por aquel entonces se daba por seguro, hoy es casi un milagro.

Desde hace años, juventud y precariedad van de la mano. Una situación que ha empeorado con el encarecimiento de la vivienda. Los jóvenes ya no solo lo tienen complicado para poder comprarse su propia casa. Ahora también alquilar supone un esfuerzo titánico.

Víctor Bierna, de 27 años, llegó a Logroño hace casi tres años. El mismo tiempo que lleva viviendo en habitaciones en pisos compartidos. No era, ni de lejos, su primera opción: «Sales de tu ciudad, tu primer trabajo y tu primera ilusión es vivir solo. Empiezas a ver los pisos y los precios que tienen y te das cuenta de que solo te puedes permitir una habitación».

«A mí me hubiera gustado encontrar un piso donde vivir yo solo, pero es imposible. En Idealista solo hay siete u ocho pisos por debajo de los 700 euros al mes. Alquilar una habitación es lo único que te queda», denuncia.

En el piso de Víctor, no hay salón. No es un caso aislado: «En todos los pisos que visité y en los que he vivido el casero había quitado el salón, lo convierten en otra habitación y son otros 300 o 400 euros más que se lleva cada mes».

Pero con la desaparición del salón vino también el fin de los lugares de socialización dentro de la casa. Víctor apenas tiene relación con ninguna de las otras cuatro personas que viven bajo su mismo techo.

«¿Cómo vamos a poder formar una familia los jóvenes compartiendo piso con cuatro personas a las que apenas conoces? Es imposible», se lamenta. «Al final todo esto supone no poder desarrollarte del todo. No puedes invitar a amigos a casa a cenar, o a una pareja. Si tu vida está reducida a una habitación no puedes tener esos espacios de socialización», añade.

«He llegado a la conclusión de que o tienes pareja para poder dividir los gastos entre dos, o es imposible vivir solo», señala Víctor. Ese es el caso de Carmen Montiel, de 31 años. Hace dos vive junto a su pareja en un piso de alquiler. «Fue muy difícil encontrar algo que estuviera bien de precio y, aun así, yo sola no podría pagarlo porque sería más de la mitad de mi salario. El precio está muy ajustado porque es un edificio muy antiguo, la casa está mal aislada y no tiene ascensor», señala. Dos años después, a Carmen le consta que «a día de hoy es imposible encontrar algo así en Logroño». «Si nos echaran del piso tendríamos que buscar otra alternativa, pero la realidad es que no la hay», se lamenta.

«Yo sola no podría pagarlo. Eso contando solo con el precio del alquiler, pero cuenta también todos los suministros, internet, compra… eso ya se va muchísimo más del 50, 60 o incluso 70 por ciento de mi salario», cuenta. Así, te quedas con lo justo «para comer, un par de cañas y ya está. La capacidad de ahorro es inviable. Si quisieras ahorrar y pasar a tener una vivienda en propiedad es imposible».

Para Carmen, el tener su propia casa se está convirtiendo casi en «una aspiración inalcanzable, como un sueño» que solo podrá alcanzar «si se toman medidas y se regula el mercado».

Gonzalo Alonso, de 27 años, se fue a estudiar fuera de Logroño y, al volver, está viviendo en casa de sus padres. Por el momento no tiene pensado independizarse porque vive «muy a gusto». Si quisiera irse, «lo tendría muy complicado, porque con mi sueldo y como están los alquileres, tendría que compartir piso y aun así seguiría siendo un esfuerzo».

Todo se reduce a incertidumbre e inseguridad: «Ahora mismo no me sale rentable porque ya no es solo la situación actual, es la previsión. El alquiler en La Rioja ha subido un 9,9 por ciento en el último año. Entonces yo igual ahora lo puedo pagar, pero, ¿y en un año?».

«Todos tenemos derecho a un techo, a un lugar en el descansar y estar a gusto y no tener que convivir con quien no quieres por razones económicas. Vive con quien quieras, con tus padres o con tus amigos, pero que sea una decisión, que en ningún momento sea una imposición económica», sentencia Gonzalo.

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