Todo empieza con un objetivo sencillo y a la vez gigante: conseguir cien suscriptores para poder contratar a Eloy. Ese número, que podría parecer anecdótico, es en realidad la llave que abriría la primera puerta laboral para un hombre que lleva demasiados años esperando una oportunidad. Y detrás de ese reto, late la historia de una familia que decidió transformar su propia realidad en un proyecto social con alma: Mi Lunita.
Su creador, Damián, lo explica sin dramatismos y sin grandes gestos, pero con la claridad de quien lleva años caminando por un mismo sendero. Él es padre de Jimena, una adolescente de 15 años con discapacidad intelectual causada por el síndrome CTNNB1. «Está en este mundo, pero también en otro muy particular que solo conoce ella», cuenta. Jimena tiene un 65 por ciento de discapacidad y una dependencia total. Y aun así, su lema -«Lo llevo bien»- se ha convertido en el faro que lo guía todo.

Foto: Felix Rivero Verano
Quien conoce a Damián sabe que es un emprendedor de serie. Proyectos, ideas, aventuras empresariales… Pero un día decidió que todo lo que hiciera a partir de entonces tendría un eje claro: Jimena. Así nació la web ‘Lo llevo bien’, luego la membresía ‘Club de Fans de Jimena’, y ahora Mi Lunita, un proyecto que él mismo define como «el tercero y último». Pero, esta vez, la mirada se amplía: no se trata solo de ella, sino de todas las personas con discapacidad intelectual que merecen un espacio digno en el mundo laboral.
La idea es tan simple que casi parece obvia, pero detrás hay una enorme complejidad emocional y social: hacer empanadas argentinas de altísima calidad y repartirlas a través de jóvenes con discapacidad intelectual. Sabor y dignidad en el mismo paquete.

Foto: Felix Rivero Verano
«Mis empanadas son muy ricas», repite con naturalidad argentina. Y no lo dice solo él: quienes las han probado lo confirman. Esa fue la chispa. Pensaron: si la gente las compra una vez al mes y el reparto lo hacen personas con discapacidad intelectual, podemos crear empleo real y estable.
Para ponerlo en marcha, dieron sus primeros pasos en abril. La venta y las suscripciones comenzaron en septiembre. Hoy tienen 18 suscriptores, un número bonito… pero insuficiente para el gran objetivo: llegar a cien. Con esa cifra, todo cambiaría.
¿Por qué cien? Porque es el punto en el que el proyecto se vuelve sostenible de verdad: permitiría pagar la Seguridad Social, el seguro de responsabilidad civil, la formación, el salario y el acompañamiento necesario para contratar a Eloy Bueno, la primera persona que quieren incorporar.
Eloy es mucho más que un nombre en una campaña. Tiene 36 años y, en los últimos 18, solo ha podido trabajar dos. «Cada día pregunta cuántos suscriptores llevamos porque tiene muchas ganas de empezar a trabajar», cuenta Damián. Cada día se acerca un poquito más la posibilidad de que ese trabajo llegue por fin.

Foto: Felix Rivero Verano
La promesa es concreta: «Cuando alcancemos los cien, se contrata a Eloy». Sin rodeos, sin dilaciones. Un contrato real, un reparto real, un trabajo real. La meta está marcada y repetida en cada post, en cada vídeo de TikTok o LinkedIn: «Queremos los cien primeros para contratar a Eloy».
El modelo es empresarial, sostenible y pensado a largo plazo. Si se consigue la base de cien suscriptores en Logroño, se contratará a Eloy. Si además cierran el acuerdo con un sistema de envío en frío, podrán repartir en toda España, crecer, contratar a más personas y, quizá algún día, tener su propio obrador.
Mi Lunita no pretende vender solo empanadas argentinas. Quiere crear una experiencia. La de saber que un día concreto al mes recibes empanadas caseras, hechas con cariño, con pimiento, aceitunas, carne, huevo y hasta un toque de uva… y que, mientras las disfrutas, estás apoyando un proyecto que cambia vidas.


