La Rioja

Cazatesoros dominicales: «Seguimos aquí por la afición»

Las mañanas dominicales abren un portal temporal en la Plaza del Mercado de Logroño. La gente observa las reliquias con los manos agarradas a la espalda y deambula por los puestos en busca de algún tesoro que llevarse a casa.

En uno puedes comprar un radio cassette de esos con los que escuchabas los grandes éxitos de tus tiempos mozos o, si eres más joven, esos que tu profesora de inglés cargaba para los ‘listenings’. En el de al lado, encuentras electrodomésticos de lo más variados, libros de esos que ya no están en las librerías y juguetes de tu infancia. Todo es posible en el rastro de antigüedades.

Curiosos ojean las reliquias del rastro.

Que se lo digan a Jose Miguel Ochoa, presidente de la Asociación cívico-cultural Amigos del Mercado, pero, ante todo, coleccionista, de esos que coleccionan «de todo». Esta misma mañana ha comprado unas cajas de cerillas muy especiales: «Unas del Athletic de Bilbao y otras del Logroñés». Pero ahí no acaban sus últimas adquisiciones: «El otro día compré un despertador también del Athletic, lo pruebo y sonaba el himno en euskera, y ya me lo querían comprar, pero yo dije que no porque soy del Athletic de toda la vida».

Los nuevos tesoros de Jose Miguel.

Lo de ser coleccionista es algo que le viene desde muy pequeño, empezó con catorce años y, con mesa en este rastro, desde 1995. «Te tiene que gustar mucho porque es muy sacrificado, te privas de muchas cosas. A mí que me gusta el monte ni te cuento. Si no te gusta, no vienes, porque por dinero aquí no se viene», cuenta Jose Miguel. Aun así, él lo disfruta cada domingo como si fuera el primero.

Jose Miguel y Begoña, su mujer.

En el puesto de Jose Miguel y Begoña puedes encontrar vinilos, CD’s, cassettes, libros y pines de lo más variopintos. No le molesta que la gente mire, pero no compre, porque «eso es algo normal en todos los mercadillos». Lo que sí le molesta es que la gente «que solo mira, pero lo revuelve todo». Porque él es organizado, tiene todos sus vinilos ordenados alfabéticamente y, separados, los de música clásica.

También es un fiel defensor de la esencia del mercadillo: «Es de antigüedades, de coleccionismo y de segunda mano». En resumen: un mercadillo de reliquias.

Valentín en su mesa de todos los domingos.

Poco o nada tiene que envidiar el Museo Arqueológico Nacional al puesto que monta Valentín Sodupe, quien ni siquiera recuerda cuándo fue la primera vez que trajo sus monedas a este rastro: «Allá por el año 90. O quizá antes». Pero su historia se remonta más allá, a 1975, cuando ya venía a la plaza con sus monedas, sus sellos y sus billetes. Valentín, al igual que Jose Miguel, es coleccionista desde que tiene uso de razón.

«Muchos de nosotros venimos aquí por la afición, más que por lo de la venta, que eso es algo superfluo, pero cada día viene más gente», comenta alegre mientras mira el trajín de personas que hay alrededor de su mesa. «Esto ya es el paseo matinal de los domingos», añade.

Valentín se calla en seco y se gira bruscamente para reprendrer a un hombre que ha sacado uno de los billetes de su envoltorio de plástico. «Por favor, no lo saque. Usted lo ve así, entre plástico, no me los toca, porque si todo el mundo me tocara los billetes, al final de la jornada no hay ni Dios que los compre». Otro rasgo que tienen en común Jose Miguel y Valentín: los dos son muy ordenados, algo muy necesario si, como el primero, tienes «unas 20.000 monedas diferentes».

Algunas de las 20.000 monedas de Valentín.

Con tantas, normal que no sepa decantarse por una favorita: «Igual alguna de España, de hace 300 o 400 años, porque tienen un algo… es una moneda muy bonita, muy bien hecha». Valentín tiene en su poder «monedas de casi todo el mundo», aun así, se queda con la española.

Esta mañana de domingo termina, pero no pasa nada, porque dentro de siete días se abrirá, otra vez, este portal temporal llamado rastro.

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