En algún momento de nuestras vidas, casi todos hemos dicho «el lunes empiezo». A veces lo decimos con un trozo de pizza en la mano y la conciencia llena de culpa. Otras, frente a un espejo que parece devolvernos no un reflejo, sino una lista de tareas pendientes: comer menos pan, ir más gimnasio, comprar fruta. Lo llamamos «cuidarnos», pero, ¿de verdad lo es?
En este nuevo episodio del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast) hablamos de la cultura de la dieta. Esa voz constante que nos dice cómo deberíamos vernos, qué deberíamos comer y cuánto valemos en función del número que marca la báscula. La nutricionista y coach Anabel Pérez trabaja acompañando a personas en la construcción de una relación más sana y consciente con la comida y con su cuerpo. Porque sí, es posible reconciliarnos con nuestra manera de comer y hacerlo sin culpa ni extremos.
«La cultura de la dieta es un sistema de creencias que tiene como centro la delgadez y el control del peso», explica Anabel. Esa cultura se infiltra como un perfume socialmente adaptado, atribuyéndole a la persona delgada cualidades como disciplina, éxito o salud. Sin embargo, quien no encarga con ese canon de belleza carga con adjetivos como pereza, vagancia o dejadez.
Esta nutricionista destaca que no hace falta seguir una dieta estricta para estar atrapado en ella.»Hemos aprendido a comer de dos formas: haciendo dieta o saltándonosla. Hay frases que Anabel escucha a diario en su consulta: «Hoy vengo a que me riñas», o esa que dice «ya te voy avisando de que este finde me voy a portal mal». Son expresiones que reflejan el bucle emocional en el que vivimos. «Un día tiramos de fuerza de voluntad y al siguiente nos sentimos culpables por haber comido de más. Pasamos del sobrecontrol al descontrol y volvemos a empezar».
Este ir y venir no solo afecta a la relación con la comida, sino también a la salud mental.»Nos han enseñado a creer que hay algo en nuestro cuerpo que está mal. Y cuando una persona se siente así, vive en una lucha constante consigo misma. Es una fuente de frustración, ansiedad y rechazo».
Pero la culpa no hace ninguna distinción según tallas. Ni siquiera quienes cumplen con los cánones de belleza escapan del juicio. «Incluso una persona delgada puede sentirse mal con su cuerpo. Siempre habrá algo que no encaje: la altura, las piernas, la piel. La cultura de la dieta te convence de que nunca eres suficiente».
Un descontento que termina por ser rentable, y la industria lo sabe. «De estas inseguridades viven muchas empresas cosméticas, de textil, de alimentación… Cuanto menos conformes estemos con nuestro cuerpo, más vamos a consumir».
Y a esto hay que añadirle el ‘ruido’ de las redes sociales. «Un día el desayuno es la comida más importante del día, y al siguiente se impone el ayuno intermitente. Estamos saturados de información contradictoria, así que es muy normal que la gente esté confundida: hemos pasado de hacer cinco comidas al día a eliminar comidas enteras». Y en este caos es, precisamente donde se nos olvida escuchar al cuerpo.
«Yo siempre invito a mis pacientes a empezar de cero, a cuestionarse todo: por qué comen, cuándo tienen hambre, si lo hacen por placer, por obligación… La cultura de la dieta nos ha desconectado de nuestras señales de hambre y saciedad, y hay que recuperarlas».
En eso consiste la alimentación consciente. Pero no estamos hablando de una moda, sino de volver a habituar al cuerpo. «La alimentación consciente consiste en prestar atención plena al acto de comer, sin juicios. Es recuperar la intuición. Comer porque tenemos hambre, no porque toca». Y también implica aceptación corporal, una tarea tan necesaria como compleja.

«La aceptación no es pasar del odio al amor de un día para otro. Es un punto medio: dejar de castigarte aunque tu cuerpo no te encante. No se trata de gustarte, sino de respetarte.
Acompañamiento emocional
Mucha gente cree que necesita una dieta, cuando lo que necesita es un acompañamiento emocional. «Casi todos sabemos qué comer y qué no, lo que no sabemos es cómo hacerlo de forma amable. Nos han hecho creer que el problema es la falta de fuerza de voluntad, pero el sistema está diseñado para que fracasemos».
En su trabajo, Anabel intenta invertir la lógica tradicional. «Las dietas te obligan a adaptarte tú a unas reglas durante un tiempo. Mi enfoque es justo lo contrario: encontrar una forma de comer que se adapte a ti, a tu vida y a tu contexto». De ese modo, comer deja de ser una batalla para convertirse en una práctica sostenible, conectada con el placer y la salud real.
A veces la recuperación empieza con una pregunta sencilla: ¿Cuánta energía dedicarías a otras cosas si dejaras de preocuparte por tu cuerpo? La respuesta suele doler porque, en el fondo, el hambre que arrastramos no siempre tiene que ver con la comida.
«Muchas personas viven con miedo a engordar. Detrás está el miedo al rechazo. Vivimos en una sociedad gordofóbica que nos enseña que estar gordo está mal y nadie quiere ocupar ese lugar. Romper esa idea no es un gesto individual, sino colectivo».
Según explica Anabel, significa aprender a mirar de otro modo, a los demás y a uno mismo. «Una alimentación que nutra cuerpo y mente es posible, pero requiere tiempo, paciencia y autocompasión, no fuerza de voluntad ni dietas milagro». Y es que quizás, al final, romper con la cultura de la dieta no sea dejar de comer pan, sino dejar de castigarnos por hacerlo, escuchar al cuerpo y no al algoritmo de TikTok.

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).


