Cultura y Sociedad

‘El tanquista de Tiananmén’: «Mira, ese que ahora pone cañas asesinó a mi padre»

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

El periodista riojano Pablo García-Mancha presenta este martes (19:00 horas – Santos Ochoa) ‘El tanquista de Tiananmén’, su primera novela, que comenzó a armar frente al mar de Poio durante la pandemia. «Cuando tuve horarios, tuve libertad», cuenta el autor, que convierte en ficción su memoria de los años del terrorismo: «ETA no mata, afortunadamente, pero sus herederos están en la mayoría del Gobierno».

-¿Cuánto tiempo le ha llevado escribir esta primera novela?

-Empecé a finales de la primavera del 2020, en Poio, durante la pandemia. Me costó un año y medio, quizá dos. Lo que es escribirlo y vomitarlo todo, así, de tirón.

-¿Y qué le empujó a sentarse a escribir?

-Siempre me ha gustado escribir lo que sucede, pero en el periodismo no había tiempo. Tenía que sobrevivir con mi trabajo. Cuando pasé a la bodega empecé a tener horarios, y al tener horarios tuve libertad. Acababa a las seis de la tarde y tenía la mente lúcida. Entonces empecé a escribir otra historia… y del segundo capítulo nació ésta que ahora presento.

-¿Pretendía escribir una novela desde el principio?

-No, ni me veía capaz ni lo pretendía. Quería escribir. Pero a medida que avanzaba, la historia se fue generando dentro de mí.

El autor escribe su novela en su estudio.

-¿Cómo resumiría El tanquista de Tiananmén?

-Es una historia de amor y de guerra. Un chico se enamora de una chica que acaba entrando en ETA. Y él se da cuenta de que la sigue amando. Ahí está el dilema moral: lo que hacemos y lo que deberíamos hacer.

-¿Cuánto hay de usted en esa historia?

-Viví aquella universidad de Lejona, la tensión, los silencios, los secuestros, la presión de la izquierda abertzale. Todo eso lo tengo grabado, como mis años trabajando en Pamplona. Y años después, también escuché muchas historias como periodista, sobre todo cuando hice ‘Memoria Riojana del Terrorismo’.

-Hay una escena real que parece le marcó profundamente.

-Sí. Fue durante un reportaje. Estuve con un hombre a quien ETA había matado al padre. Me llevó a su pueblo y antes de despedirnos me dijo: «Mira, ése que ahora pone cañas en ese bar asesinó a mi padre». Esa frase se me quedó grabada para siempre. No la he olvidado. Creo que algo cambió en mí desde entonces. Me di cuenta de que no podía limitarme a contar lo que otros me decían; tenía que escribirlo, darle forma, dejar constancia de aquello que muchos prefieren no mirar.

-¿Teme que se esté olvidando todo aquello?

-Hay cosas que no se pueden olvidar. Aunque parece que vivimos una desmemoria terrible. ETA no mata, afortunadamente, pero sus herederos están en la mayoría del Gobierno, y eso es inaceptable moral y éticamente.

Más comunista que un soviético

-¿De dónde surge este título tan singular?

-[Ríe.] Coincidió con un concierto de Silvio Rodríguez en Portugalete. Yo llevaba un gorro y un escudo de la marina soviética y la chica que servía cachis en la txozna me preguntó: «¿Eres prosoviético?». Y yo, para impresionarla, le dije: «No, soy prochino». Lo que quería era follármela, y creí que sería bueno constatar que era más comunista que ella.

-Así que se puede afirmar que por no follar aquel día surge décadas después una novela, ¿no?

-Yo soy el tanquista de Tiananmén, no el que está fuera con las bolsas de plástica intentando frenar el avance del vehículo. Soy el que está dentro del tanque.

-Es una novela que muestra el mundo tan pequeño y tan cerrado del entorno abertzale, que tocaba a todos los aspectos de la vida del individuo.

-Por ejemplo, ella no entiende nada cuando él le pone música de John Coltrane. Para ella la música tiene que estar al servicio de la estrategia política. Ahí está el choque: el deseo, la libertad, la vida frente a la ideología.

En Poio, en las Rías Baixas, comenzó en 2020 un texto que ya es novela.

-¿Por qué no se siente escritor?

-No lo soy. Soy un tío que escribe. Ser escritor es algo muy serio. Para serlo hay que fundirse con la literatura propia. Yo escribo porque me gusta escribir. Nada más.

-¿Cómo fue el proceso hasta que el libro se publicó?

-La mandé a varias editoriales y nadie contestaba. Pensé que sería malísima. Luego descubrí que mi correo había ido a spam. Envié el email desde otra dirección, ya entró en la bandeja correcta y la editorial logroñesa Siníndice me dijo que sí.

-¿Qué sintió al tener el libro en las manos?

-Alegría, claro, pero sobre todo serenidad. Porque este libro no nace de la vanidad, sino de la necesidad. Todavía hay heridas abiertas y víctimas que han demostrado una grandeza moral impresionante. Para mí son el ejemplo.

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