La Rioja

«El bienestar de los abuelos es también el de las familias»

Mónica Camarero (izquierda) y Azahara Soro, supervisora y trabajadora social del Centro de Día Gonzalo de Berceo, junto con las usuarias. | Fotos: Leire Díez

Los centros de día son la primera parada de esa línea conductual que siguen las familias a la hora de delegar el cuidado de sus mayores. Un paso intermedio entre conocer nuevos ambientes, con nuevos retos y distracciones y no desprenderse de su hogar que en la mayoría de casos viene elegido para suplir la soledad no deseada. «Los centros de día son una ventaja tanto para los abuelos como para sus familias porque al final ninguno sufre ese sentimiento, y estigma, de abandono por ambas partes, la que lo padece y la que lo provoca, que tal vez es más común a la hora de elegir una residencia, aunque luego la realidad sea bien distinta. Son un paso necesario para que moralmente las familias no sientan esa culpabilidad», explica Azahara Soro, trabajadora social del Centro de Día Gonzalo de Berceo, en Logroño.

Esta profesional remarca, además, que las familias cuentan con grupos de autoayuda para aquellos ellas y los cuidadores de personas en una situación de dependencia. «Aquí velamos por el cuidado y el bienestar de los mayores, pero esto está también ligado al bienestar de las familias. Así que una vez al mes, en dos grupos, nos reunimos con los familiares y con las personas cuidadoras internas para que expresen sus sentimientos y se desahoguen con tranquilidad y confianza. Desde el área de Psicología y Trabajo Social trabajamos el autocuidado, la gestión emocional, la escucha activa y damos pautas para afrontar las conductas disruptivas que puedan darse», incide.

Y es que el centro de día no es otra cosa que una ampliación de la familia. «No sirve de nada que aquí llevemos una rehabilitación y cuidado del usuario y cuando este va a casa lo tienen sentado en el sofá hasta el día siguiente que vuelve al centro porque así no hay una mejora ni una evolución. Por eso hay que trabajar con la misma afinidad y estar en constante comunicación», remarca por su parte Mónica Camarero, la supervisora.

Ella lleva 14 años en este centro de día, los últimos cinco como supervisora después de una etapa como auxiliar de enfermería. Aunque la geriatría la acompaña desde hace 26 años, cuando empezó a trabajar en una residencia de Logroño como limpiadora. «Ahí pasaba mucho tiempo con las abuelas y me gustaba hablar con ellas y peinarlas, así que me saqué el título de Gerocultura y a partir de ahí estuve trabajando en varias residencias hasta que acabé en Gonzalo de Berceo. Siempre quise trabajar con personas mayores porque siento que me aportan más de lo que yo les puedo dar a ellos. El poder ayudarlos en su etapa final es un placer porque al final es un momento desconocido no solo para nosotras, sino también para ellos y sus familias, así que ese miedo que sienten hay que saber ayudarles a gestionarlo para que no sufran», refleja.

Soro, en cambio, tras una etapa al cargo de niños, decidió que su formación como trabajadora social y educadora social la aplicaría a los más mayores de la casa. «Para mí ellos son sabiduría constante, puro conocimiento del que siempre se aprende. Lo que más me motiva de trabajar con ellos es que siento que, de alguna forma, les devuelvo todo lo que han hecho por nuestras generaciones, por la sociedad en general, así que me esfuerzo en validarlos, valorarlos, escucharlos y no infantilizarlos», asegura esta joven con tres años de experiencia en el cuidado de los mayores, de los cuales la mitad los ha pasado en el Centro de Día Gonzalo de Berceo.

En este sentido, la fijación de rutinas es muy importantes para que los abuelos desarrollen su autonomía, siempre en un entorno seguro, tranquilo y positivo. «Con todo ello hemos conseguido que sientan la necesidad de venir al centro porque saben que les beneficia. De hecho los domingos echan en falta la atención del centro», reconocen ambas trabajadoras. «Y es que esto funciona como una prolongación de su familia. A veces incluso se nos olvidan nuestras propias funciones individuales porque trabajamos todos en equipo para que el usuario esté lo mejor atendido posible».

Este es uno de los 23 centro con los que cuenta La Rioja y ofrece unos servicios a cerca de 200 usuarios distribuidos en siete salas en función del estado cognitivo de cada uno, con el fin de dar una atención más enfocada a cada necesidad. «Ante todo buscamos fomentar la socialización y la integración, si bien es cierto que a veces las particularidades de cada uno son un límite para ello. Además, cada vez tenemos usuarios más jóvenes, con menos de 70 años, cuando antes no era lo habitual».

Unos servicios que van más allá del mero cuidado y atención a los mayores. «Aquí la rehabilitación es un pilar fundamental y para ello contamos con el personal necesario, tanto desde plano médico, como con las enfermeras, terapeutas, psicólogas, fisioterapeutas, auxiliares,… Esto es un equipo multidisciplinar que abarca todas las esferas y con los ratios de personal cumplidos. Pero esto no siempre abunda en otros centros, especialmente en la rama de auxiliares de enfermería, un perfil muy demandado y que tiene mayores carencias en las residencias, tal vez porque manejan un mayor volumen de trabajo. Lo que está claro es que las condiciones en esta rama podrían mejorar por convenio», opina Camarero.

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