Hace apenas un mes, la Asociación de Personas Mayores de Tricio lanzaba un llamamiento en busca de alguien que quisiera hacerse cargo del bar de la plaza, un espacio que había quedado vacío y cuya reapertura se había convertido en una cuestión casi sentimental para los vecinos. El reportaje, publicado en NueveCuatroUno, tuvo una repercusión inmediata. «Nos llamaron por lo menos nueve personas para interesarse», recuerda Chuchi, uno de los miembros de la asociación. Y entre todas esas llamadas, una fue la definitiva: Maite, una hostelera de Nájera, que decidió dar el paso y ponerse al frente del local, devolviendo al corazón del pueblo uno de sus puntos de encuentro más querido.
Maite no llega a ciegas al mundo de la hostelería. Durante varios años había regentado el bar Buenos Aires en Nájera, aunque lo dejó hace algo más de un año para tomarse un respiro. «Ya me aburría», admite y por eso cuando leyó la noticia sobre el bar de Tricio, sintió ese impulso de volver a retomar su actividad. «En cuanto lo vi, llamé enseguida», cuenta. Al principio, su idea era compartir la gestión con otra persona, pero finalmente optó por asumirla en solitario. Desde el 15 de octubre, se ha instalado por completo en la rutina del negocio, con jornadas llenas de entusiasmo que los vecinos han notado desde el primer día.

«El fin de semana hay muy buen ambiente, entre semana es más tranquilo, pero es normal: con la llegada del frío hay menos gente en el pueblo», explica. Aun así, no le falta trabajo ni ilusión. «La gente se está portando de maravilla, me ayudan en todo lo que pueden y me hacen sentir como en casa». En apenas dos semanas, Maite ya ha introducido pequeños cambios: ha comenzado a servir sándwiches, bocatitas y raciones los fines de semana, además de recuperar la barra de pinchos. «El sitio tiene mucho potencial y poco a poco quiero ir haciéndolo mío», asegura.
El bar, situado bajo el edificio del Ayuntamiento, cuenta con una ubicación privilegiada, en plena plaza del pueblo, un espacio sin tráfico donde se mezclan familias, niños y grupos de amigos. Su reapertura era casi una necesidad social. Tricio, con apenas 350 habitantes, había celebrado hace un año la inauguración de este segundo bar como un hito: duplicaba la oferta hostelera y devolvía la vida a su plaza. Sin embargo, la aventura inicial se truncó por motivos personales de quienes lo gestionaban y el local volvió a quedarse en silencio. Hasta ahora. «Perder este bar sería un golpe muy duro para la vida del pueblo», reconoce Chuchi, de la asociación de Personas Mayores. Por eso, la llegada de Maite se ha recibido casi como una fiesta.
La asociación, que gestiona el local municipal, insiste en que el éxito del bar no depende solo de los números, sino del cariño y la cercanía. «Un bar en un pueblo no es solo un sitio para tomar algo: es donde la gente se reúne, donde se cuentan las noticias», subraya Chuchi. Por eso, la reapertura tiene un valor que va más allá de lo económico: devuelve al pueblo un lugar de encuentro y un punto de reunión. Maite lo tiene claro: «Me tengo que poner las pilas, pero merece la pena». Entre cafés y pinchos recién hechos, el bar de la plaza vuelve a ser refugio en el municipio.


