El Rioja

El precio de la uva cae en Ribera y ya está por debajo de Rioja

Nueva vendimia, nuevos problemas. La vecina Ribera del Duero está dando los últimos coletazos de la campaña y lo hace con un malestar generalizado entre el sector productor. La denominación que hasta hace pocas campañas se tomaba como ejemplo en cuanto a valor de los vinos y valor de la uva parece estar abriendo una puerta al desequilibrio entre producción y ventas. Tanto es así que los precios que los viticultores han visto esta campaña llegan hasta los 50 céntimos por kilo de uva -siendo el precio habitual algo superior (en torno a 60-70 céntimos por kilo). Un escenario que se contrapone con lo que se vive en la DOCa Rioja esta presente campaña, cuando los contratos de compraventa de uva firmados por los proveedores han experimentado subidas de precios (más ligeras o más notables en función de las bodegas) con 0,80 céntimos el kilo como precio más habitual (AGE y Marqués de Riscal así lo atestiguan).

Desde tierras castellanas, los productores califican de «bajada injustificada» la caída en los precios de la uva de esta campaña. Desde la organización agraria Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) remarcan que esas bajadas van desde el 15 por ciento hasta el 50 por ciento en algunos casos respecto a años anteriores, frente a unos costes de producción que este año, apuntan, se encuentra en el entorno de 1,25 euros por kilo de uva».

La Asociación de Viticultores de Ribera del Duero y las organizaciones agrarias ASAJA, UPA, COAG y UCCL denuncian en un comunicado conjunto que «resulta muy difícil comprender que haya precios de 0,55 euros el kilo, cuando a fecha 31 de agosto de 2025, y según los datos del Consejo Regulador, se han vendido 1.906.000 botellas más, un 4 por ciento de incremento con respecto al año pasado en las mismas fechas».

Una situación que, «si no se corrige, puede derivan en que la uva que compren las bodegas no tenga la calidad que los vinos de Ribera Requiere». Una situación, añaden, que responde a la proliferación en los últimos años de nuevas plantaciones que «han desembocado en un desequilibrio estructural que compromete el futuro económico y social de los pueblos de la comarca».

A principios de los años 2000 la superficie de esta región vitivinícola, que se reparte entre Burgos, Segovia, Soria y Valladolid, rondaba las 14.000 hectáreas, después de crecer entre 1991 y el 2000 en un 27,7 por ciento con esas nuevas plantaciones. Ese incremento de viñedo ha sido progresivo desde entonces, con nuevas parcelas que han ido incorporándose a la denominación (más de 13.000 hectáreas añadidas en lo que va de siglo, de las que unas 4.000 se han plantado en los últimos cinco años) hasta supera las 27.000 hectáreas en la actualidad.

Esta realidad se une a una bajada del consumo de vino, lo que genera un exceso de oferta, y provoca que el mercado se rompa. «La Denominación de Origen Ribera del Duero puede morir de éxito», sentencian desde ASAJA Burgos. Por otro lado, desde la organización COAG señalan que algunos viticultores, antes del verano, ya recibieron la comunicación de que las bodegas que les compraban habitualmente la uva no mantendrían la relación comercial para esta campaña y es que la tendencia de que las bodegas cada vez se hagan con más superficie de viñedo va en detrimento del número de viticultores que continúan en activo. Las estadísticas que maneja el Consejo regulador de la DO reflejan perfectamente esa pérdida patrimonio humano en los municipios vitícolas: en 2018 había 8.148 viticultores; en 2020 ya eran 7.889 profesionales, mientras que en 2024 la cifra cayó a 5.040.

Por si fuera poco, la vendimia este 2025 será más abundante que la pasada, que dejó un montante de 95,5 millones de kilos (con un rendimiento medio de 3.851 kilos por hectárea), después de cuatro cosechas superando los 100 millones de kilos de uva. A falta de las últimas entregas de uva, la cosecha actual ya roza los 130 millones de kilos (la segunda en cantidad de toda la historia de la DO), si bien ha estado marcada por las inclemencias meteorológicas, como son las tormentas de granizo, y los derivados ataques de mildiu. En este sentido, hay viñedos que han quedado totalmente arrasados que ni siquiera se han vendimiado.

A falta de contar con los datos de este año, cabe recordar que Rioja lideró el crecimiento entre las principales denominaciones del país, con un incremento en la entrega de contraetiquetas de un dos por ciento a cierre de 2024 con respecto al año anterior, lo que supone la entrega de seis millones de contraetiquetas más.

Rioja y Rueda (sólo vinos blancos) sonreían entonces con sus cifras, ya que ambos crecían de manera similar en la entrega de sus contraetiquetas. Con un crecimiento que ronda el dos por ciento, la DOCa entregó 327 millones frente a las 118,3 de la segunda denominación. Ribera del Duero (sólo vinos tintos) permanecía plana en 2024 con un aumento del 0,28 respecto al año anterior al pasar de 90,6 a 90,85 millones.

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