La Rioja

«No podemos desperdiciar un tercio de los alimentos que producimos»

El Parador de Calahorra acogerá este jueves, 23 de octubre, una jornada sobre la nueva Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario, organizada por Cajamar, la Federación de Empresas de La Rioja (FER) y NueveCuatroUno.

La cita reunirá a expertos, empresas y representantes del sector agroalimentario para analizar las nuevas obligaciones que introduce la norma y compartir buenas prácticas para reducir el desperdicio de alimentos. Entre los ponentes estará Miguel Ángel Domene, responsable del Área de Alimentación y Salud de la Fundación Grupo Cajamar, que presentará varios proyectos de innovación orientados a aprovechar mejor los recursos y avanzar hacia una producción más sostenible.

– ¿Qué podrán escuchar las personas que asistan a las jornadas de Calahorra?

– Por nuestra parte, desde Cajamar mostraremos algunos trabajos y casos de éxito que demuestran cómo la aplicación de diferentes tecnologías puede ayudar a reducir de manera importante el desperdicio alimentario. Lo haremos a través de proyectos de investigación que estamos llevando a cabo, centrados sobre todo en el aprovechamiento de un problema muy concreto dentro de la horticultura intensiva: los llamados destríos.

Estos destríos son frutos con alguna imperfección visual y que, aunque tienen un sabor excelente, no resultan comercializables. Tomates, pimientos, berenjenas, calabacines, pepinos, melones o sandías… todos ellos pueden presentar un defecto estético pero conservar perfectamente sus cualidades. Y eso hay que aprovecharlo.

– ¿De qué magnitud estamos hablando cuando hablamos de desperdicio?

– Para que se entienda la dimensión, una comercializadora representativa del sector hortícola almeriense puede generar un modelo de negocio alternativo con esos destríos equivalente a unos tres millones de euros.

A nivel general, las pérdidas pueden variar entre un 5 y un 15 por ciento de la producción. El sector se está volviendo más sostenible y está adoptando medidas que ayudan a reducir esas cifras, pero debemos seguir trabajando para minimizar el desperdicio. No podemos olvidar que organismos como la ONU estiman que se desperdicia un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial. Son datos inasumibles, sobre todo teniendo en cuenta el crecimiento demográfico que se avecina y la necesidad de producir más alimentos. Parte de la solución pasa por aprovechar mucho mejor lo que ya tenemos.

– ¿Qué tipo de innovaciones está desarrollando Cajamar para hacer frente a este problema?

– Trabajamos en varias líneas. Una de ellas es el desarrollo de envases sostenibles elaborados con materiales biodegradables y home compost, alternativos al plástico tradicional. Estos envases están además funcionalizados con extractos naturales obtenidos de productos hortícolas, con propiedades bactericidas, fungicidas, herbicidas, viricidas o insecticidas, lo que ayuda a alargar la vida comercial del alimento.

También estamos investigando cómo aprovechar subproductos agrícolas —hojas, tallos o restos de biomasa— para extraer compuestos funcionales con valor añadido. Esto abre la puerta a nuevos modelos de negocio circulares, en los que se valoriza todo el cultivo y no solo el fruto.

– ¿Y es posible aumentar la producción y la calidad de los alimentos siendo sostenibles?

– Sí, aunque requiere esfuerzo y un cambio de mentalidad. Estamos avanzando hacia la reducción de insumos inorgánicos, algo que no es fácil, pero sabemos que es posible. Trabajamos con empresas y en proyectos nacionales y europeos que buscan mejorar la eficiencia nutricional de los cultivos mediante bioproductos naturales aplicados al suelo. Estos actúan como prebióticos, favoreciendo la absorción de nutrientes ya presentes en el terreno, lo que permite reducir el uso de fertilizantes químicos y sus efectos medioambientales.

En el fondo, la realidad de un alimento empieza en el suelo. Pero también es clave actuar en la cadena de distribución, aplicando tecnologías que aumenten la vida comercial del producto y reduzcan las pérdidas. Incluso en la fase final, una vez elaborado o procesado, se pueden desarrollar alimentos más naturales, con una vida útil más larga. En uno de nuestros proyectos, por ejemplo, hemos logrado estabilizar productos frescos para conservarlos durante 24 a 48 meses, reduciendo drásticamente el desperdicio.

– La nueva ley introduce también obligaciones para las empresas. ¿Qué medidas destacaría?

– Desde el punto de vista normativo, la ley busca que las empresas implanten modelos más sostenibles. Hay casos muy interesantes, como el de las compañías que comercializan productos bajo la etiqueta “no perfectos”. Son alimentos con alguna imperfección estética, pero con todas las propiedades nutricionales y organolépticas intactas. El consumidor, además, se beneficia con un precio algo más bajo.

La normativa también pone el foco en la higienización, que hasta ahora dependía de ciertos compuestos que no siempre eran inocuos. La buena noticia es que ya existen tecnologías alternativas, seguras y eficaces, que garantizan una alimentación más saludable. En definitiva, se trata de que el alimento vuelva a ser, como decía Hipócrates, nuestra mejor medicina.

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