Bruce Hamilton llegó hace apenas siete meses a Logroño desde California con su familia, y desde entonces no ha dejado de sorprenderse. Lo curioso es que ha decidido contarlo al mundo, cámara en mano, paseando por calles, parques, bares y restaurantes de la capital riojana. Su último vídeo en YouTube, grabado íntegramente en escenarios bien reconocibles para cualquier logroñés, se ha convertido en una divertida carta de amor (y asombro) hacia la vida al estilo riojano.
En su canal, el estadounidense relata con tono cercano todo aquello que le choca de su día a día en España, aunque sus seguidores más atentos han descubierto pronto que muchas de sus escenas están rodadas en Logroño: terrazas del centro, supermercados locales o parques donde los niños corren hasta bien entrada la noche. «Hola, me llamo Bruce. Me mudé de California a España hace siete meses y, curiosamente, estas cosas son normales aquí», arranca su vídeo entre risas.
Lo que para los riojanos es costumbre, para él es casi ciencia ficción: cenar a las diez de la noche o más tarde, salir a tomar algo con niños en pleno verano sin mirar el reloj, o descubrir que «una caña o un vino pueden ser más baratos que el agua». «¿Estas cosas son totalmente normales aquí?”, se pregunta, con la sinceridad de quien aún no se ha acostumbrado a la vida sin prisas ni horarios rígidos.
También le llaman la atención los pequeños detalles domésticos: las persianas metálicas («¡que bloquean toda la luz del sol!») y que piensa en trasladar a la soleada California, los suelos de baldosa sin rastro de moqueta, o que «la leche y los huevos se vendan sin refrigerar». En el vídeo se le ve recorriendo supermercados riojanos sorprendido por la variedad de pescados, mariscos o cortes de carne que rara vez se encuentran en los lineales de su país.
Pero hay más: Bruce se maravilla ante lo que aquí consideramos lógico, como cerrar un negocio durante semanas en agosto o ver a los niños jugar hasta tarde en plazas y parques. «En Estados Unidos, esto sería impensable», confiesa, mientras recorre algunas de las zonas más transitadas de la ciudad.
El californiano también se ha atrevido a comentar el paisaje urbano: pisos en lugar de casas, calles peatonales donde todo se hace andando, y esa forma de socializar que tanto caracteriza al norte. «La gente realmente se toma su tiempo para hablar y disfrutar juntos», dice. No falta tampoco su sorpresa ante la libretita de vacunación infantil o la permisividad con un consumo moderado de vino en momentos sociales, en una afirmación, la que de «las mujeres embarazadas toman un poco de vino», que ha generado muchas respuestas en contra.
En poco más de cinco minutos de vídeo, Bruce Hamilton ha conseguido condensar un retrato espontáneo y amistoso de Logroño a través de los ojos de un recién llegado. Sin pretenderlo, su mirada foránea ha captado en parte la esencia de una ciudad donde la conversación se alarga, el tapeo es casi un ritual y la vida se saborea a un ritmo muy distinto al californiano.
Porque, al final, lo que más sorprende a Bruce no son las persianas, ni los horarios, ni el precio del vino: es descubrir que, en Logroño, lo normal es disfrutar.


