Los agricultores riojanos ya dan por sentenciada la campaña de la colza 2025-2026. El momento ideal de siembra de esta oleaginosa se concentra en la primera quincena de septiembre, si bien durante todo este mes es óptimo sembrarla. Eso sí, para que se dé esta situación es imprescindible que haya suficiente humedad en la tierra para que la semilla germine bien, una realidad inexistente este año.
Esto ha provocado que la superficie sembrada ser notablemente inferior a la del año pasado y es que cabe recordar que en 2024 la humedad acompañó en el momento de la siembra y, además, en abundancia, por lo que fueron muchas hectáreas las que se sumaron a esa campaña respecto a la anterior, la de 2023. La nascencia fue perfecta y, de hecho, las luvias estuvieron presentes durante todo el ciclo, favoreciendo así un buen desarrollo de este cultivo. Esta primavera pasada, cuando el amarillo chillón inundaba el paisaje agrícola de la región, había colzas que incluso alcanzaban los dos metros de altura.
Un amarillo, sin embargo, que no abundará de cara a la primavera de 2026. José Luis Maeztu, agricultor de Alesanco, calcula que «en torno al 80 por ciento» de los que sembraron el año pasado colza, este año han decidido no hacerlo. Y el suyo es un ejemplo: «Nunca habíamos visto un año tan seco en el momento de la siembra porque otras veces, aunque había sequía, para estas fechas ya había llovido algo y se podía sembrar. Ahora la colza tendría que estar ya incluso nacida, pero el 2026 ya es un año perdido para la colza».
Algún productor de la zona sí ha hecho siembra directa, pero reconoce que, «viendo las previsiones de sequía que hay, supone arriesgarse mucho porque también se necesita agua tras la siembra». Recuerda que hace tres o cuatro campañas tuvo que levantar varias fincas porque tras sembrar la colza no llovió nada y eso hizo que se perdiera mucha semilla. «Lo del año pasado fue algo perfecto. En mi caso sembré más hectáreas porque fue todo rodado, llovió a tiempo, se pudo sembrar bien y, además, luego la lluvia se mantuvo. Fue todo muy bien».
Este rechazo a la colza durante esta campaña ha obligado a Maeztu a reorganizar todos sus planes de siembra y distribución de cultivos para cumplir así con las condicionalidades de la PAC fijadas en los ecoesquemas, como es la rotación de cultivos, con un porcentaje mínimo de la superficie destinada a especies mejorantes (como leguminosas y oleaginosas): «De esta forma, al no sembrar nada de colza, voy a tener que sembrar más leguminosas, como son guisantes. Pero ya tengo la mala experiencia con estos porque son menos rentables y ha habido años que ni tan siquiera los he cosechado, así que ya sé casi con seguridad que no voy a coger nada».
Óscar Bobadilla, en cambio, sí ha apostado un año más por la colza, pero con un 50 por ciento menos de superficie sembrada que hace un año. Lo ha hecho, además, en las zonas más frescas donde cultiva, como son las tierras de Matute, «donde se agarran más las nieblas y hay alguna tormenta que llega de la Ibérica». «Aquí sembramos gracias a los 20 litros que cayeron en San Mateo y que permitieron dar oxígeno, pero después no ha acompañado el tiempo porque no ha vuelto a llover, así que el problema está en que no sabemos si van a nacer o no. Algunas plantas sí están naciendo pero son las menos y si esta situación continúa, habrá que levantar las fincas», apunta este agricultor de Baños de Río Tobía.
Temores más allá de la colza
El otoño viene bastante seco y ya no solo para la colza, sino para el campo en general y es que todo apunta a que será una «siembra complicada» si no cae nada en las próximas semanas. «Sí que es cierto que de cara al cereal hay más margen de tiempo, y si no se puede sembrar trigo, se siembra cebada, pero si no llueve se va a complicar todo mucho más porque no vamos a poder mover tierra, ni echar el herbicida para controlar esas malas hierbas antes de sembrar. Así que solo queda confiar en que si no llueve este mes, lloverá al siguiente», refleja el de Alesanco.
Unas malas hierbas, apunta Bobadilla, que ni siquiera están naciendo. «La falta de agua está retrasando también todas las labores previas a la siembra, por no hablar de que la paja de la cosecha no se descompone y hay mucha cantidad de la última siega porque la cosecha vino abundante. Para quienes hacemos mínimo laboreo como es mi caso, con el cultivador o el chísel para remover la tierra, necesitamos que esa paja se descomponga», añade este agricultor de Baños de Río Tobía.


