Educación

Estudiantes de ida y vuelta: cuando Erasmus te cambia

El programa Erasmus ha traído a 59 alumnos a la Universidad de La Rioja y ha permitido a 175 estudiantes riojanos hacerlo en otros países

El programa Erasmus se ha convertido en una de las experiencias más transformadoras para miles de jóvenes. Más allá de estudiar en otro país, representa una oportunidad para crecer, ganar independencia y descubrir el mundo. Vivir en el extranjero impulsa la madurez personal, mejora las competencias lingüísticas y abre puertas profesionales en un entorno cada vez más global. Pero, sobre todo, el Erasmus enseña a adaptarse, a valorar lo propio y a mirar la vida con una curiosidad renovada.  Y eso es, precisamente, lo que está viviendo Lucía, una joven riojana que estudia en la Universidad de La Rioja y que ha cambiado las calles de Logroño por las playas de Sídney o Undine, una joven Letona que lleva unas semanas ya dando clase en las aulas de la universidad riojana.

No son las únicas. La Universidad de La Rioja acoge durante el primer semestre de este curso a 59 estudiantes internacionales procedentes de 14 países. La mayoría son mujeres y cursarán principalmente estudios de Administración y Dirección de Empresas, Lengua y Literatura Hispánica, Ingeniería Informática y Enología.

Por otro lado, 175 estudiantes de la Universidad de La Rioja realizarán una estancia en el extranjero gracias al programa Erasmus. 62 chicos y 113 chicas que están en países como Portugal, Italia o Polonia. Unas cifras que reflejan el dinamismo internacional de la Universidad de La Rioja y su compromiso con la formación global de su alumnado.

Con la maleta cargada de ilusión y también de incertidumbre, Undine, una joven de 22 años llegó desde Letonia a Logroño para cursar un semestre de Erasmus. Su destino: la Universidad de La Rioja, donde completa su cuarto año del grado en Relaciones Interculturales entre España y Letonia. «Es mi último curso y quería una experiencia diferente a la de mis compañeros. Ellos están en ciudades grandes, pero yo prefería un sitio más tranquilo. Por eso elegí La Rioja», explica con una sonrisa tímida y demostrando que su español es mucho mejor de lo que ella misma cree.

Es la primera vez que Undine pisa España. Hasta ahora, lo único que conocía del país eran imágenes a través de Google Maps y algunas lecturas. Por eso, cada día en Logroño se ha convertido en una sorpresa: los paseos al sol, el ambiente de la Calle Laurel, las tapas que le parecen irresistibles y los horarios españoles, que aún le cuesta asimilar. «Me sorprende mucho que la vida nocturna empiece tan tarde. Aquí la gente sale a las 11 o 12 de la noche. Para mí eso es muy tarde, pero me estoy acostumbrando», cuenta entre risas.

El programa Erasmus le ha llevado a compartir piso con un chico chipriota y a convivir con otros estudiantes internacionales. «Nos apoyamos mucho entre nosotros porque todos estamos en la misma situación: lejos de casa, de la familia y del idioma materno. Esa experiencia compartida nos une», asegura. Aunque reconoce que a veces se siente un poco sola, ha encontrado en sus compañeros de Erasmus un círculo cercano con el que recorrer España. Ya ha visitado Bilbao y pronto viajará a Madrid con la universidad. «Quiero aprovechar para conocer más ciudades, más cultura… y sobre todo, más comida. Hasta ahora mi favorita son las patatas bravas».

Undine cursa varias asignaturas tanto con estudiantes de primero como con alumnos de cuarto. La diferencia de niveles le ha permitido conocer a más gente y comprobar de primera mano lo que significa estudiar en un entorno nuevo. «Mis compañeros son muy amables. Siempre me preguntan cómo estoy y me ayudan mucho».

Su llegada coincidió con las fiestas de San Mateo. Aunque estuvo enferma gran parte de la semana, pudo vivir algunos momentos clave. «Estuve en el ¿cohete? fue impresionante».

La adaptación no está siendo sencilla en todos los aspectos. «A veces estoy un poco triste porque echo de menos a mi familia. Intento pensar que es solo un semestre y que debo aprovecharlo al máximo», dice con madurez. Lo que más extraña, además del calor del hogar, son los horarios gastronómicos de Letonia. «Aquí hacéis todo muy tarde».

Pero si algo ha conquistado a Undine desde el primer día es el clima. «En Letonia no tenemos tanto sol. Aquí hace calor, hay luz todos los días y me encanta poder salir a la calle en pantalón corto», confiesa. Esa energía nueva, unida al ritmo más pausado de Logroño frente a las grandes ciudades, le confirma que acertó en su elección.

Lucía , que estudia el grado de Educación Primaria en la Universidad de La Rioja, vive ahora en Sídney. Ha cruzado medio mundo para pasar allí un año, inmersa en una experiencia que —según cuenta— está superando todas sus expectativas. «Siempre había querido vivir algo así. Irme a otro país, conocer gente de todo el mundo, una cultura distinta… El Erasmus me parecía la oportunidad perfecta», confiesa entusiasmada.

Su destino no fue elegido al azar. Australia le ofrecía justo lo que buscaba: un entorno académico diferente y la posibilidad de mejorar su inglés mientras vivía una aventura única. «Este país siempre me ha atraído mucho, por su estilo de vida, por su naturaleza… aquí hay animales y plantas que no vas a encontrar en ninguna otra parte del mundo», explica. Además, cree que estudiar en un sistema educativo tan distinto al español le está ayudando a descubrir «nuevos puntos de vista y formas de enseña», algo que considera valioso para su futura carrera docente.

Sídney, su nuevo hogar, la ha sorprendido por su equilibrio entre lo urbano y lo relajado. «Aunque es una ciudad enorme, la gente vive sin prisas, con un ritmo mucho más calmado que en otras grandes ciudades». Uno de los aspectos que más le fascina es la relación que los australianos tienen con el aire libre. «Aquí la gente aprovecha cada momento para estar fuera. A las cinco de la mañana ya ves grupos haciendo surf, corriendo, nadando o practicando yoga, aunque sea invierno y el agua esté helada».

Eso sí, desde la distancia también hay cosas que echa mucho de menos. «Sobre todo a mi familia, mis amigos… y la comida», reconoce riendo. «Echo de menos salir de clase, ir a la cafetería y pedirme un pincho de tortilla. O esas tardes en una terraza charlando con los amigos, algo tan nuestro en La Rioja y que aquí no se vive igual».

De momento, Lucía asegura estar encantada con su nueva vida: «Australia lo tiene todo: playas impresionantes, bosques, desiertos… Es un país que sorprende cada día. Me siento afortunada de poder vivirlo».

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