Cultura y Sociedad

Aquí no hay quien viva (ni compre): «Antes era como la plaza de un pueblo»

Hace años, la Plaza del Mercado de Logroño llegó a albergar más de quince comercios. Felicidad trae apuntados en una lista todos ellos y los va ubicando donde, a día de hoy, solo quedan verjas cerradas o bares. Muchos bares. Hay quienes dicen que hasta son demasiados.

El último en cerrar fue La Galería, ubicado en los soportales de plaza y que resistió hasta este verano. Era el último comercio en pie. Ahora, la plaza está tomada por las terrazas y, los domingos por la mañana, por un mercadillo donde puedes adquirir las cosas más pintorescas.

Feli Gracia y Araceli Crespo, madre e hija, saben bien de lo que hablan. Durante décadas, regentaron la histórica tienda El Barato. Así que no hay mejores testigos de los cambios que ha vivido la plaza en las últimas décadas.

«Cuando era pequeña, todo esto estaba abierto», recuerda Araceli. No sabe en qué crisis fue exactamente cuando los comercios comenzaron a cerrar. Eso, sumado a que muchos de los propietarios históricos se jubilaron y no encontraron relevo, fue el caldo de cultivo perfecto para la lenta desaparición del comercio de la plaza.

Una juguetería, una cuchillería, tiendas de alimentación, de chucherías, una farmacia, una alpargatería, un anticuario… De todo, había de todo. Incluso había un bar donde ahora se ubica El Submarino. ¡Uno solo para toda la plaza! Parece impensable un tiempo en el que el mar de sillas y mesas apiladas por la mañana y terrazas abarrotadas tarde y noche en el que se ha convertido la plaza fuera eso: una plaza de barrio.

«Era un punto neurálgico de la ciudad», recuerda Araceli. «Esto ha sido como una plaza de un pueblo, todo el mundo que pasaba se saludaba», añade Feli. «Ahora es un centro donde vienen a cagarnos, a vomitarnos y a mearnos», termina sentenciando Araceli.

La Plaza del Mercado ha vuelto a ser un punto neurálgico de la ciudad, sí, pero no de la manera que esperaban sus vecinos. Iratxe Apeztegia, la presidenta de la asociación Demanda Casco Antiguo de Logroño, ya alertaba hace unos meses de que el fenómeno conocido como ‘eventificación’ estaba destrozando el barrio. Madre e hija dan fe de eso: «Todos los días hay algo, es continuo. Es un abuso contra la gente que estamos viviendo aquí. No nos dejan vivir. Se ha convertido en el parque temático, pero se han olvidado de los vecinos». Lo que ya no hay son comercios en los que comprar y hacer vida de barrio

Pasado y futuro

Pero, como siempre, hay un resquicio por donde se cuela la esperanza. Recientemente, la diseñadora María Heras decidió devolver a la vida el local de El Barato y abrir ahí la tienda de su marca, Bynds. ¿Lo que más le gustaba del local? «Que tenía mucha historia». Además, cuando contactó con Feli sintió un flechazo: «Llamándose Felicidad, nada puede salir mal».

María es de las que opinan que hay que devolverle, poco a poco, la alegría que da el comercio a la plaza y es incapaz de entender «cómo es posible que esté todo tan abandonado».

La noticia fue, para Feli, «la mayor felicidad del mundo». Ella tenía claro que no quería que su local se convirtiera en un bar. Antes prefería mantenerlo cerrado o dejárselo de merendero a sus nietas. Eso fue justo lo que hizo hasta que María la contactó.

Las tres esperan que la plaza vuelva a ser, en algún momento, lo que fue en el pasado: un lugar en el que los vecinos podían hacer vida más allá de las terrazas. Porque el problema no es el comercio en sí, que como recuerda Feli «funcionaba muy bien». El problema es que muchos de los dueños se jubilaron, otros se hartaron de la situación y no son pocos los comerciantes que no ven en la plaza el lugar idóneo para emprender. Por lo que sea.

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