A todo logroñés se le hincha el pecho al cantar eso de que aquí nadie se siente extranjero. Pero qué bonito es cuando se hace realidad.
A sus 52 años, Yira Villaquiran siente que esta es su «casa», su «hogar» y siente que ya es «parte de La Rioja». Y no es para menos. Hace más de veinte años se vio forzada a salir de su país, Ecuador, y venir a vivir a España con la que entonces era su pareja.
«En aquella época en mi país era horrible. Te señalaban y te gritaban por la calle: ahí va la maricona esa –recuerda–, era un sinvivir». Incluso a la familia de su pareja le llegaban a gritar e insultar: «Llegó a un punto en que ya no permitían que fuéramos amigas ni que estuviéramos juntas, así que teníamos que vernos a escondidas y, al final, decidimos venirnos a Europa».
Dicho y hecho. Yira y su expareja cogieron un vuelo de Quito a Madrid y «de Barajas vinimos a Logroño» hace ya 25 años y, desde entonces, no se ha movido nunca de Logroño (ni lo va a hacer salvo causa de fuerza mayor): «Aquí soy tan feliz que no pienso en irme».
Esta tierra le ha dado la oportunidad de vivir su sexualidad de manera abierta, sin miedos: «Para mi, La Rioja sí que es un lugar seguro. En ningún momento me he sentido mal visto, ni acosado, ni nada. Nunca me he escondido». Sin embargo, rápidamente añade: «Por ahora. No te puedo decir mañana o dentro de cinco años». Parece ser que las personas LGTBIQ+ están condenadas a vivir siempre con la posibilidad de sufrir una agresión. Sea donde sea.
Más de una vez Yira y su mujer, con la que lleva ya «tres años felizmente casado», han acaparado las miradas cuando paseaban por las calles logroñesas: «Por la espontaneidad del beso, del abrazo…la gente a veces se queda mirando como preguntándose si vieron bien». No lo cuenta molesto. Ni si quiera preocupado. Lo hace hasta riéndose, bromeando: «La gente es muy curiosa, a nosotras nos causa risa».
El viaje de Yira ha ido mucho más allá de traspasar fronteras. Este mismo año, en concreto, el 25 de marzo, empezó su transición: «Nunca es tarde. Estoy muy feliz con lo que he hecho. Cuando vi el apoyo al cien por cien de mi pareja me atreví a dar el paso. Gylda me ayudó mucho en todo el proceso, me orientaron y me dieron ese empujón que necesitaba».
«Aquí he sentido el apoyo de toda la gente de mi entorno: de mi jefe, compañeras de trabajo, excompañeros… en todas partes me han apoyado, mucho», cuenta emocionado. Y también ha contado con el apoyo incondicional de su familia: «Mis padres, mi hermana y mis sobrinos estuvieron el día de mi matrimonio, arropándome y todos están muy contentos con mi pareja. Mis padres están muy contentos con su nuera».
Yira nunca ha sentido la necesidad de esconderse desde que llegó a La Rioja y esta tierra le ha servido como el hogar donde poder vivir su identidad y su sexualidad plenamente. Lo dicho, qué bonito es cuando la letra del himno se cumple.


