Logroño se recupera de unas fiestas de San Mateo que nacieron marcadas por la polémica en sus preparativos y que ahora, quemada ya la cuba, se someten a una necesaria evaluación en busca de la excelencia en sus próximas ediciones. Más allá del detalle con trazo fino en cada uno de los momentos clave de los festejos, la principal conclusión refrenda dos tesis evidentes.
La primera de ella es que no por añadir días al programa se gana en emoción. En el caso de Logroño parece más bien lo contrario: siete días de fiesta (más otro fin de semana de prórroga) se antojan excesivos por una escasez de oferta que dejó la tarde-noche del miércoles sin propuestas y que salvó la mayor parte de los días a golpe de charangas, degustaciones y paradas en la Casa de Andalucía.
La segunda tesis subraya que el éxito está garantizado siempre que las propuestas fomentan la participación ciudadana y la gente tiene opción de ‘hacer suyos’ los actos. A menor número de vallas y ‘zonas VIP’ para autoridades, mayores cotas de diversión y emoción. Urge, por tanto, encontrar el modo de impulsar la participación colectiva en muchos eventos de las fiestas que parecen sometidos a una sensación de rutina que amenaza con su extinción más pronto que tarde.
Vendimiadores y pregonero
Iniciemos este pequeño examen final de los sanmateos con los actos previos al pistoletazo de salida de las fiestas. La proclamación de los Vendimiadores y el acto del pregón son propuestas interesantes para animar los prolegómenos del cohete, si bien ambas cuentan con margen de mejora a la hora de buscar una mayor implicación ciudadana.
Especialmente, el pregón de San Mateo, que resulta algo desangelado por la elección de la Plaza del Ayuntamiento como escenario en horario laboral. Pero, sobre todo, por la ausencia de algún tipo de complemento que invite a la ciudadanía a arropar al pregonero, figura recuperada para la ciudad el pasado ejercicio que precisa de una vuelta de tuerca en su puesta en escena.

FOTO: EFE/Raquel Manzanares.
El gran momento de las fiestas
El disparo del cohete es, sin lugar a dudas, el momento más destacado de las fiestas de San Mateo. Sin el altavoz mediático nacional del que sí goza Pamplona, el inicio de los sanmateos supera en concurrencia (en torno a 50.000 personas este año) al de los sanfermines, convirtiéndolo en uno de los eventos más populares del calendario festivo en el norte de España.
Un evento que destaca, además, por el sano ambiente imperante (no hubo incidentes que lamentar) y por la implicación de toda la ciudadanía, que aparca sus diferencias para celebrar al unísono. El cohete es un acto que funciona gracias a esa participación popular, al margen de que los cambios que se han ido introduciendo en diferentes etapas (repetición del Himno a Logroño hasta en tres momentos este año o los parlamentos de los Vendimiadores).

FOTO: EFE/Raquel Manzanares.
Un éxito seguro
En un momento en el que el mundo del toro capea como puede la falta de relevo generacional en los tendidos, los espectáculos de vaquillas se han convertido -por derecho propio- en los reyes de las mañanas de fiestas en Logroño. Bien por tratarse de una tradición que ha sabido renovarse, bien por la vistosidad de las sueltas, la plaza de toros no ha caído ninguna jornada por debajo de la mitad de su aforo (10.000 espectadores).
Mención especial para la matinal del lunes (día festivo), que obligó incluso a cerrar las puertas del recinto al alcanzarse el lleno de los tendidos. La organización ha sabido aprovechar la afluencia masiva de público para tratar de difundir la cultura del toro -en todas sus variedades- entre las generaciones más jóvenes. En el aspecto negativo, accidentes como los que originaron dos heridos graves en las dos primeras jornadas del programa o la rotura de un asta por parte de una de las reses invitan a buscar fórmulas que permitan incrementar la seguridad en una actividad que lleva el riesgo inherente a su naturaleza. La decisión de eliminar las ‘tijeras’ metálicas tras estos incidentes no puede considerarse más que acertada.

Música en vías de mejora
Durante las semanas previas a San Mateo corrieron ríos de tinta acerca de la programación musical de las fiestas, debido al importe de la contratación y a las expectativas generadas en torno al concierto «top» de Mikel Izal. Como las críticas conviene hacerlas a toro pasado y nunca antes, hay que decir que Izal ofreció en Logroño un concierto digno de fiestas, ante unas 12.000 personas. Respecto a años anteriores, su actuación aportó un nivel técnico superior en cuanto a la puesta en escena (dimensiones del escenario, pantallas para poder visionar mejor el espectáculo).
Dicho esto, también es justo reconocer que una capital de provincia como Logroño merece más actuaciones de este tipo durante sus fiestas. Porque -con todo el respeto a La Rock-A y a Puro Relajo- un único concierto de las ‘grandes ligas’ durante todos los sanmateos se antoja escaso. Con todo, el balance musical de las fiestas vuelve a ser, un año más, deficiente.

Paso atrás de las carrozas
Ningún otro acto reúne mayor protagonismo de las peñas de Logroño que el desfile de carrozas durante las fiestas de San Mateo. Un evento multitudinario y colorido que en esta ocasión, después de dos años celebrándose en horario matinal, ha recuperado la última franja del día. Y lo cierto es que esta ubicación en el calendario debe considerarse como un paso atrás, pues el acto pierde en lucimiento, más aun cuando la tarde -como fue el caso- se presenta fría y lluviosa.
Las ganas de fiesta por parte de los peñistas está fuera de toda sospecha, al igual que su esfuerzo por presentar diseños cada vez más ambiciosos y elaborados. Por este mismo motivo, duele que una mala elección de horario lo eche a perder. Bueno sería recuperar la mañana para que -aun coincidiendo con el acto institucional del Pisado de la Uva- las carrozas puedan lucir en todo su esplendor.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
El Pisado y el Pisado Popular
Los dos eventos que dan sentido al binomio San Mateo-Fiestas de la Vendimia siguen contando con un amplio margen de mejora. Y eso pasa, ineludiblemente, por permitir y fomentar la participación del mayor número de asistentes. Por exigencias climatológicas (amenaza de lluvia) el acto institucional del Pisado de la Uva volvió a trasladarse al patio interior del instituto Sagasta, con sus pertinentes exigencias de aforo. No obstante, cuando el Astro permita regresar al Espolón, convendría abrir más al público este icónico acontecimiento de las fiestas (en Rioja Alavesa, por no irnos demasiado lejos, el Pisado es un evento popular, donde cualquiera puede ver de cerca cómo se transforma en mosto la uva).

Sin pretextos meteorológicos, el Pisado Popular cuenta con una participación casi testimonial bajo su actual fórmula. Más allá de los invitados a pisar la uva y a los familiares de los niños de San Bernabé son escasos los logroñeses que se acercan a la Plaza del Ayuntamiento para contemplar de cerca un acto absorbido por cierta rutina. Resulta preciso darle una vuelta de tuerca para lograr que el Pisado sea, en efecto, popular.

Sabrosas fiestas
A nadie sorprende ya el auge que han adquirido los principales acontecimientos gastronómicos durante los sanmateos. Tanto en el concurso de calderetas como en la exaltación de chuletillas las mesas apenas duran un suspiro cuando se ponen a disposición de los participantes. Su éxito está garantizado y son actividades que reúnen en torno a una misma mesa a familias de todas las generaciones, amigos y conocidos con la excusa de celebrar a golpe de paladar.

Precisamente por eso resulta incomprensible mantener las limitaciones y no abrir ambas citas a una mayor participación, tanto en la Avenida Gonzalo de Berceo -la anchura de la vía permite multiplicar la disposición de mesas-, como en Avenida de Colón y sus respectivas calles aledañas. Cuando la voluntad existe tan solo resta centrar los esfuerzos en disponer los medios necesarios para que las calderetas y las chuletillas lleguen a tantos logroñeses como sea posible.

Menos fuegos artificiales
Una de las grandes decepciones de estas fiestas que ya han llegado a su fin han sido los espectáculos de fuegos artificiales. Y no por su calidad, sino por su volumen. Cuesta comprender que los recortes del programa afecten a uno de los actos más concurridos año tras año.
El Ayuntamiento de Logroño ha destinado el mismo presupuesto (69.450 euros) que el pasado año para la contratación de estos espectáculos, que en esta edición de las fiestas han perdido una cita por el camino: en 2024 hubo tres noches de fuegos y otra de drones, por las tres noches de los actuales sanmateos.

EFE/Raquel Manzanares
Cierre ‘en falso’
Por más que la ciudad lo tenga más que asimilado, no deja de resultar anómalo dar por finalizadas las fiestas cuando aún no se han celebrado algunos de los actos imprescindibles de los sanmateos: la exaltación de chuletillas, la final de la feria de pelota y eventos folclóricos como el Festival de Jotas o la ofrenda floral a la Virgen de Valvanera.
Una anomalía que quedaría resuelta con la simple maniobra de trasladar al domingo la Quema de la Cuba o comprimiendo los actos del fin de semana a los días previos (algunas jornadas de fiestas destacan por la ausencia de acontecimientos reseñables). Mientras eso no suceda, los visitantes foráneos pierden la oportunidad de conocer algunas de las tradiciones más arraigadas de Logroño, al dar por hecho que las fiestas acabaron, de facto, la noche del viernes.

FOTO: EFE/ Fernando Díaz.
Errores a subsanar
Al igual que las evaluaciones en el curso escolar, reseñar las debilidades de las fiestas no tienen mayor propósito que invitar a una reflexión para subsanar esos borrones del calendario festivo. Algunos de ellos, de difícil justificación, como el cobro de 2 euros por el uso de los hinchables por parte de los más pequeños (ninguna buena ‘caja’ compensa el daño reputacional sufrido durante estos sanmateos).
En el capítulo de quejas, los lectores de NueveCuatroUno también han reseñado problemas organizativos en la Cata Urbana del pasado jueves en el Paseo del Espolón. Las mismas aluden a deficiencias en los controles de acceso que provocaron que «la gente se colaba impunemente, generando malestar entre los asistentes» y, sobre todo, un precio de la entrada (12 euros) que no satisfizo las expectativas de algunos participantes, pues «la gran mayoría apenas pudimos consumir dos vinos y un pincho debido a las larguísimas esperas en las colas».
Pero por encima de todo lo anterior, la principal carencia de las fiestas de Logroño ha vuelto a ser la ausencia de un recinto alternativo a un programa oficial copado por degustaciones y poco más. Una ciudad como la capital riojana no puede permitirse el lujo de celebrar el próximo año unos terceros sanmateos sin el añorado Espacio Peñas.


