El Rioja

Mil años de resistencia entre las murallas de Laguardia

Casa Primicia, en Laguardia, es la bodega original más antigua de España al conservar la estructura inicial donde ahora se crían algunos de sus vinos

Iker Madrid, en los calados de la histórica Casa Primicia en Laguardia. | Fotos: Leire Díez

En el número 78 de la calle Páganos de Laguardia llaman la atención una ventana ajimezada, con esos dos arcos de medio punto idénticos y divididos por una columna. Un diseño de la arquitectura medieval que luce en una de las fachadas de un edificio datado del siglo XI. Una construcción de piedra de sillería, rodeada por unas murallas por aquel entonces construidas con fines defensivos, que ha sobrevivido con su estructura original a los diferentes conflictos bélicos y al paso del tiempo, lejos de la suerte que corrieron las edificaciones de adobe o de madera de aquella época. Este palacete, propiedad (claro está) de unas manos acaudaladas, llegó a manos de la Iglesia allá por principios del siglo XV, probablemente siendo más objeto de una donación que de una compraventa.

El clero se encargó entonces de convertirlo en un lugar de recaudación de impuestos, de los famosos diezmos y primicias (Laguardia llegó a tener dos edificios para ello). Unos tributos históricos y eclesiásticos que correspondían, en el caso del diezmo, al diez por ciento de la producción agrícola o ganadera de una familia (la cual debía ser entregada, en el caso de Laguardia, al Cabildo de San Juan), y en el caso de la primicia, a esos primeros frutos o productos recogidos de la cosecha que la Iglesia tenía el poder de acceder. Y aunque a día de hoy el viñedo acapare más del 80 por ciento de la superficie agrícola en esta villa, en aquella época el cereal, frutales y olivos acaparaban el sustento de la sociedad, junto con la viña. Y es que en este palacete, que se renombró como Casa Primicia por sus funciones, los arqueólogos e historiadores atestiguan que aquí los productos que se recaudaban tenían que ver con la uva, incluyendo referencias a cántaras de vino, lo que da buena cuenta que los religiosos ya hacían sus pinitos en la vinificación. Para ello rediseñaron este edificio para convertirlo en una bodega, excavando lagos de piedra que usaron hasta 1860, cuando el espacio regresó a manos privadas después de una subasta.

En estos mil años de historia son varias las generaciones y familias que han palpado esas paredes rígidas y rugosas de piedra haciendo de Casa Primicia el fiel reflejo de una resistencia épica y, sobre todo, sin perder su esencia vitivinícola. Fue precisamente eso lo que atrajo a Julián Madrid y Teresa Castañeda, viticultores y ganaderos de vacuno de Laguardia, a alquilar estas instalaciones en la década de los 70 cuando su casa, asentada fuera de las murallas de la villa (algo poco común hace cosa de 60 años porque más allá de los muros no había luz ni agua), se quedó pequeña para seguir elaborando sus uvas. Aunque no eran esto lo único que elaboraban, ya que este matrimonio se convirtió en los lecheros del pueblo y, por si fuera poco, también regentaron un bar en la villa. Aquí vendían el poco vino que al principio elaboraban, aunque esa producción fue creciendo poco a poco y llegaron también a vender en Vitoria.

Poco tardaron en dejar su huella en esta propiedad del número 78 de la calle Páganos y convertirla en el germen de lo que es hoy Bodegas Casa Primicia. Durante aquellos primeros años las elaboraciones eran al puro estilo tradicional, portando las uvas en comportones, echándolas en los cuatro lagos de piedra (cada uno de 20.000 kilos de capacidad) y pisándolas. Para entonces la bodega ya contaba con depósitos de hormigón en sus calados, por lo que el mosto llegaba por gravedad, pero la estructura base seguía intacta. Es precisamente este motivo lo que la convierte en la bodega original más antigua de España demostrando el buen hacer de aquellas manos que levantaron esos muros, pero también de aquellas manos que los mantuvieron, cuidaron y protegieron.

La tercera generación de Bodegas Casa Primicia está ahora al frente de este proyecto vitivinícola con Íker Madrid, como gerente y responsable de Exportación, y con su primo Iñaki Madrid, como responsable de Viticultura y Producción, ambos nietos del fundador. Aunque fue con la segunda generación, especialmente con Juan Ramón Madrid, cuando se profesionalizó más la bodega a nivel de elaboraciones. De aquellos primeros embotellados de los abuelos en esta bodega de muros históricos, quienes aún mantenían también la venta de vino en pellejos, el proyecto realizó de nuevo un camino de vuelta a sus orígenes, a esa casa inicial que Julián y Teresa construyeron fuera de las murallas de Laguardia, para reconvertirla poco a poco en una bodega. Fue entonces, en 1985, cuando se inauguró oficialmente Bodegas Casa Primicia, comunas instalaciones modernas, adaptadas a los nuevos tiempos, con depósitos de acero inoxidable y con sistemas de control de temperatura. Con el tiempo llegó una tercera bodega donde ubicar los procesos de elaboración y recepción de uva y dejar así la segunda construcción destinada a la zona de oficinas y línea de embotellado. Así, la antigua bodega quedó, por tanto, relegada a una actividad de crianza de vinos que hoy por hoy mantiene “gracias a las condiciones de humedad y temperaturas naturales y constantes durante todo el año que son idóneas”. Eso sí, dado el espacio reducido con el que cuentan dichos calados, solo las referencias más exclusivas de la firma se elaboran aquí, aquellas que solo salen al mercado en las añadas más especiales. Unas 160 barricas de 225 litros de capacidad y cinco fudres para unos 2.000 ocupan los calados de esta construcción milenaria donde descansan vinos como Cofradía Casa Primicia y Pensante, un nuevo proyecto que es un cien por cien maturana que en este caso descansa en los fudres.

En todo este tiempo de crecimiento, Casa Primicia ha llegado a volúmenes que rondan entre los 400.000 y los 500.000 litros de vino al año (se abastecen de un centenar de hectáreas de viñedo ubicado mayormente en Laguardia, de las que la mitad son propias), siendo el mercado exterior el principal mercado para las 18 referencias que elaboran en total. Alemania, Reino Unido, Austria y Suiza fueron los cuatro países originarios en esta relación comercial y los clientes de entonces continúan trabajando con nosotros a día de hoy”, destaca el gerente. Una actividad que les ha llevado a vender hasta en 4 países. «Creo que lo que más nos caracteriza es que no somos un Rioja clásico porque siempre nos gusta respetar la fruta de la uva (también elaboran el tradicional maceración carbónica). Al final nos parece un error el tener uva de calidad y matarla con la madera. Además, lo que buscamos es la elegancia en boca», apunta Íker Madrid.

Mientras esos vinos descansan en los calados, la originaria Casa Primicia sigue abriendo sus puertas al enoturismo como la actividad principal dentro de estos muros, y es que no cualquier bodega cuenta con unos lagos de piedra de tal trayectoria. Esta bodega de Laguardia se lanzó a recibir turistas a partir de 2010, después de una rehabilitación que permitió acondicionar las estancias a la actividad turística. Una reforma que también llegó a la parte subterránea, a los calados, y que se prolongó desde 2005 (año en el que efectuó oficialmente la compra por parte de la familia Madrid) y 2009 para crear un espacio visitable, pero sobre todo funcional para esta crianza.

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