La Rioja

El barrio de El Campillo, siempre en la cola de espera

Cuando se piensa en el barrio de El Campillo, lo primero que se le viene a la cabeza es: «Uf, ¡qué lejos!». Parece que todo aquello que está una vez cruzado el Ebro es como si ya te estuviese alejando varios kilómetros de Logroño. «La gente lo percibe como si, una vez que han cruzado, ya estuviesen en el País Vasco o Navarra», señala Sara, vecina del barrio y miembro de la Asociación de Vecinos de El Campillo.

Un barrio de Logroño que se encuentra a tan solo diez minutos andando del centro y con la posibilidad de acceder a él a través de cuatro vías distintas: el Puente de Piedra, el Puente de Hierro y el Puente de Sagasta, por un lado; y por otro, la Pasarela del Ebro. Entonces, ¿a qué se debe esta percepción que los logroñeses tienen hacia uno de los distritos de su ciudad? Según Sara, se debe al «desconocimiento»: «No se ha proporcionado visibilidad al barrio por parte de las administraciones, y que no haya servicios o algo que lo caracterice frena a la gente», denuncia.

El problema de los servicios es notable: «¡No hay nada! Ni colegio, ni ludoteca, ni centro de salud. Se puso una farmacia en el barrio tras mucho luchar y se va a abrir un  supermercado pequeño, estamos encantados». Sin embargo, la vecina de El Campillo destaca que «hacemos nuestra vida en el centro, fuera del barrio». Los hijos de los que allí viven deben ir al colegio cruzando el río; por ello, muchos vecinos durante la semana hacen allí vida.

«Muchos nos movemos allí entre semana para que nuestros hijos puedan jugar con sus amigos o para hacer la compra o ir al médico; el fin de semana sí que nos quedamos aquí, pero la gente no viene». Destaca que, a pesar de ser un entorno «precioso», hay quienes cruzan, pero lo hacen para practicar deporte, ya que es una zona «ideal» para ello. «Como mucho, después, deciden quedarse a tomar un pincho o desayunar, pero como no pueden hacer nada más aquí, no se quedan».

Siempre para el siguiente turno

Los vecinos de El Campillo tienen luchas continuadas con las administraciones, explica Sara entre risas: «Siempre nos quejamos de lo mismo, desde hace años, pero no nos dicen nada, ni hacen nada». Indica que no es que no se hayan sentido escuchados, «siempre se nos escucha». Su problema reside en que sus quejas siempre se amortiguan con palabras, siendo una de sus frases ‘favoritas’: «Vosotros sois los siguientes». «Todavía seguimos esperando».

«Siempre tienen buenas palabras para nosotros, pero no apoyo», señala. Las comunicaciones con el centro es un problema presente en el día a día de los vecinos: «En cuanto hay cualquier tipo de evento u obras en el centro, se cortan las vías de acceso al barrio para los vehículos; el Puente de Hierro se cierra cada fin de semana, por ejemplo. Por lo menos, ahora ya tenemos aseguradas las líneas 3 y 9», que hacen la ruta del oeste y la de norte a sur, respectivamente.

Aquellos que residen en El Campillo consideran que el Ebro es una frontera porque «se nos aísla en cuanto pasa cualquier cosa en el centro de la ciudad». Sin embargo, no ven el río como un problema: «Nosotros lo vemos como algo precioso que le da identidad al barrio. Me parece un sitio privilegiado», expresa Sara con alegría.

A pesar de las dificultades y percepción que tiene la gente de este lugar, «aquello que se construye, se vende enseguida». Para los vecinos, «que a pesar de la carencia de servicios la gente apueste por quedarse en el barrio, dice mucho de este sitio».

 

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