Se acabó lo que se daba. Quienes soñaban con saborear las chuletillas al sarmiento en la XV Exaltación de Chuletillas Asadas de San Mateo y aún no tienen entrada, tendrán que confiar en los favores de alguna cuadrilla generosa que les guarde un bocado del suculento manjar. Y es que la fiebre por uno de los actos más populares de las fiestas logroñesas ha vuelto a hacer de las suyas: en poco más de dos horas, las localidades puestas a la venta por la Federación de Peñas se han esfumado como humo de parrilla.
A primera hora de este jueves, apenas habían pasado unos minutos de la apertura de la venta online, cuando ya se intuía lo inevitable. Pasadas las once de la mañana, el cartel de ‘no hay billetes’ colgaba orgulloso, confirmando que la cita gastronómica del próximo sábado 27 de septiembre será, una vez más, multitudinaria.
La Avenida de Colón, epicentro de esta exaltación, volverá a transformarse en un improvisado templo del sabor. Allí, cuadrillas llegadas de todos los rincones de la ciudad –y más de un curioso forastero– se arremangarán para demostrar su pericia ante las brasas. No se trata solo de comer, sino de compartir. De reír entre el humo, brindar con Rioja y, cómo no, presumir de chuletillas bien doradas.
Este evento es ya uno de los símbolos de San Mateo. Tanto que hace apenas dos años la organización decidió ampliar el número de cuadrillas participantes: de 120 a 150. Una decisión que parecía generosa pero que, a la vista del éxito de este 2025, se ha quedado corta. La demanda no solo se mantiene; crece. Y lo hace con un entusiasmo que refleja hasta qué punto los logroñeses sienten como suyo este ritual.
El atractivo del plan no es solo la fiesta en sí, sino lo que lleva bajo el brazo cada reserva. Por 100 euros, cada mesa –pensada para cuatro personas– garantiza un pequeño festín: dos kilos de chuletillas, una botella de vino, pan, una parrilla lista para el fuego, vasos de barro, sal y, por supuesto, la imprescindible gavilla de sarmientos. Todo lo necesario para que el aroma a tradición inunde la calle.
En realidad, el precio no es solo por la comida. Es la entrada a un ambiente único, donde la ciudad se detiene y late al ritmo de las brasas.
Lo de hoy no es casualidad. Año tras año, la exaltación se ha consolidado como uno de los momentos más esperados de San Mateo. El magnetismo de las chuletillas al sarmiento sigue arrastrando a miles. Y es que no hay logroñés que no guarde algún recuerdo alrededor de una parrilla, entre humo y vino.
Para muchos, conseguir mesa se ha convertido en una especie de gesta, una pequeña victoria personal dentro de las fiestas. Quien lo logra presume; quien se queda fuera, se promete estar más rápido el año siguiente.
Con las entradas agotadas, la cuenta atrás ha comenzado. Queda poco más de dos semanas para que las parrillas chisporroteen, las brasas iluminen la Avenida de Colón y Logroño entera huela a chuletillas.


