La fotografía de las aulas riojanas ha cambiado notablemente en el último cuarto de siglo. Este curso 2025-2026 se han matriculado en los cursos de Infantil y Primaria un total de 24.775 alumnos, una cifra que sigue marcando la tendencia a la baja de los últimos años. El contraste con 2013 es evidente: entonces se alcanzó el récord histórico con 28.761 escolares en estas etapas, casi 4.000 más que ahora.
El recorrido, sin embargo, no ha sido lineal. Si se observa la evolución desde el año 2000, cuando había 21.641 niños matriculados, se distinguen dos fases muy claras. La primera, de crecimiento continuado entre 2000 y 2013, marcada por un repunte de la natalidad en los primeros 2000 y la llegada de población inmigrante que rejuveneció la pirámide demográfica. En esos trece años, las matrículas crecieron en más de 7.000 escolares. Cada septiembre traía consigo la apertura de nuevas líneas y el debate sobre si habría suficientes aulas para absorber a tanto alumnado. Las ‘peleas’ por no quedarse el colegio escogido eran la tónica general del final de curso, a la hora de hacer las nuevas matrículas.
La segunda fase comienza precisamente en 2013, cuando se alcanza ese techo de 28.761 matriculados. A partir de ahí, la curva cambia de dirección y arranca un descenso progresivo que, con leves excepciones, no ha dejado de acentuarse. Hoy, doce años después, las cifras vuelven a niveles similares a las de 2005. La diferencia es que ahora la pendiente apunta hacia abajo y no hacia arriba.
Aunque la caída ha sido constante, hay momentos en los que el retroceso ha sido más acusado. Entre 2020 y 2022, en plena resaca de la pandemia y con la natalidad en mínimos, las matriculaciones cayeron en casi 2.000 alumnos en apenas tres cursos: de 27.566 en 2020 a 25.762 en 2022. Nunca antes se había registrado un descenso tan brusco en tan poco tiempo. En el curso 2021 se perdieron cerca de mil alumnos en estos dos ciclos.
El curso 2023 rompió tímidamente la tendencia, con un repunte anecdótico de apenas 11 alumnos más que el año anterior. Pero solo fue un espejismo. La siguiente matrícula, la de 2024, volvió a marcar una fuerte bajada (608 alumnos menos), y la de este curso ha confirmado la tendencia con otros 390 escolares menos en las aulas de Infantil y Primaria.
Menos hijos, menos alumnos
Las causas de este descenso son múltiples, pero todas apuntan a la demografía. Las familias riojanas tienen cada vez menos hijos y la tasa de natalidad encadena mínimos históricos. A ello se suma que la población inmigrante que llegó a principios de los 2000, y que en su momento contribuyó al repunte de la matrícula, también refleja ahora un patrón similar: familias más reducidas, menos nacimientos y, por tanto, menos escolares.
El efecto ya se percibe en la organización de los centros. Algunas localidades que hace una década tenían varias líneas de Infantil han visto cómo se reducían grupos curso a curso. Incluso en Logroño, donde la presión escolar era mayor, cada vez es más frecuente encontrar aulas que no llegan al número máximo de alumnos. En el medio rural, la caída de matrícula acentúa las dificultades de mantener colegios abiertos, obligando a reorganizaciones constantes.
Los expertos advierten de que la curva descendente difícilmente se revertirá a corto plazo. Aunque puedan darse ligeros repuntes en algunos años concretos, el panorama general viene marcado por una natalidad muy baja y por la ausencia de factores externos que permitan recuperar las cifras de hace una década.
El reto para la administración educativa será doble: garantizar la calidad de la enseñanza con grupos cada vez más reducidos en algunos centros, y, al mismo tiempo, mantener una red escolar equilibrada en el conjunto del territorio. Porque la paradoja es que, mientras el descenso de alumnado puede ser una oportunidad para bajar ratios y mejorar la atención en clase, también plantea riesgos de despoblación escolar y cierre de unidades, especialmente en el ámbito rural.
Lo que está claro es que los años del crecimiento escolar parecen ya lejanos. De aquel 2013 en el que se rozaba la cifra de 29.000 alumnos se ha pasado, en apenas doce años, a menos de 25.000. Y, salvo sorpresa demográfica, la curva seguirá mirando hacia abajo.


