Cuando pensamos en el acoso escolar, imaginamos empujones, insultos en el patio o motes crueles entre clases. Pero hoy el acoso ha cruzado el umbral del aula y se ha instalado en los dispositivos móviles. El ciberacoso no duerme, se cuela por WhatsApp, por redes sociales, en forma de memes, silencios, pantallazos, comentarios maliciosos o mensajes que se clavan como flechas invisibles. Y lo peor: muchas veces pasa desapercibido.
En este nuevo episodio del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast), hemos hablado con Joaquín González-Cabrera, investigador principal del grupo de Ciberpsicología de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), y Juan Manuel Machimbarrena, profesor de la Universidad del País Vasco e investigador también del grupo. Ambos lideran diversas investigaciones sobre el ciberacoso en adolescentes y nos ayudan a entender la magnitud de este problema que cada vez comienza antes y duele más.
«Estamos ante un problema de salud pública», afirma González-Cabrera. «Nos afecta a todos como sociedad. Las cifras de prevalencia varían según el estudio, pero los datos oscilan entre un 10 y un 22 por ciento de adolescentes afectados solo en España». Y es que la violencia digital «tiene un componente muy pernicioso: el anonimato, el alcance ilimitado y la dificultad para escapar de ella».
Machimbarrena insiste en la necesidad de abordar el problema desde una perspectiva amplia. «Durante muchos años nos centramos en la figura de la víctima, que es lo más lógico, sin embargo hay otros dos roles claves que también debemos analizar: el agresor y el observador. Todos los que participan o presencian el acoso tienen un papel fundamental».
Uno de los hallazgos más relevantes de sus investigaciones es que los roles se mantienen en el tiempo. «Cuando una persona es víctima hoy, tiene muchas probabilidades de volver a serlo mañana. Y lo mismo ocurre con los agresores y los observadores», advierte González-Cabrera. De hecho, una de las grandes alarmas es la cronificación del ciberacoso. «El mejor indicador de que alguien sufra violencia digital es que ya la haya sufrido».
Pero eso no es todo. «Los roles no son estancos. Hemos visto muchos casos en los que una víctima se convierte en agresora o en observadora pasiva. A veces por defensa, otras por frustración». Y aquí hay un perfil especialmente preocupante, el de la víctima-agresora. Alguien que sufre pero que también perpetúa la violencia como un modo de protegerse.

Además, las consecuencias del ciberacoso en la salud mental son profundas. Uno de los estudios pioneros del grupo de Ciberpsicología demostró que las víctimas de ciberacoso presentan niveles elevados y constantes de cortisol, la hormona del estrés, lo que indica un estado de alerta continuo. «Ser víctima no es inocuo. Puede afectar al sueño, al rendimiento académico, a la autoestima, e incluso estar vinculado con trastornos de ansiedad, depresión o ideación suicida», señala González-Cabrera.
Por su parte, Machimbarrena subraya que «la psicología es compleja, pero también ofrece esperanza». La clave está en detectar a tiempo, intervenir pronto y no minimizar. «La frase ‘no le hagas caso’ puede ser bienintencionada, pero no es suficiente. El ciberacoso no es un juego. Deja huella. A veces en forma de trauma silencioso que se arrastra durante años».
Una de las claves está en la prevención. Ambos expertos defienden la necesidad de que los centros educativos implementen programas eficaces y basados en la evidencia. Uno de ellos es SafetyNet, desarrollado por su equipo. Es el primer programa multirriesgo centrado en educación digital que no solo aborda el ciberacoso, sino también otros riesgos como el sexting, el grooming o la adicción a internet. «No se trata solo de decir lo que está mal, sino de dar herramientas: asertividad, alfabetización digital, gestión emocional…».
También las familias tienen un papel clave. «La mediación parental es fundamental. No todo vale. No se puede entregar un móvil a un niño de 9 años sin ningún control ni orientación. Los padres tienen que estar presentes, aunque no entiendan del todo las tecnologías. No se trata de prohibir, sino de acompañar y supervisar», explica González-Cabrera.

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).


