Hacer deporte es bueno para la salud física, pero también mental. Eso es algo sabido por todo el mundo. Los beneficios del ejercicio son innumerables y como contra solo hay uno: las agujetas. Pero, siendo realistas, empezar nunca es sencillo. Eso es algo que tiene muy presente Xandra Boada y, por eso, apuesta por este modelo de gimnasio en el que el ambiente es como si fueras a entrenar con tus amigas.
De fondo, no se escuchan quejas y eso que las deportistas no paran: están inmersas cada una en el ejercicio que les toca y, cuando lo avisa la música, pasan al siguiente. Lo que sí se escuchan son risas, muchas risas.
Entrenamientos cortos, siempre dirigidos por una entrenadora y en un espacio en el que solo hay mujeres, es la fórmula del éxito de Curves. Una mezcla que ha dado como resultado un espacio en el que las mujeres no solo se sienten seguras, si no que también saben que no van a ser juzgadas. «Cambio», repite cada treinta segundos el altavoz y las alumnas, muy obedientes, pasan al siguiente ejercicio.

«Ahora mismo en el circuito hay gente de 78 años, de 60 y de 40 y tantos». Hay mujeres de todo tipo: más altas, más bajas, que quieren ganar masa muscular, que quieren perder peso… ahí hay espacio para todas. Para lo que no hay hueco es «para móviles o espejos». Así, buscan que estos treinta minutos que dura el entrenamiento sean «única y exclusivamente para ti». Aquí no se viene a posturear, se viene a entrenar. Y a tomar algo con las amigas después, claramente.
La amistad entre estas mujeres va más allá de entrenar juntas. «Es un ambiente muy familiar. Celebramos cenas, fiestas, cumpleaños… Ahora tenemos un montón de pastas que ha traído una compañera: así hacemos el gym y el ñam». Xandra saluda a todas las que entran por su nombre y les pregunta por sus hijos, sus nietos… como si de una gran familia se tratara.
Este gimnasio no es solo un lugar donde ponerse en forma, es también un refugio y una terapia: «No permitimos que nadie juzgue a nadie. Aquí somos todas iguales. Vienen, te cuentan sus dolencias, sus patologías, sus problemas personales…» y salen renovadas y tonificadas. «El deporte es un chute de energía para todo».
Xandra tiene una energía contagiosa. Es de esas personas con una fuerza vital que te transmite solo con hablar con ella. Toda su vida ha estado relacionada con el deporte, desde pequeñita. De niña estuvo federada en pala en Vizcaya, de donde viene. ¿Laboralmente? Nada relacionado. «Antes era administrativa pura y dura, encerrada en un oficina». Hasta que se dio cuenta de que eso no era para ella: «Estudié los fines de semana, me lo saqué y me vine para acá». Perseverancia, dedicación y tener muy claro lo que quieres. Un giro de 180 grados con los que mucha gente sueña, pero muy poca se atreve a dar.

«Aquí hacemos mucha piña, nos apoyamos mucho». Se nota, es algo que se respira en el ambiente. Cuando Xandra las llama, dejan el ejercicio que están haciendo y sus alumnas posan orgullosas y sonrientes para la foto. De fondo, sigue sonando cada treinta segundos «cambio».


