El martes no fue un día cualquiera para el dispositivo de agentes forestales de La Rioja. A las altas temperaturas que se venían acumulando desde jornadas anteriores se sumó un cóctel de factores que complicó cada una de las intervenciones donde tuvieron que actuar: tormentas secas con rayos, terrenos abruptos, desplazamientos largos y la imposibilidad de contar con apoyo aéreo o refuerzos nacionales o de otras comunidades. “Se juntó todo, fue una tormenta perfecta”, reconoce Raúl Villoslada, bombero forestal y presidente de los Bomberos Forestales de UGT.
La primavera excepcionalmente lluviosa ha dejado una densa cobertura de herbáceas en los montes, un combustible perfecto para el fuego tras jornadas de calor intenso. “No hemos dado abasto para desbrozar todo lo que ha crecido esta primavera”, admite. El martes, por coincidencia de turnos, solo seis cuadrillas estaban operativas en lugar de las doce habituales. El resto se ofrecieron por si era necesario entrar en acción. “Fue mala suerte: justo nos tocaba el relevo de mitad de semana y nos pilló con menos efectivos”, explica. Esa merma, unida a la localización de varios focos en zonas de difícil acceso, supuso que cada minuto contara.
Los incendios se produjeron de forma simultánea en distintos puntos, algunos en áreas de ribera y otros en alto monte. Las cuadrillas, situadas normalmente en fondos de valle, tuvieron que recorrer largas distancias por carreteras complicadas. “Eso nos resta capacidad de reacción. Aunque el dispositivo está dimensionado, el terreno y las distancias juegan en contra”, señalan. A todo ello se sumó un golpe decisivo: los helicópteros no podían volar debido a la tormenta eléctrica. Además, todos los grandes medios del Estado estaban desplazados al noroeste peninsular, combatiendo los graves incendios de Castilla León y Galicia, lo que dejó a La Rioja trabajando únicamente con sus recursos propios.
Uno de los fuegos más complejos se declaró en Mansilla, visible incluso desde Nájera. El fuego se inició en un terreno muy pendiente, pero la fortuna quiso que las llamas descendieran (“bajando de recula”) desde la cresta, lo que permitió controlar mejor su avance. Aun así, las condiciones sobre el terreno fueron extremas. “Los primeros minutos siempre son caóticos. En tierra vemos solo una parte del incendio, y las decisiones dependen de la coordinación de técnicos y agentes forestales que planifican las líneas de control”, relata. Con tormentas térmicas, el viento cambia en segundos y obliga a replantear toda la estrategia. Las rutas de escape y los lugares seguros son parte esencial del protocolo, así como la atención constante a cada cambio en el comportamiento del fuego.
Además, la labor de los bomberos no se limita a apagar las llamas. Raúl cuenta cómo es habitual encontrarse con personas que se acercan a grabar o presenciar un incendio, sin ser conscientes del peligro que corren. “Es muy serio: pasa gente mientras cortamos árboles o con helicópteros descargando agua a 50 metros. Si algo falla, el riesgo es real”, advierte. Por eso, recalca la importancia de cerrar caminos y concienciar a la población para evitar accidentes añadidos en situaciones ya de por sí críticas.
En la batalla de algunos de los incendios, el trabajo conjunto con agricultores fue clave. “Son auténticos apagafuegos sobre ruedas”, dice sobre los tractores que ayudaron a perimetrar incendios en Gimileo o Fonzaleche. Bien coordinados, estos vehículos pueden actuar con rapidez y liberar a las cuadrillas para centrarse en algunas labores. El martes, gracias a esa colaboración, algunos focos quedaron listos para ser sofocados en pocas horas.
A la vista de lo ocurrido el martes en La Rioja y desde hace días en todo el país, el mensaje es claro: prudencia máxima. Con temperaturas extremas previstas y la amenaza de más tormentas secas, cualquier chispa puede desatar una emergencia. Los bomberos forestales piden sentido común: evitar fuegos artificiales («ya tendremos tiempos más adelante»), tener mucho cuidado al transitar por pistas forestales, llevar comida («es mejor una tortilla o filetes con pimientos») en vez de encender asadores y, sobre todo, respetar las indicaciones en caso de incendio.
“Es mejor dejar el monte verde que tener que verlo negro”, resume. El martes se demostró: la coordinación, la rapidez y la colaboración ciudadana son tan decisivas como el agua y las mangueras.


