Cultura y Sociedad

El gran eclipse: «Es un privilegio que lo podamos ver desde casa»

La astrofísica Ana Escorza ya tiene medio centenar de habitaciones reservadas en Calahorra para el 12 de agosto de 2026

El 12 de agosto de 2026 pasará a la historia. No solo para los amantes del cielo o los expertos en astrofísica. Ese día, millones de personas tendrán la oportunidad de vivir, sin necesidad de telescopios ni desplazamientos largos, un espectáculo cósmico único: un eclipse total de sol visible desde buena parte de la España más rural. Será el primero desde 1905 y el próximo no llegará hasta dentro de 150 años. Es decir, un fenómeno que esta generación vivirá una única vez… y que podrá contemplarse simplemente saliendo a la calle.

Una de las voces que más está trabajando para que este evento no pase desapercibido es Ana Escorza, astrofísica calagurritana que, aunque mira al universo con ambición científica, no pierde de vista el impacto que este fenómeno tendrá sobre La Rioja. «Es un privilegio que lo podamos ver desde casa. Algunos ni siquiera tendrán que salir, bastará con asomarse a la ventana». Y es que la región se encuentra dentro de la franja de oscuridad total, lo que garantiza una visión privilegiada del eclipse. «A las 20:28, la luna tapará por completo al sol, durará poco más de un minuto, justo antes de que se ponga. No lo volveremos a ver completo hasta el día siguiente», explica. Un momento de magia en plena tarde de verano, que teñirá de penumbra los paisajes riojanos justo cuando el sol comienza a esconderse por el horizonte.

Para Escorza, este acontecimiento es también una oportunidad para darle visibilidad a la astronomía y despertar la curiosidad de pequeños y mayores. «He estado en charlas de ‘cazadores de eclipses’ y esa gente va a venir desde toda Europa. Hay localidades que ya tienen todos los hoteles llenos para ese día», apunta. De hecho, ella misma ha reservado más de 40 habitaciones habitaciones en Calahorra para colegas astrónomos y astrofísicos que acudirán a presenciar el fenómeno.

Pero su implicación va mucho más allá de la logística. Ana está organizando charlas, actividades para niños en ludotecas y eventos divulgativos de todo tipo. «Con los que hablen español se pueden hacer muchas cositas esos días», dice con ilusión. Incluso está tramitando la compra de entre 4.000 y 5.000 gafas especiales para observar el eclipse con seguridad. Si todo va bien —y se consiguen patrocinadores o el apoyo del Ayuntamiento— espera poder repartirlas de forma gratuita, con un diseño especial centrado en Calahorra, «para que también se puedan guardar de recuerdo».

El eclipse será visible solo desde una franja concreta del norte peninsular, dejando fuera a grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Eso convertirá a zonas rurales, normalmente olvidadas por el turismo, en destinos de peregrinaje astronómico. «Lo único que puede estropearlo son las nubes, pero eso hasta unos días antes es imposible de prever. Si toca moverse unos kilómetros, se mueve uno», concluye. Y es que este tipo de fenómenos, aunque efímeros, dejan huella.

Bajo un cielo estrellado nació la vocación de Ana Escorza. Nacida en Calahorra, estudió Física en Zaragoza, pero fue en Bélgica donde encontró su rumbo al cursar el máster y doctorado en Astronomía. Allí descubrió que, más allá de la docencia, se podía vivir de la investigación.

Su carrera la llevó a uno de los observatorios más importantes del mundo: el de Paranal, en Chile, donde pasó noches enteras operando telescopios y observando el universo sin la barrera de la contaminación lumínica. Hoy está vinculada a la Universidad de La Laguna y al Instituto de Astrofísica de Canarias.

Sus investigaciones se centran en estrellas binarias, es decir, aquellas que nacen en pareja. Un campo que plantea preguntas fundamentales sobre el origen de los elementos y la evolución estelar. Pero Ana también lucha con la cara menos romántica de la ciencia: la precariedad laboral, la falta de apoyo y la inestabilidad. Por eso defiende con fuerza la divulgación científica, como medio para acercar el cosmos a la sociedad y quizás, sembrar nuevas vocaciones. Porque, como ella misma dice, «me encanta pensar en la cantidad de cosas que no sabemos». Y el cielo, como el eclipse que se avecina, siempre tiene algo que mostrar.

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