La tienda está en la planta baja, ordenada, con todos los detalles cuidados al máximo y con unos protagonistas indiscutibles: los mininos. Están por todas partes. Camisetas, cuadros, grabados, postales, pegatinas, hasta en el nombre de la tienda: «No queríamos poner mi nombre ni el suyo, queríamos algo que fuese común. En ese momento había un libro sobre la mesa, que es un libro que nos gusta mucho, es la historia de un gato que se llama Mitsou». Así comienza la historia de la tienda y el taller que abrieron Liliana Lima y Ayax, su pareja, hace ya siete años.
Poco después de la inauguración, Michi llegó a sus vidas: «Era una gatita de la calle, la rescatamos y, desde entonces, ya tenemos una modelo constante». La Nieves Álvarez de los gatos.
Mitsou está en pleno Casco Antiguo, en pleno cogollo del turismo, una decisión muy estudiada: por un lado, revitalizan el comercio de esta zona y, por otro, ofrecen a los turistas «souvenirs con un enfoque más artístico y de edición limitada». A Liliana se le achinan los ojos cuando se ríe recordando anécdotas con turistas (y paisanos) que llegaban un poco desinhibidos a la tienda después de tomarse unos vinos en la San Juan: «Antes abríamos los sábados por la tarde y siempre había gente que iba de vermut torero. Te reías mucho porque era como estar en el bar, pero sin estar».
A este coqueto local no dejan de entrar gentes que llegan «desde los sitios más insospechados, es muy curioso cómo llegan personas tan diversas a Logroño». A Liliana se le ilumina la cara pensando a qué lugares del mundo habrán viajado sus ilustraciones y sus grabados.

Llegó de Cuba hace 22 años. Graduada en Bellas Artes, sentía que el mundo del grabado le llamaba. Hasta que pudo encontrar un tórculo (la máquina necesaria para hacer grabados). Hasta que, por fin, Ayax y ella compraron un tórculo. «Lo teníamos en la encimera de casa –recuerda con cariño–, y a partir de ahí empezamos a hacer grabados con más regularidad y así surgieron más proyectos, fue el inicio de lo que hoy es Mitsou».

El tórculo de esta tienda.
Se escucha jaleo proveniente de la planta de arriba, donde se encuentra el taller. No está tan ordenado, señal de que se trabaja: es donde ocurre la magia y la creatividad campa a sus anchas. Ahí no solo trabajan ellos: «Queríamos que fuera un sitio para hacer talleres creativos en torno al grabado y la estampación. En Logroño no había nada así en ese momento y son las técnicas que nos gustan».
Los talleres son para mayores y pequeños y en muchas ocasiones permiten que vengan familias, para que nadie diga que no puede ir porque no tiene con quien dejar al niño: «Puedes integrar algo que te apetece mucho con conciliar con los peques». De eso ellos saben bastante. Su hija pequeña, Greta, juega en el taller entre rodillos y botes de pintura.

A Liliana le encanta la libertad que le da tu trabajo: «Hago esto y lo pongo, hago lo que quiero. No tengo detrás ni un galerista ni un marchante que me diga cómo lo tengo que hacer».
Lo que hoy es Mitsou poco o nada tiene que ver con lo que imaginaron en un primer momento. Al final, como todo en esta vida, se va transformando: «Al principio lo imaginábamos más tipo souvenir, pero llegó un momento en el que dijimos que no, que también es necesario un espacio para nuestras ilustraciones y para lo que hacemos nosotros como artistas. ¿Que no funciona? Pues ya buscaremos otra forma, pero esa es nuestra apuesta».


