«Si no fuese necesario o no fuera importante, no se habría llenado desde la primera edición», señala Blanca, quien forma parte da la organización de Cameros Cuir, un festival que surge de la necesidad de crear «un espacio seguro en los pueblos para la gente del colectivo».
«No somos un festival grande, ni lo queremos ser. De hecho, queremos decrecer, pero la gente lo demanda. Creemos que es necesario hacer espacios más amables y en los que la peña queer se sienta acogida», explica Blanca. Esta iniciativa busca luchar contra el sexilio en las áreas rurales y no solo quiere abrir caminos para las nuevas generaciones, si no también para las actuales.
En el mundo rural, todas las personas queer «han vivido experiencias comunes de silenciamiento, han sentido la obligación o necesidad de esconderse, también han sufrido la de falta de referentes» y han tenido que hacer frente a la falta de espacios donde poder ser y expresarse libremente.
Aunque siempre «depende del lugar, la historia y el momento», sí que «hay cierta parte de discriminación», pero, sobre todo, «lo que más se siente es esa falta de pertenencia, de comunidad. Esa falta de poder compartir tus historias con gente que entienda tus procesos y Cameros Cuir lo que busca es crear esos espacios seguros».
Lo queer y lo rural son los dos ejes que vertebran este festival. Cameros Cuir trata también de «acabar con el estigma de que lo rural es mucho más hostil y es que, al final, puede ser un lugar también en el que habitar y que los pueblos se pueden ocupar por parte de las disidencias y está bien».

El pasado mes de junio se celebró en Nieva la segunda edición del Cameros Cuir: «Es un festival que sigue la estela de otros festivales queer rurales, empezando por el Agrocuir, que lleva diez años o más celebrándose en Galicia y fue pionero». Los organizadores fueron conscientes de que era necesario «cubrir estos espacios» y comenzaron «con una política de crecimiento» por diferentes lugares de España. Y así, llegaron estos festivales que buscan crear espacios de unión entre lo rural y lo queer hasta La Rioja.
«La gente del pueblo está muy contenta». Para Blanca, una de las cosas más bonitas del festival es que «ha habido una comunión entre lo rural y lo queer, que era el objetivo». Desde la primera edición, las señoras del pueblo ya paraban a las organizadoras «para decirnos que estaba todo genial y que la gente era muy amable». Porque, claro, los que llegan hasta Nieva «se paran por el pueblo a hablar con las señoras y los señores y con la gente de los comercios».

Este año, uno de los principales objetivos era «implicar más a la gente del pueblo». Y vaya si lo han conseguido: «Este año lo han sentido mucho más propio: todos los talleres los hicimos con vecinos, en los mercadillos la gente del pueblo y de alrededores de la Sierra de Cameros vendieron productos locales o hechos a mano».
Pero ahí no termina todo. También hubo una ruta teatralizada: «La gente actuaba, se disfrazaba, se aprendía sus guiones». Vamos, que no hubo quien no se volcara para que esta segunda edición fuera un éxito.
Autofinanciado y autogestionado
Surge porque unas cuantas de la actual organización, en el VeraCuir, celebrado en Extremadura, vieron «cómo era la situación» y decidieron organizar algo así en La Rioja. Y así, este grupo «formado por mitad riojanas y solo una del pueblo» empezaron a «hacer asambleas y a autogestionarnos».
Para las dos ediciones han organizado un crowdfunding para autofinanciarse. También se financian a través de fiestas o eventos en otros lugares. El primer año, lo organizaron en Madrid. El segundo, en Logroño. «Con todo el dinero que se recauda en los eventos, lo que la gente dona de forma voluntaria y lo que saquemos el año anterior es cómo se gestiona el festival», señala Blanca.
Acaba de terminar la segunda edición y ya tienen en mente la próxima. Aún no han empezado a prepararla, se están dando un descanso por verano para recargar pilas y volver en septiembre con las pilas cargadas: «En septiembre vuelta a las asambleas semanales y manos a la obra».


