Lugar de tránsito, de encuentro, de socialización, de tejer redes con nuevas y viejas caras. Lugar de peregrinación. Ventosa es una de las localidades por las que discurre el Camino de Santiago a su paso por La Rioja y eso da buena cuenta del ambiente que se respira a diario en sus calles y, qué decir, en sus bares.
Los bastones y las mochilas son parte de la decoración de la terraza del bar Buen Camino, junto a la carretera a Sotés. Son ya catorce años los que Vanessa lleva gestionando este establecimiento y, por tanto, tratando con caminantes de uno y otro país. «Porque aquí sobre todo vienen peregrinos extranjeros». Pero el idioma nunca ha sido un problema para ella. «Con el inglés me apaño bastante bien porque necesito lo justo para entenderme con ellos. Al final lo que piden es para beber y comer», explica desde el interior de la barra.

Junto a ella está su hija Rocío, quien tampoco pierde el ritmo de atención a los clientes. Y es que, llegado el verano, el trabajo se multiplica. «Ahora el volumen de peregrinos baja ligeramente, siendo mayo y septiembre cuando más afluencia hay por el buen tiempo sin hacer excesivo calor. Lo que ocurre estos meses es que aumenta otro perfil de público, como son los veraneantes del pueblo, gente que viene a pasar el día desde Logroño y turistas en general. En cuanto a los peregrinos, en verano se nota más que el público es nacional porque aprovechan las vacaciones estivales, así que también aprovechan y vienen con niños», apunta Vanessa.

La oferta hostelera en Ventosa se completa con otro bar a pocos metros de este, un volumen «suficiente para los cerca de 190 vecinos que hay en el pueblo». La temporada alta de Buen Camino va desde Semana Santa hasta principios de noviembre, mientras que el resto del año abre sus puertas solo durante los fines de semana. «Si bien es cierto que en los últimos cinco años Ventosa ha tenido un ‘boom’ poblacional y se nota que hay más vida en el pueblo, los meses de invierno aquí siguen siendo más ligeros en cuanto a trabajo», reconoce.
Los ciclistas y los motoristas que recorren la ruta motera son otros de los clientes que este bar tiene a diario. «Es una zona de paso, muy transitada, y el público está muy diversificado. Además, en el pueblo hay muchas actividad que atrae a gente, como es la semana cultural, la temporada de setas, el asador,…».

«Un bar en un pueblo es sinónimo de socialización. Al final es el punto de encuentro, de reunión y de celebración. La tradición ha sido y es esa, ir a los bares para dialogar y tratar con la gente, así que el mantenimiento de estos es clave para el desarrollo también del municipio», remarca Vanessa.


