La Rioja

El camino en el que «lo más bonito es que uno no va con un plan»

El Camino de Santiago, del cual todo el mundo ha oído hablar, es el conjunto de rutas de las que tomes la que tomes, desembocan en la ciudad gallega con la que coincide en nombre. Hay gente que lo hace por vivir una experiencia religiosa y espiritual, otros lo hacen por conocer diferentes sitios y culturas, los hay quienes se lo proponen como un reto físico y quienes solo quieren conocer a gente con sus mismas motivaciones, según los datos oficiales en 2024 lo hicieron medio millón de personas.

En cualquier caso, este camino es una experiencia digna de vivirse y una forma de conocer a personas de todas partes del mundo, ya que son muchos los extranjeros que se embarcan en esta aventura. Cómo Elisabeth, una alemana en plena ruta que ha decido comenzarla para escapar del estrés y reevaluar ciertas cosas de su día a día.

Los caminantes deciden empezar pronto por la mañana, para poder escapar de las horas en las que el sol más castiga. Por ejemplo, una peregrina cruzaban a las nueve de la mañana el puente de piedra junto a su caballo y su burro, los cuales le llevaban el petate. Estaba tan inmersa en su experiencia que no ha querido decir su nombre, ni el motivo por el que había emprendido el viaje, ni a que se debía que fuese acompañada de dos personajes tan curiosos. Su única motivación era llegar a su destino.

Esta ruta pasa por mitad de la capital riojana, entra desde Viana, bordea el cementerio y cruza por el Puente de Piedra. Junto a este último, se encuentra en el suelo una enorme concha del peregrino. Esta mañana estaban en ella un grupo de niños, procedentes de las ludotecas de Logroño, los cuales se preparaban para iniciar una excursión junto al alcalde Conrado Escobar. Mientras los peregrinos que pasaban a su lado se quedaban mirándolos en silencio, los infantes no podían contener su emoción por la travesía.

Una vez allí pasas por el fielato que está antes de cruzar el puente, el cual es el Punto de Información del Peregrino. Federico Soldevilla, cronista oficial de la ciudad de Logroño, ha explicado que es ahí a donde van los peregrinos antes de entrar a una nueva ciudad para saber por donde tienen que pasar, pero en cualquier caso «seguir las pistas amarillas» ha sido su consejo definitivo para no perderse durante la travesía, todas las indicaciones que hay por la ciudad, así como seguir las baldosas que son más amarillas.

Además, ha explicado que antiguamente, en vez del actual puente, se encontraba un puente elevadizo y para bajarlo o subirlo había que ir al sitio donde actualmente se encuentra el punto de información. Quién lo diría, cuando ahora lo más interesante que pasa en el puente es el momento en que ves a dos autobuses que se cruzan a la mitad y no tienes claro si pasarán.

Paradas necesarias

¿Qué sería de esta ruta sin un sitio en el que poder descansar después de recorrer tantos kilómetros? El albergue municipal de peregrinos de Logroño, a pesar de que ahora sigue teniendo inquilinos, se llena abril, mayo y septiembre , «ahora con los calores, el caminar por ahí no es fácil», dice Jesús, el hospitalero del albergue.

Siendo este su cuarto año, el hospitalero explica que el alojamiento cuenta con una cocina en la que los peregrinos se cocinan lo que necesiten. Además, para sorpresa de nadie, indica que los caminantes vienen con muchas ampollas, para ello tienen una fuente de agua fría en el patio trasero en la que meten sus pies para intentar aliviar parte del dolor que sienten en sus pies. A pesar de que admiten reservas, Andrea, peregrina francesa, explica que «lo más bonito del camino es que uno no va con un plan, la belleza está en seguir la corriente».

Una vez has hecho los kilómetros que te tocaban en el día, te has sentado un rato y ya has remojado tus pies, ¿qué puedes hacer? Pues perderte por la ciudad. La Iglesia de Santiago el Real está cerca del albergue y sin duda, es una parada obligatoria y más hoy siendo el Día de Santiago. Antes de entrar ya se disfruta de ella.

Las conchas son las protagonistas del camino y en su fachada no podían faltar. Un total de 41 conchas la decoran. Pero el sitio más espectacular de este edificio es su mirador, que se encuentra en la azotea. Si estás ahora en Logroño no vas poder disfrutarlas, pero si vienes a partir de la semana que viene te esperan las vistas más impresionantes de la ciudad. Una visión de 360 grados de lo que te rodea.

Para contemplarlas tendrás que subir alrededor de 13 pisos de escaleras hasta arriba del todo. Si vienes fresco no hay problema, pero si ya llevas tus muchos kilómetros en las piernas es posible que cueste más, aún así merece la pena cada uno de esos escalones. Una vez subes puedes ver las torres de la Iglesia de La Redonda, la punta más alta de la Iglesia de Santa María de Palacio, el León Dormido y muchas otras maravillas.

 

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