Cultura y Sociedad

«Siempre se ha dicho que se iba a dejar de fumar, pero seguimos teniendo público»

Jairo Oroz

Aunque lleve tres décadas abierto, Jairo Oroz solo lleva al frente del estanco de Murrieta cinco años y medio. Sí, ese que abre antes de que las calles estén puestas y cierra cuando muchos están a punto de meterse a la cama. «Tan solo abrimos quince horas al día», bromea.

Se decidieron por este horario por pura visión de negocio: «Con el anterior dueño, el estanco cerraba al mediodía, festivos y fines de semana. Nos dimos cuenta de que en esos momentos es cuando más vendemos y el consumidor lo que quiere, al final, es un servicio y ofertar eso requiere un sacrificio y meter más horas». Pero, como señala Jairo, al fin y al cabo «ahí es donde está el negocio». Mentalidad de tiburón que dirían los jóvenes. Desde luego, se ha convertido en el estanco de referencia para muchos fumadores que acuden a él cuando ven medio lleno o medio vacío (dependiendo de cómo de optimistas sean) el paquete de tabaco.

Pero no todo el monte es orégano ni todo en este estanco es tabaco. «Vendemos de todo: souvenirs, revistas, tarjetas regalo de plataformas, recargamos móviles… Tabaco es lo que menos vendemos», bromea Jairo. Otro caso de comercio logroñés más que ha sabido reinventarse y no morir en el intento. «La idea de un estanco tradicional como los de antes no puedes tenerlo. Si te dedicas solo a vender tabaco, al final vas perdiendo clientes. Hay que diversificar», explica Jairo y vaya si ha sido capaz de hacerlo.

Según lo que Jairo observa en su estanco, los jóvenes cada vez «fuman menos». Pero eso no implica que no se den al vicio: «Ahora hay una tendencia que es el vaper porque tiene muchas opciones de sabores: fresa, sandía…» Los jóvenes también consumen «bolsitas de nicotina» o IQOS, que es «tabaco calentado, entonces es menos dañino que el tradicional y no huele mal, ni deja cenizas». Estas modernidades están causando que el tabaco tradicional está quedando relegado «a la gente mayor».

El de estanquero es un trabajo «muy divertido» para Jairo: «Estás todo el rato viendo pasar gente, conoces a todo el mundo de barrio, a los que no son del barrio».

Por su estanco pasan gentes «desde el abuelo que viene a comprar la prensa toda la vida, gente que viene a por las tarjetas de las consolas o a cargar el móvil, gente que simplemente viene a por un refresco…» Y, obviamente, quienes van por el vicio.

Pero vaya, que está claro que Jairo tiene «un poquito de todo» para tener satisfechos a todos sus clientes que son «de todas las edades y de todas las ciudades». Porque por ahí pasan muchos locales pero también muchos, muchos turistas «todos lo días pero, sobre todo, los fines de semana». Hay algunos forasteros que incluso repiten: «Nos conocen, saben que abrimos muchas horas y que abrimos los fines de semana  y nos tienen fichados», explica.

Jairo no fuma ni ha fumado en su vida, tiene un negocio en el que el tabaco es el indiscutible protagonista. ¿Por qué? Pues porque «es un negocio estable del estado, es un monopolio y, además, estamos muy bien ubicados» fueron los motivos que inclinaron la balanza a favor de coger el estanco.

«Las prohibiciones y el que siempre se va a acabar el tabaco lo llevan diciendo toda la vida. Siempre se ha dicho que se iba a dejar de fumar, pero seguimos teniendo público», señala Jairo. Sobre la posible prohibición de fumar en las terrazas opina que «la gente se buscará la vida» y que igual a quien más afecta es «a la hostelería».

Solo hace falta pasar unos minutos en el estanco de Murrieta para darse cuenta de que, efectivamente, es un negocio estable: gentes de todas las edades pasan por aquí para cubrir sus necesidades o antojos, desde imanes, hasta un refresco o un Winston.

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