Arrastra un leve acento italiano, que ha ido perdiendo, pese a ser de Nápoles, durante las últimas tres décadas. Con más acento y menos años, Ferdinando se presentó un buen día hace treinta años en Logroño para formar parte de un proyecto que les ha permitido ganarse la vida. Llegó a la capital de La Rioja cuando solo el Latino tenía una oferta culinaria italiana algo reconocible. El Pizza Hut servía alguna pizza al final de la Gran Vía, pero pronto cerraría, «y así que yo recuerde: había dos o tres restaurantes chinos, creo que un mexicano, y poco más». Se refiere Ferdinando a la propuesta de cocina internacional que era más bien escasa el siglo pasado en Logroño. Nada que ver con la realidad de hoy en día. Y aún así, La Trattoria sigue siendo una gran referencia cuando se trata de comer buena cocina italiana.
«Había sitios para comer, comer muy rico, pero muy de aquí, por tanto, tradicionales. Se podía ir de pinchos, y por supuesto tomar copas…». Así que Ferdinando, Anuska, Paca y Álvaro, además de muy buenos amigos, vieron un nicho en el que poder desarrollarse profesionalmente porque estaban empeñados en «montar algo por nuestra cuenta». Y «teníamos claro que no podía ser un bar de noche, que eso acaba quemando mucho».

Treinta años después, celebran aquella decisión, la de haber abierto La Trattoria, que sigue siendo la gran referencia de auténtica cocina italiana en la capital, un proyecto exitoso no exento de buenos y malos momentos, que ahora repasan y por supuesto celebran todos juntos, «porque no siempre un negocio cumple treinta años y no siempre lo podemos hacer los cuatro que comenzamos lo que parecía una idea peregrina».
En 1994, cuatro jóvenes —Ferdinando, Álvaro, Anuska y Paca— se juntaron en una charla de amigos y decidieron montar un restaurante. “Que si un mexicano, que si un italiano… Pues mira, aquí se montó La Trattoria”, recuerda Ferdinando entre risas. Treinta años después, sigue al frente de uno de los italianos más queridos de Logroño. Desde entonces, muchas han cambiado, «probablemente ha cambiado todo, también nosotros», pero algo ha permanecido: «La fidelidad de nuestros clientes», con lo que esta semana han celebrado una fiesta por todo lo alto. Porque en La Trattoria saben celebrar las cosas y hacerlo con estilo, clase y rica comida italiana. “Nos hemos hecho mayores con nuestra clientela. Hemos visto parejas que venían con carrito y ahora vienen sus hijos… con sus parejas. Y alguno ya con hijos”, cuenta Ferdinando con orgullo. “Eso es lo más bonito que te puede pasar: ver que la gente sigue viniendo”.
«Hacía falta un italiano de verdad»
Ferdinando llegó a Logroño desde Nápoles sin conocer la ciudad. «Me llevaron a comer a un italiano que había aquí, solo uno, y lo vi a tope. Dije: aquí hace falta un italiano de verdad», recuerda. Así arrancó La Trattoria, con el compromiso claro de ofrecer cocina auténtica del sur de Italia y productos importados directamente del país. «La clave es el producto. Hay cosas que no tienen nada que ver: un tomate de Italia, un queso auténtico… La gente lo nota. La gente no es tonta».

Y con el tiempo, además de los mejores productos de Italia, la Trattoría ha tenido que ir cambiando como lo ha hecho la ciudad, la calle en la que se encuentra, los logroñeses e inclusos sus clientes. «Antes se trabajaba más de noche, dando cenas; ahora triunfa el tardeo. Se sale más a mediodía, se come, se toma una copa… todo ha cambiado”, reconoce. Pero también destaca algo que permanece: “A mí me encanta cuando entran chavales y dicen: ‘Buah, cómo huele a pizza, a pasta’. Me llena de orgullo». En este lugar huele siempre muy bien.
Es el rico olor de La Trattoria, un aroma familiar para muchos riojanos. Clientes que saben perfectamente que el camino de estos cuatro amigos para celebrar esta semana treinta años no ha sido fácil. Recuerdan especialmente dos momentos duros: la crisis de 2008 y una reforma forzosa tras un incendio en la cocina. «Venías de años muy buenos, se te quema la cocina, tienes que hacer obras… fue duro, fue muy duro», dice. «Llegó la crisis de 2008, que lo cambió todo. Y nos pilla metidos hasta arriba para reforzar el local coincidiendo con la peatonalización de la calle. Fueron años muy duros para seguir adelante. Costó mucho».

Volvieron a emprender el huelo, conforme la crisis el ladrillo se fue dejando atrás, aunque aún perdura en muchos espacios físicos y mentales de quienes la sufrieron. «Estábamos recuperándonos, la gente estaba respondiendo de nuevo, cuando llegó la pandemia». No fue una situación tan grave como la de 2009, pero «también nos tiró para atrás». La diferencia fue que «de la pandemia la gente salió con muchas ganas de vivir, de comer, de pasarlo bien. Y hemos tenido años similares a los del inicio de La Trattoria hace ya tres décadas».
En este manual de supervivencia, destaca un punto por encima del resto. Jamás han perdido el vínculo con el trabajo diario. «Nosotros nunca hemos dejado de trabajar. Hemos sido un camarero más. Y cuando ha tocado, también cocina, y pedidos, y nóminas», afirma. «Y sí, hemos sido felices. Nos hemos ganado la vida, y eso es la hostia».

Ferdinando se acaba de dar cuenta de que lleva más años viviendo en Logroño que en su Nápoles natal. «Sigo siendo italiano, pero me siento muy riojano», admite. «Nos parecemos mucho: nos gusta la calle, la comida, el barullo… aunque aquí se vive más tranquilo, está todo más organizado. Nápoles es caótica». Al principio nadie confiaba mucho en ellos. «Nuestras familias, que nos ayudaron un montón para poner esto en marcha, no decían: ‘Estáis locos’. No teníamos nada. Todo dependía del apoyo de las familias. Pero creímos en esto, viajamos con mi coche a Madrid y Barcelona buscando proveedores, los más auténticos posibles». Y, hoy, treinta años después, estos cuatro amigos echan la vista atrás con plena satisfacción… y algo de vértigo, porque el tiempo pasa para todos, y cierta nostalgia resulta inevitable. «Ya pienso en ir un poco más despacio. Pero me siento feliz. Hemos hecho cosas muy bonitas, hemos conocido a mucha gente, y hemos traído a Logroño lo mejor de Italia».


