Todo el que ha vivido alguna vez las fiestas de la rivera -de verdad, desde dentro- sabe quién es Ángel Pérez. No necesita presentación: calagurritano de pura cepa, gaitero incansable en San Fermín desde hace más de cuarenta años (tantos, que él mismo ya ha perdido la cuenta) y uno de los que nunca se pierde uno de los momentos más espectaculares del chupinazo pamplonica.
Lo suyo no va de cifras. Va de pasión, de tradición… y de fiesta. Cada 6 de julio, cuando Pamplona se convierte en un hervidero de nervios y ganas; Ángel -y estos últimos años muchos de sus compañeros de la asociación en Calahorra- está ahí. No falla. Con su boina roja y la vestimenta reglamentaria, forma parte de un momento que, aunque no figura en ningún programa oficial, se ha convertido en uno de los instantes más mágicos del chupinazo: el pasillo de gaiteros desde el Ayuntamiento y las primeras notas del ‘¡Ánimo Pues!’. Es el pistoletazo sentimental que solo los que lo han vivido pueden entender del todo.
«Es una bestialidad. No hay forma de describir lo que se siente dentro. Para los que van por primera vez es algo indescriptible… pero es que yo que llevo toda la vida tampoco sabría explicártelo».
En los viejos tiempos, iban menos gaiteros. Era algo más íntimo. Ahora se han sumado músicos de toda Navarra, del País Vasco, de Francia y también de La Rioja… «A nadie se le dice que no», explica. Eso sí, la logística importa: hay que avisar a la Asociación de Gaiteros de Pamplona para coordinarse. Cada año se suman más. «Lo del año pasado fue una locura, era sábado y estábamos más de doscientos. Este año, algo menos. Cuando toca entre semana se nota… no todo el mundo puede escaparse del trabajo».
Pero los que van, lo dan todo. No hay ensayo previo ni partitura que valga. Solo hace falta corazón y memoria festiva. «A veces ni oyes al de al lado», confiesa entre risas. «Es un jaleo maravilloso. Todo va por inercia. Esas canciones te las sabes porque son las primeras que aprendes, ya sea en la charanga o en el grupo de gaiteros».
La jornada no se queda solo en música. Es un día de reencuentros. «A muchos compañeros solo los ves ese día. Luego comemos juntos, brindamos, nos reímos… Es día de hermandad, de familia».
De momento, Ángel no piensa colgar ‘los trastos’. «Cuando el cuerpo diga hasta aquí, pararé. Pero siempre he sido juerguista… y lo sigo siendo», confiesa con una sonrisa cómplice.
El verano de los gaiteros de la asociación arranca antes que el del resto. En mayo ya están en Laguardia celebrando el Día del Gaitero. Pero el verdadero estallido llega con San Fermín. Y a partir de ahí, una gira de fiestas. «Nos conocemos entre asociaciones y nos echamos una mano: yo voy, tú vienes», resume con esa sencillez a la espera de un verano que ya ha comenzado.


