El olivar es uno de los cultivos perjudicados por este año agrícola tan lluvioso en La Rioja. Un agua que ha llegado en el momento más crítico para tener una buena floración y es que el exceso de humedad, junto a temperaturas templadas, ha derivado en la proliferación de hongos. Los signos de la enfermedad fúngica repilo son visibles en las fincas de La Rioja, con el efecto de una caída de las hojas. Así que la sensación para esta cosecha 2025 apunta a una merma de producción respecto al año pasado.
Cabe recordar que la última campaña de la DOP Aceite de La Rioja dejó un montante de 3.700.000 kilos en las almazaras de la región, si bien los rendimientos grasos no fueron del todo buenos dadas las precipitaciones de los meses precios a la recolección que engordaron la oliva, mermando la cantidad de aceite producido. Pese a ello, la recuperación del olivar se ratifica por segundo año consecutivo después de varias cosechas marcadas por la acusada sequía, ya que las almazaras riojanas elaboraron 620.000 litros de Aceite de La Rioja de la campaña 2024, frente a los 563.800 litros de la anterior.
«Ha habido un problema tanto de repilo invernal como primaveral. Al final, como ha llovido tanto este invierno y esta primavera, pues eso ha incidido en que en invierno donde había parada vegetativa se produjera un ataque bastante fuerte de repilo de invernal, y después ha seguido el repilo de la primavera. Así que este año ha habido que echar más más productos contra hongos, como cobre, azufre,…», apunta manolo Catalán desde la Almazara Ecológica de La Rioja en Alfaro.
A ello hay que sumarle los problemas en la floración y es que «ha hecho mucho calor, ha llovido y, además, no ha soplado nada de aire para favorecer el transporte del polen». Catalán, tal como relata en el podcast La Voz del Agro, incide en que «hasta que no se vea el endurecimiento del hueso, que suele ser a mitad de julio, no se puede aventurar la cosecha que puede traer este 2025». Eso sí, reconoce que este «no será tan bueno como los dos últimos años en cuanto a producción, en cuanto a calidad de cuajado». Los tratamientos contra el repilo ya cesaron, pero las manchas siguen estando en los árboles: «La enfermedad está controlada, pero el daño ya está hechos».
Misma sensación tiene Javier Allo, de la Almazara Riojana de Aldeanueva: «El año pasado hubo una floración muy grande y este año igual nos quedamos con un 60 por ciento menos de flores. En general, la floración ha sido menor y no es algo habitual. Pero es que tampoco es habitual que haya llovido tanto desde el año pasado, ni que hubiera tanta floración el año pasado. Lo normal es que todo sea un poco más estable y no con tantos desequilibrios, pero al final el olivo es un cultivo vecero y si un año hay mucha cosecha, pues al año siguiente va a haber menos».
En este sentido, desde el Servicio de Producción Agraria del Gobierno de La Rioja apuntan que el hongo «ya no es un problema» gracias a estas altas temperaturas. «En su momento se cayó hoja pero la gente que trató está teniendo rebrote de hoja y parece que la situación está controlada. De hecho, ya se avisó a través del boletín fitosanitario del pasado 4 de abril indicando la situación que suponían las lluvias de primavera», explican.

Las lluvias, pese a que han acompañado durante el invierno y la primavera, no han sido bien recibidas durante el inicio del verano: «Han sido tormentas, algunas con granizo, que han llegado con trombas de agua muy fuertes y rápidas, lo cual no favorece para que la humedad penetre en la tierra y la planta la aproveche mejor. No es lo mismo que caigan 20 litros en cinco minutos que en diez horas, así que ya es mejor que no vengan lluvias». Esta zona de La Rioja Baja ha esquivado mayormente el granizo, con apenas alguna tormenta esporádica que ha caído en zonas puntuales y sin dejar daños importantes.
Allo también se refiere a esos problemas derivados del repilo. «Esa defoliación se produce a principios de primavera y, claro, si el árbol se queda sin hojas, la planta no puede producir igual. Hay muchas parcelas afectadas de manera generalizada por esta enfermedad, aunque aquellas que están más metidas en el monte no han tenido tantos problemas como las que están cerca de las vegas de los ríos, que al final tienen más humedad y, por tanto, más incidencia de hongos. Las de los montes, en cambio, están mucho más ventiladas», apunta asegurando que no recuerda un año de tanta presión fúngica como el presente porque «tampoco hemos tenido un año con tanta humedad».
En lo que respecta al cuajado, Allo también incide en que este porcentaje está por debajo de un 1 por ciento. «Al final, cuantas más flores hay, más cantidad de cuajado también. Pero este año el volumen de flores ha sido menor. Además, todavía es pronto para hacer una valoración del cuajado, que se ha producido recientemente, ya que el árbol durante el verano sigue haciendo expulsiones. Así que hasta septiembre es complicado hacer un balance más o menos realista sobre la cosecha que pueda haber este año».
Con la atención fijada en los mercados, el escenario también apunta a la incertidumbre. Los productores confían en que los precios suban de cara a esta cosecha porque «ha habido un aforo a nivel nacional superior al porcentaje de cuajado que estiman ahora los técnicos». «Aquí en La Rioja llevamos unos 20 días de diferencia respecto a las principales zonas productoras de España, como es Andalucía, y aún así la estimación que hicieron inicial fue superior a lo que ahora se están encontrando en campo». Aún así, Allo reconoce que la bajada que se ha experimentado en el valor del aceite de oliva virgen extra en los índices generales no es tan acusada como en los aceites de calidad, que «mantienen más o menos, con una ligera bajada».


